El Estado laico, cara a cara con Benedicto

La pugna por el estado laico se terminó con boletos VIP para la recepción de Benedicto XVI en el Aeropuerto.

Ayer los panistas no fueron los únicos católicos. El PRI, el PRD y Nueva Alianza estuvieron presentes celebrando, paradójicamente, el discurso del Presidente Felipe Calderón sobre la laicidad del gobierno.

Miguel Ángel Chico celebró el discurso del presidente Felipe Calderón y aceptó que es difícil reconocer la diferencia entre el Jefe de la Iglesia y el Estado Vaticano.

Ricardo Sheffield explicó que la división entre iglesia-estado la marca cada quien como lo decida.

El diputado del Panal, Héctor Astudillo se pronunció por un México de libertades. Y uno de los regidores más críticos a la libertad de culto, Salvador Ramírez Argote, estuvo presente.

Sin colores, todos estuvieron ahí.

“El mismo Presidente de la República en su mensaje habló de que México es un estado laico, la verdad es que a veces es difícil diferenciar el líder de millones de católicos con el jefe de Estado del Vaticano, pero bueno, los mexicanos hemos convivido con ese tema durante muchos años”, dijo el legislador Miguel Ángel Chico.

En punto de las 16:15 de la tarde, el Pastor I de Alitalia arribó al Aeropuerto Internacional de Guanajuato. Una ceremonia solemne fue el marco de dos mensajes que caminaron la delgada línea entre la relación Iglesia-Estado.

Calderón explicó al Papa que llegó a un país plural, democrático, laico y con libertad de culto.

“Visita, usted, un país donde avanzamos hacia la consolidación de nuestra democracia, con pleno respeto a la libertad, a la libertad de culto, a la pluralidad política, a la pluralidad religiosa, a la pluralidad ideológica, que es posible en un Estado laico, como el que somos”, expresó Calderón.

Mientras que el Sumo Pontífice se pronunció a favor de la libertad religiosa.

“Esta dignidad se expresa de manera eminente en el derecho fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena integridad”, dijo el Papa.

Juan Manuel Oliva, gobernador del estado, después de estar presente en el recibimiento oficial y darle la mano al Papa como integrante de la comitiva del Presidente respaldó su idea.

“Creo que no hay que tener miedo a la libertad religiosa, hoy vivimos en el tiempo de la tolerancia, y no puede ser que en este país no se admita la libertad a toda su plenitud”, expresó Oliva.

La tribuna central recibió a las figuras públicas del estado y el municipio. Todos ataviados con sus mejores galas, sin presumir ningún color ni ideología, se mezclaron entre los 4 mil 500 asistentes.

Todos creyentes, todos ovacionando al Jerarca Católico.

Un mismo lugar reunió al diputado Miguel Ángel Chico, a la aspirante a la alcaldía de León Bárbara Botello y al regidor Salvador Ramírez Argote. Apenas la semana pasada, el integrante del Ayuntamiento de León protestó la aprobación en comisiones del Senado de la reforma constitucional que permite el culto público.

El Papa regaló su primera sonrisa al salir de la aeronave. Con un gesto delicado saludó a la concurrencia, que inmediatamente respondió con porras y agitando las banderas de papel que dieron en la entrada.

La caminata de Benedicto XVI con la pareja presidencial mexicana inició con tensión. Cada paso se dudaba, se cuestionaba con la mirada quién debía pasar primero, al llegar a las sillas volvió la calma.

La primera dama Margarita Zavala en ningún momento escondió su emoción, no dejaba de mirar al Sumo Pontífice, le sonreía y dudaba para hacerle algún comentario. Sólo lo logró en dos ocasiones.

Tal vez los diputados, aspirantes a alcaldías, regidores y funcionarios de gobierno, querían tener el lugar de Margarita Zavala. Al no conseguirlo sólo les quedó verlo desde las tribunas.

“Me parece muy importante el mensaje del Presidente de subrayar que el pueblo mexicano es libre en sus creencias en su derecho político y que finalmente es un mensaje de aliento para fortalecer no solamente la imagen sino la función de las instituciones mexicanas.

“Tenemos que seguir subrayando lo que es del estado, fortalecer los servicios para los mexicanos, lo que más le interesa al pueblo de México de acuerdo a los retos que estamos enfrentando”, dijo el diputado de Nueva Alianza, Héctor Astudillo.

El alcalde Ricardo Sheffield fue de los que llegó más temprano. Entró y salió del recinto en dos ocasiones acompañado de sus escoltas.

Para el edil, la ceremonia confirma que el Papa viene a México y al Bajío por decisión propia. Su presencia no vulnera en ningún momento el estado laico mexicano.

“El presidente de México es muy católico y lo manifestó en su mensaje, lo recibe como presidente de los mexicanos y como tal recibe al jefe del estado Vaticano pero como Felipe Calderón Hinojosa recibe al Papa”, dijo.

El recibimiento fue emotivo, en el Aeropuerto sonó el mariachi, bailó el Ballet Folklórico de la Universidad de Guanajuato, los jóvenes corearon porras inventadas en el momento. “¡Benedicto, hermano, ya eres mexicano. Benedicto XVI tú ya eres leonés!”.

Al concluir la ceremonia, el Papa descansó por unos minutos en un recinto privado en el Aeropuerto y regresó aún con más ánimo para subirse al Papamóvil junto con el Arzobispo de León, José Guadalupe Martín Rábago.

Como llegó, el Jerarca Católico salió de la ceremonia. Fuertemente escoltado, sonriente, acompañado de las autoridades mexicanas, en medio de música y vítores improvisados que a final de cuentas, todos, recuerdan a su antecesor Juan Pablo II.

Ni el calor ni la espera pudieron contra la emoción de ver al Sumo Pontífice por primera vez en México y en Guanajuato.

Ratzinger recibido como Jefe de Estado por el presidente de México, Felipe Calderón.

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