El enlace vaticano

Un equipo de cinco personas apoyó al Papa en su mediación entre EEUU y Cuba

Tres exnuncios, un obispo como cartero y un escritor. Son las cinco personas más cercanas al papa Francisco que han colaborado en el deshielo en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Todos ellos sin contar que tres Papas anteriores mantuvieron siempre abiertas, desde la crisis de 1962, las puertas de la negociación.

Se trata de Pietro Parolin, actual Secretario de Estado del Vaticano; del monseñor Angelo Becciu, sustituto de la secretaría de Estado, número tres de la jerarquía vaticana y exnuncio en Cuba; y el actual ministro del Papa para el clero, Beniamino Stella, también exnuncio en La Habana.

A estos se añaden el escritor Eusebio Leal y el obispo de la capital cubana, Jaime Lucas Ortega, quien llevó varias cartas del pontífice a Barack Obama y Raúl Castro, con quienes previamente habló por teléfono. El escritor se encontraba en Roma el pasado enero, entrevistándose con monseñor Parolin, en las mismas fechas en las que por la capital italiana pasaba el secretario estadounidense, John Kerry, católico como todos los demás.

Cuando en octubre la atención se concentraba en si el sínodo habría o no aceptado en la iglesia a los divorciados católicos, sendas delegaciones de Cuba y EEUU entraban en el Vaticano por la puerta trasera para negociar el acuerdo final, allanado gracias a 18 meses de trabajo realizado en Canadá.

Hay otros mediadores entre bambalinas, como los obispos estadounidenses, pero el final feliz llevaba fraguándose desde hace 53 años, cuando el dictador Fulgencio Batista encontró hospitalidad en la España franquista tras el golpe de Castro. El más reciente intento de poner fin al embargo, que en 1998 Juan Pablo II calificó como «injusto y éticamente inaceptable», tomó cuerpo en el 2010, cuando Miguel Ángel Moratinos viajó a Cuba tras la retirada de Fidel Castro y los buenos oficios del Vaticano sacaron de la isla a 53 disidentes detenidos.

Menos misiles

«No se escapa nunca; nunca hay que interrumpir las relaciones diplomáticas», había dicho, un tanto enfadado, el papa Juan XXIII a su secretario, monseñor Loris Capovilla, cuando monjas y curas huían de Cuba ante la victoria castrista. Tres años más tarde aquel Papa, exnuncio en Turquía, medió entre EEUU y la entonces URSS durante la crisis de los misiles atómicos que Moscú había instalado en Cuba, a 90 millas de EEUU y que provocaron el embargo. Juan XXIII envió a su secretario de Estado, Agostino Casaroli, a decirle a John Kennedy que el presidente soviético, Nikita Kruchov, no podía bajarse los pantalones ante el comité central del PCUS sin recibir nada a cambio, como podía ser una disminución de los misiles estadounidenses que desde Turquía apuntaban a Moscú. Así sucedió y se dijo que se evitó «la tercera guerra mundial».

Fidel Castro estudió con los jesuitas y jesuita es el Papa actual. En la isla cientos de salesianos educan a los jóvenes y salesiano es también el exsecretario de Estado, Tarsicio Bertone, que en el 2012 organizó la visita de Benedicto XVI a La Habana. El Papa dijo entonces, en referencia al embargo, que había que «eliminar los puntos de vista unilaterales». Curiosamente, monseñor Bertone se encuentra esta semana en Cuba.

Curiosamente también, en un breve pero detallado comunicado, el Vaticano, generalmente discreto, se ha atribuido el protagonismo de la mediación, lo que se presta a un alud de interpretaciones. Mientras, la diplomacia papal ha recibido otro encargo de John Kerry, que en palabras del Vaticano consiste en «una favorable atención de la Santa Sede para buscar soluciones humanitarias adecuadas para los actuales detenidos de Guantánamo». El Estado Pontificio tiene solo 44 hectáreas, por lo que el Papa deberá escribir otras cartas.

obispos y Fidel Castro 2004

En La Habana 8 Fidel Castro recibe al cardenal Jaime Ortega, en un homenaje a Juan Pablo II en el 2004.

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