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El burka de la discordia

Sobreviviendo a la resaca mediática que ha generado el pañuelo de Najwa en estas últimas semanas, nos enfrentamos ahora al debate público generado por la postura de algunos partidos políticos en torno a la prohibición del burka en el espacio público.

Curiosamente, vuelven a producirse debates televisivos en el que mujeres musulmanas, somos invitadas para postularnos públicamente en torno al uso de una prenda que nada tiene que ver con el Islam.

Vuelvo a repetir la idea por si no ha quedado clara: el uso del burka es totalmente ajeno al Islam.

No existe ningún precepto religioso que indique que su utilización responda a la idiosincrasia islámica. Es más, en ningún pasaje de los Textos Sagrados se menciona la palabra Burka.

Entonces ¿por qué invitarnos? ¿qué tenemos que opinar si esto no tiene nada que ver con el Islam? Agradezco los esfuerzos por hacernos ciudadanas partícipes en el devenir diario de la sociedad española, y sueño con que algún día, también podamos participar en debates relacionados a las corridas de toros, a la degradación medioambiental, a la crisis económica, etc. Pero invitarnos para hablar del tema por considerarlo una parte más del Islam, me resulta un tremendo desacierto.

Por mucho que me esfuerzo en buscar por calles y mezquitas, todavía no he sido capaz de divisar a una sola mujer ataviada con este traje. Creo que las únicas imágenes que mi retina ha sido capaz de observar, son las relacionadas a los reportajes y noticias en torno a Afganistan. Entonces ¿por qué tanto revuelo si su presencia en el Estado español, en caso de existir, es tan diminuta que no se aprecia?

De pronto, me viene a la cabeza que tal vez, por un error inconsciente, se dice burka cuando realmente se están refiriendo al niqaab, esa otra prenda que deja al descubierto los ojos de la mujer y que al igual que en el caso del burka, son parte de la tradición milenaria de algunas sociedades y por lo tanto, totalmente ajenas al Islam.

Si busco a mi alrededor, en esta ocasión, sí puedo afirmar que he encontrado a mujeres utilizando el niqaab en el espacio público. Coincide además, que son musulmanas, por lo que pienso, qne tal vez esa sea la explicación de ligar al Islam con el uso del niqaab.

Aunque la presencia de mujeres con esta prenda en el Estado español es meramente anecdótica, es un hecho constatado que ya forma parte de nuestra realidad y que como medida preventiva, algunos partidos se estén planteando limitar su uso en determinados espacios.

Si se me pregunta qué opinión me suscita su prohibición, solo podré decir que no tengo los conocimientos legales como para realizar aportaciones en este sentido, aunque si se me consulta sobre su uso en sí y su causa-efecto, no podré evitar manifestar mi rechazo hacia una prenda que rompe por completo los esquemas democráticos vigentes en el Estado español y que como he señalado en párrafos precedentes, el niqaab no responde ni a un precepto religioso ni representa en absoluto al conjunto de mujeres musulmanas a nivel mundial.

Creo que ante todo, es preciso ir más allá de la mera prenda. Cada grupo social que se identifica físicamente con un atuendo, sigue una línea de pensamiento y forma de vida determinada. El uso del niqaab se acompaña de una limitación en la ocupación en el espacio público y de alguna u otra manera, se vuelven a repetir los mismos esquemas ilustrados relacionados a la “sujeción” de las mujeres como garante de obtener seres abnegados y voluntariosos cuya mera existencia se circunscribe al hecho de ser esposa y madre.

Realmente no me preocupa que existan mujeres con niqaab, lo realmente alarmante, es que se empiecen a escuchar discursos por parte de determinados grupos y líderes que coartan la libertad de la mujer, que aludan a la “obligatoriedad de la permanencia en el hogar” y a no salir a la calle salvo "lo estrictamente necesario", como si esto formara parte del mandato divino. De igual forma, se recurre a la segregación visceral de espacios como única solución en las relaciones sociales mixtas y por lo tanto, quienes en primera instancia ven reducidos los nexos comunitarios y comunicativos con el exterior son las propias mujeres.

Las mujeres con niqaab en esta sociedad quedan, por lo tanto, excluidas del circuito de ciudadana de pleno derecho, ajenas a una participación activa en el devenir de la sociedad, limitadas a un espacio doméstico hostil y cuya forma de vida, restrinje el disfrute del derecho fundamental a tener una fuente de ingresos propia así como al derecho a la participación politica.

La premisa de cualquier sociedad inclusiva, debe garantizar el ejercicio de una ciudadanía plena, sin que ningún pensamiento totalitarista imponga una ética que marginaliza a la mujer y la incapacita para ejercer la libertad que el Islam y el sistema democratico español reconoce. La educación, en su sentido más amplio, es la única herramienta eficaz capaz de garantizar la liberación, la emancipación y empoderamiento de las mujeres.

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