El botín electoral de los votos cristianos en Colombia

Colombia, en plena transición histórica tras finalizar más de medio siglo de conflicto armado con las FARC se enfrenta a una elección presidencial determinante preguntándose a sí misma qué es la familia. La economía, el posconflicto y la crisis de Venezuela formarán parte de la campaña electoral, pero también se debatirá si dos personas del mismo sexo tienen derecho a casarse y a adoptar. Si la ideología de género convierte a homosexuales y mujeres en ciudadanos de primera frente al resto de colombianos. O si el cristianismo debe de ser el resguardo de los valores de un país que en su Constitución se define como laico.

“Este sigue siendo un país de ideas conservadoras, con una mayoría católica”, dice Carlos Arias, docente en la maestría de Comunicación Política de la Universidad Externado de Colombia. Un estudio realizado por la firma de marketing político Estrategia y Poder señala que el 64,5% de electores en el país está en desacuerdo con la adopción de parejas del mismo sexo, el 57,3% se opone al matrimonio gay y el 57% rechaza el aborto.

Estas cifras no se quedan en el papel. Las comunidades cristianas, ya sean las católicas (el 70% del país, según datos del Vaticano) o evangélicas (la confesión que más crece en Colombia), han demostrado su poder en la calle y en las urnas. Más de dos millones de personas firmaron una propuesta de la cristiana Viviana Morales (candidata presidencial) para llevar a un referendo la adopción para las parejas gay.

El no en el plebiscito por la paz se impuso gracias, en gran medida, a la campaña que hicieron las iglesias. Algo más de 12 millones de colombianos acudieron a las urnas el 3 de octubre de 2016 para decidir si cuatro años de negociaciones con la guerrilla más grande y antigua de América Latina debían o no seguir adelante. Más de seis millones mostraron su disconformidad con lo pactado.

“No tengo cifras oficiales, pero si salieron a votar cuatro millones de evangélicos, posiblemente la mitad de ellos rechazara los acuerdos”, decía en aquel momento Edgar Castaño, presidente de la Confederación Evangélica de Colombia a EL PAÍS. “El 99% de nuestros fieles dijo ‘no”, aseguraba el pastor Héctor Pardo, asesor del Consejo Evangélico de Colombia. Los evangélicos cuentan con 145 emisoras en todo el país, 15.000 centros religiosos, 15 congresistas y cuatro concejales en Bogotá, según el Consejo Evangélico.

En Colombia persiste una visión muy conservadora de la familia. Solo el 38,8% de las colombianas está de acuerdo con flexibilizar los roles tradicionales, la mayoría considera que se debe mantener el esquema de hombre proveedor y mujer ama de casa, según el Observatorio de Democracia de la Universidad de los Andes. La candidata Morales promueve ese concepto de familia desde la política.

La bancada conservadora

Todo el espectro conservador se disputa desde hace semanas el beneplácito de los líderes religiosos, los que en sus liturgias convencen al que en última instancia depositará la papeleta en la urna.

La coalición que pretende liderar el expresidente Álvaro Uribe a través de su partido Centro Democrático, en alianza con el también exmandatario y conservador Andrés Pastrana, recoge todos estos valores en la figura independiente de Alejandro Ordóñez. “La restauración de la patria pasa por la restauración de la familia. Políticas públicas en todas sus dimensiones: económicas, laborales, fiscales, de seguridad, en perspectiva de familia”, repite el que fuera procurador general. Esto se traduce en limitar el derecho al aborto imponiendo la objeción de conciencia incluso en casos de violación. Prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo y su derecho a la adopción. Deshacer lo que por ley ya está escrito.

La firmeza de Ordóñez se contrapone a la aparente neutralidad de Iván Duque, candidato del Centro Democrático. Uribe no ha dudado en defender un único modelo de familia y hacer campaña al lado de importantes líderes evangélicos como Miguel Arrazóla, clave en el voto del Caribe. Su candidato prefiere, por el momento, centrar la conversación en el futuro económico de Colombia y la implementación del proceso de paz.

El bloque progresista

Al otro lado del espectro político, candidatos de izquierda, progresistas, liberales o autodenominados de centro se aferran a la convicción de que el discurso discriminatorio tiene un alcance electoral limitado, como lo describe José Fernando Flórez, asesor político y columnista del diario El Tiempo.

“Estoy convencido de que todos los ciudadanos deben tener los mismos derechos. Apoyaría cualquier iniciativa en el sentido de aprobar el matrimonio de parejas del mismo sexo en el país”, asegura Humberto de la Calle, candidato del Partido Liberal. Padre de la Constitución de 1991, vicepresidente a principios de los noventa y jefe de la delegación del Gobierno que negoció con las FARC defiende el respeto a las minorías en la misma línea que sus más que probables socios de candidatura.

La coalición que lidera Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín, otro de los candidatos que puja en los primeros puestos de las encuestas, cuenta con una figura visible de la defensa de los derechos de la comunidad LGTBI, Claudia López, representante del partido de los Verdes y la primera candidata lesbiana a la presidencia. Cuentan con el apoyo de Jorge Robledo, líder de la izquierda colombiana. A la espera de unir a esta propuesta a otros dos representantes de esta ideología, el exalcalde de Bogotá, Gustavo Petro, favorito en muchas encuestas, y la exministra de Trabajo, Clara López, cuya denominada “lista de la decencia” incluye a la primera candidata transexual al Congreso de Colombia.

La Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, el partido de las FARC, no ha presentado una propuesta concreta más allá de las manifestaciones constantes de sus líderes defendiendo la igualdad de derechos. Sobre la exguerrilla pesa el fantasma de los miles de abortos forzados a los que sometieron a las excombatientes durante los años de conflicto como política interna de guerra.

El principal favorito en las encuestas

En el centro del tablero electoral, el que fuera vicepresidente del actual presidente Juan Manuel Santos, Germán Vargas Lleras mantiene su etiqueta de liberal calificando la izquierda y la derecha como una dicotomía del pasado. Su programa, sustentado en sus años de construcción o planificación de grandes infraestructuras y viviendas gratuitas por el país, tiene un hueco para la familia, “la mejor apuesta de nuestra nación”, dice.

Vargas Lleras compite con Gustavo Petro por los primeros puestos en las encuestas que ya empiezan a aparecer en la prensa colombiana. Consciente de su privilegiada posición en la carrera electoral, ha anunciado que creará el Ministerio de la Familia para aumentar la seguridad alimentaria, promover la lactancia materna, la reducción de los embarazos adolescentes o la erradicación del trabajo infantil. Una institución con competencias sanitarias y educativas, donde no se mencionan, por el momento, los temas claves de este debate: el matrimonio homosexual, el aborto o la adopción igualitaria.

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