El alcalde (PP) de Tamajón (Guadalajara) dio la bienvenida a las rondas del VI Certamen de Villancicos, a las que el Ayuntamiento ofreció una abundante merienda

El Umbral del Ocejón que es Tamajón recibió ayer, con más olor y temperatura de primavera que de invierno, el VI Certamen de Villancicos que organiza la villa agallonera. El Centro Cultural se llenó con el calor de los villancicos desprendía la alegría de hasta cuatro rondas. El pueblo de Tamajón las recibió a todas con la misma ilusión por celebrar la Navidad y al año nuevo de siempre. El alcalde de la villa agallonera, Eugenio Esteban, dio la bienvenida a las más de doscientas personas que llenaron el salón de actos, les deseó unas felices fiestas y próspero año nuevo, y leyó un cuento, escrito por él mismo, que cuenta la fábula de un tomillo, desarraigado de su sierra natural, y trasplantado en un invernadero, donde nunca volvió a ser el mismo.

Desde Cantalojas llegaban los Cencerrones, que no han faltado un solo año de estos seis a su cita con Tamajón. No en vano, uno de sus integrantes, Antonio Garrido, es cofrade de honor de la Hermandad de la Virgen de los Enebrales desde 2017. Subieron al escenario de Tamajón haciendo sonar sus cencerros, y una vez arriba, dieron una vuelta sobre las tablas, como hacían los pastores de la localidad serrana para adorar al niño. “En Cantalojas, los pastores, el día de Navidad, pedían permiso a las autoridades para entrar en la nave central de la Iglesia, hasta el presbiterio, haciendo sonar sus cencerros, como hacemos nosotros hoy, y daban una vuelta al nacimiento, en señal de respeto. Además, ese día, era tradición engalanar a dos carneros mansos, con flores y otros atuendos, y que permanecieran en la Misa atados”, contaba ayer Garrido.

Cuando terminó el certamen, las rondas compartieron por cortesía del Ayuntamiento de Tamajón, una merienda abundante, y sobre todo, hermanamiento y cánticos.

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