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El aborto sin extremos

EL ABORTO, SIN EXTREMISMOS

 
MANIPULACIÓN ODIOSA DE UN GRAVE PROBLEMA PERSONAL

             -"Mi madre agoniza en la fase terminal de una enfermedad incurable, que sólo prolonga su dolor y el nuestro. ¿Debo desconectar ya esos artifi­cios, como permite la moral católica?". Ante esa trágica elección sería criminal intentar manipular, por provecho económico o ideológico, la decisión del hijo. Pero algo parecido ocurre hoy con el aborto, enfrentán­donos además unos ciudadanos a otros.

 NO SE VA A ACABAR EL MUNDO: CONTRA EL MIEDO QUE NOS VUELVE IRRACIONALES.

              Recordemos la historia, para no tener que repetirla: los hombres se pelearon y mataron por la maternidad (divina), por el tipo de naturaleza y vida (de Jesús) o por las formas de gobierno (monarquía-república). Si hoy juzgamos extremistas, insanas, esas luchas, es porque sabemos que esas ideas eran tapaderas de intereses económicos y políticos, que consiguieron engañar a muchos. ¿No estaremos cayendo en lo mismo unos y otros, con el ciego orgullo de defender a muerte como "propias" las ideas en que nos han educado por haber nacido en esa familia y calle, y no en la acera de enfrente, persuadiéndonos de que las ideas "nuestras" son las únicas dignas del hombre, y que los demás son inmorales o estúpidos? ¿No habrán de reírse… y de avergonzarse nuestros hijos, por haber tenido, como ya nosotros, antepasados tan fanáticos, manipulables, asustadizos? El pánico inducido por grupos interesados contra los "malos" de turno que "amenazan destruir la civilización" puede cegarnos de nuevo, y "¡qué malos somos cuando tenemos miedo!" (A. France).

 RESPETO DEMOCRÁTICO A LOS ADVERSARIOS.

              "La democracia es incómoda, porque nos obliga a considerar respeta­bles, e incluso inteligentes, a quienes no están de acuerdo con nosotros". (E. Biagi). No es demócrata el abortista que piensa que los demás son todos tontos o asociales, ni el antiabortista que declara "asesinos" sin más "a quienes no experimentan subjetivamente el aborto como eliminación de una vida auténticamente humana" (P. Gafo, jesuita). Hay que rechazar a los "terroristas verbales" y las campañas miopes de uno y otro signo, desorbi­tadas y agresivas, que ponen de manifiesto nuestra falta de respeto a los demás, nuestra pretensión de imponernos… y nuestra propia inseguridad (Forcano). Toda doctrina que dispense de pensar, razonar y responsabilizar­se en cada caso, que impulse a sentirse superior a los demás y a despre­ciarlos, es inmoral y farisaica. Con otras palabras: un caníbal puede ser honrado, y un pretendido demócrata ser un sinvergüenza. No se es moral porlas ideas que se tienen, sino por las razones personales para adherirse a ellas, y por la coherencia al actuar.

 FALSEDAD E INMORALIDAD DE LOS ABSOLUTISMOS.

             Cualquier extremismo, por su carácter absolutista, es falso en el terreno científico, y reprobable en el moral. Así, en la controversia sobre Darwin, es verdad que se equivocaron  por una parte los tradicionalistas a ultranza que creían que no se podía ser evolucionista y católico, y que si se reconocía el parentesco del hombre con el mono no se respetaría ni la vida ni los demás valores humanos (como hoy creen que no se puede ser abortista y católico, y que no se respetará la vida de nadie si se acepta el aborto). Pero, por otra parte, no fueron más científicos, (ni modestos o caritativos) aquellos adversarios suyos, también extremistas, que estaban dispuestos a "morir por Darwin", que quisieron imponerlo y creyeron que obligaba a renunciar a toda concepción religiosa, etc.

                                    LOS EXTREMISMOS ANTIABORTISTAS

 EL ABORTO NO ES UN PROBLEMA RELIGIOSO.

             Las grandes religiones, incluidas las Iglesias cristianas, excepto la católica, permiten ciertos tipos de aborto: dentro del catolicismo, la mayoría de los fieles, y un número creciente de sacerdotes, teólogos, etc. se oponen a la prohibición absoluta que ahora sostiene la jerarquía. Sólo este hecho ya manifiesta que no se trata de una cuestión fundamen­talmente religiosa, sino de una interpretación de un punto de la religiosi­dad, interpretación por lo demás muy rigorista y poco convincente. En efecto:

            1.- Es una doctrina nueva, impuesta por Pío IX en 1869; antes se admitía el aborto hasta los 40-80 días; y, ¿cómo condenar tan severamente lo que se aceptaba hasta ayer? 2.- No es doctrina de fe, ni dogma infali­ble, pudiendo ser cambiada de nuevo. 3.- De hecho, muchos y notables teólogos están en desacuerdo sobre cuando viene el alma al cuerpo. 4.- El cigoto puede subdividirse en mellizos a los 7-14 días de la fecundación, y como el alma no puede dividirse, no puede existir hasta al menos una o dos semana tras la concepción. 5.- También sabemos hoy que la mitad de los embriones abortan a pocos días de nacer, y repugna que Dios cree la mitad de las almas para que no lleven una vida humana (P. Gafo). 6.- Si el abortar fuera realmente un asesinato, el magisterio católico  tendría una enorme responsabilidad: a) Por haber permitido, en diecinueve de los veinte siglos de su existencia, el que sus fieles practicaran ciertas modalidades de ese "crimen" de abortar. b) Al oponerse hoy a los anticonceptivos eficaces por no ser "naturales", excusa superficial ante un posible asesinato, ya que ningún anticonceptivo es natural, y menos la continencia periódica del  natural instinto sexual (Ogino), que por sus fallos lleva a muchos a abortar. 7.- Su misma actuación muestra que ni el magisterio católico cree de verdad en esa animación inmediata: a) las penas por aborto son menores en el derecho canónico que las de homicidio. b) se prohibió bautizar -y enterrar en sagrado- a los fetos sin forma humana. c) si ya hubiera una persona en el momento de la fecundación, y puesto que la mitad de los embriones abortarán, habría que bautizar, como dice algún teólogo, a todo flujo menstrual; e incluso, con una jeringa, como los ginecólogos católicos antes de operar, habría que bautizar condicionalmente al posible engendrado después de cada coito (¡!).

 EL ABORTO NO ES UN HOMICIDIO.

              Quienes sostienen esto afirman que la vida humana comienza y es ya plenamente personal en la concepción, donde que se origina el individuo, con sus características genéticas exclusivas. Pero en realidad ese momento no es tan único ni decisivo: l.- La vida no se origina ahora, sino que continúa desde hace dos mil millones de años (un millón para la especie humana). 2.- El "cloning" permite la reproducción sin variaciones cromosó­micas a partir de una célula que ni siquiera es sexual. 3.- La partenogéne­sis realiza la reproducción sin fusión de óvulo y espermatozoide y sin crear un ser con características cromosómicas propias, distintas. 4.- La reproducción estrictamente tal la hacen en su respectivo cuerpo el hombre y la mujer, por división de su célula sexual, originando el esperma y óvulo que se unirán quizá días después del coito, si sobreviene la ovulación. 5.- Incluso al unirse el óvulo y el espermatozoide, el cigote resultante puede subdividirse en mellizos 7-14 días después. 6.- Hasta esos 7-14 días en que se implanta (anida), no empieza el embarazo.

            Todo esto ha llevado a no pocos biólogos, incluso católicos, a señalar como principio de la vida humana completa y personal no la fecunda­ción, sino la anidación (7-14 días).Otros biólogos creen que no puede haber personalidad sin base material, corteza cerebral, sistema nervioso central, etc. (2 a 3 meses). Antes de ese tiempo, el encefalograma es plano (que es criterio de muerte). Y muchas escuelas filosóficas piensan también que sin forma humana no se puede hablar de personalidad. Una larga tradición, incluso legal, pone el principio de la vida cuando se perciben los movimientos del feto (4 a 5 meses). No pocos colocan ese principio de la vida personal en la viabilidad o capacidad de vida independiente (hoy, con ayudas, 7 o incluso 5 meses). Por último, el criterio más común pone el inicio de la personali­dad en el parto y separación de la madre, como reflejan tantas leyes e  incluso el lenguaje (no es "madre" sino la que pare), ritos sociales (aniversarios), etc. Lejos pues de haber unanimidad sobre el momento en que comienza la vida de la persona humana, hay al menos  media docena de criterios biológi­cos diferentes, sostenidos por grupos y argumentos de indudable valor. El problema, por tanto,  es complejo, y en modo alguno pueden escudarse los partidarios de uno u otro signo en la ciencia para imponer absolutamente su criterio.

 LOS INTERESES POLÍTICOS Y ECONÓMICOS DEL ANTIABORTISMO.

              La historia muestra restricciones al aborto bien aceptadas, por ser entonces razonables, cuando había que compensar la disminución de la población tras guerras, epidemias o hambrunas. Pero también se ha reprimido el aborto en épocas de superpoblación, como la nuestra, por gobernantes que querían aumentar esas crisis para que se aceptara su programa de "salvación" con el expansionismo, guerras por "espacio vital", etc. Lejos pues de ser extraño el que se declaren defensores de la vida (intrauterina) y prohíban el aborto unos crueles carniceros como Napoleón o Hitler, hay una trágica coherencia: necesitan más natalidad para poder después derrochar esas vidas en el "feticidio diferido" de la guerra y la explotación laboral.

            Tanto esos políticos natalistas como los capitalistas más retrógra­dos, que desean mano de obra barata, han perdido la batalla contra los anticonceptivos; por eso han montado ahora a nivel internacional esas desorbitadas campañas antiabortistas, para que no se les escape también esta arma de dominio, la represión del aborto que defiende su (nivel de) vida de explotadores de los demás.

 EL ANTIABORTISMO POR REPRESIÓN SEXUAL.

              En el sistema patriarcal, el machista procuraba que su mujer, como su gallina, pusiera el mayor número de hijos, en provecho suyo, ya que los hijos trabajaban desde pequeños. El hacerla parir mucho era también un método eficaz para mantenerla ocupada, embarazada, ignorante, débil, dependiente. Se negaba a la mujer toda sexualidad no reproductiva, como impropia de ella, y por eso se le prohibía también el aborto.

            Los sistemas represivos posteriores aprendieron estos mecanismos de dominio y explotación. Se exaltó la fecundidad de los prole-tarios, que daban siervos al amo o patrono. Un padre de muchos hijos está atado, no huye, trabaja duro, no hace huelgas. Así se declaró también reservada a la procreación la sexualidad del varón: todo lo que no fuera coitar no era decente, hacía dudar de su "hombría". La realidad era que si se reconocía el derecho al placer esto cuestionaría revolucionariamente toda la estructura laboral, económica y cultural, porque el placer pide, para realizarse, un nivel de vida, libertad y ocio dañinos para los intereses explotadores (W. Reich). De ahí la prohibición de los anticonceptivos y, sobre todo, por romper del todo la relación entre sexualidad y reproducción, la prohibición del aborto, que constituye por tanto un elemento imprescindible en la lucha contra la represión social y sexual.

                                    LOS EXTREMISMOS ABORTISTAS

 
EL ABORTO NO ES UN PROBLEMA DE ANTIRRELIGIOSIDAD.

              Algunos abortistas extremistas, irreligiosos pero poco seguros de su "conversión" al ateísmo, echan la culpa de todo el problema a la religión, sin comprender que hay también otros intereses en juego, y que sólo parte de los católicos, con su jerarquía, rechaza absolutamente el aborto. Sin duda, y precisamente por no ser éste, como vimos, un problema religioso, esa intransigencia respalda objetivamente unos claros mecanismos de opresión, y hay que luchar, pues, para que no predomine ahí la espiritualidad centrada en el "más allá". Esa mentalidad, recordando cómo se llenaban las iglesias en tiempos de guerras, hambrunas y miseria, cree que es bueno todo lo que contribuya a convertir el mundo en un valle de lágrimas, y fomenta la superpoblación, la represión del aborto, etc.

 DEBILIDAD DE UNA IZQUIERDA INDIVIDUALISTA.

              La izquierda nació como contracultura de la burguesía, y en su oposición, como el cristianismo, se hace a veces fanáticamente partidaria del "más allá" revolucionario, buscando en la superpoblación, y caos consiguiente, la salvación, la revolución (contra todo análisis objetivo y toda experiencia histórica). Marx, por su parte, confundió el malthusianis­mo con los problemas poblacionales reales, y legó ese daltonismo a una izquierda que desconoce el valor social del factor poblacional. De ahí la paradoja de que mientras la derecha se opone al aborto con argumentos colectivos (hoy infundados) de necesidad de más población, la izquierda ignore con frecuencia el valor de los argumentos demográficos en favor del aborto, y lo defienda sólo en nombre de unos derechos personales abstrac­tos, individualistas y liberales, y por tanto incompletos, débiles y, en cuanto exclusivos, falsos.

 
REPRESIÓN SEXUAL SINIESTRA (IZQUIERDISTA).

              Es muy difícil ser un revolucionario coherente, total. Marx, Engels y Lenin quisieron ser revolucionarios en economía y política, pero conservadores en lo familiar y sexual (como hoy, oficialmente al menos, muchos izquierdistas). El resultado fue el fracaso de la revolución sexual (y otras) en Rusia, donde se reimplantó el puritanismo, stajanovismo, etc. El aborto se permitió conforme a criterios de poder, sin consultar siquiera a las "madres heroicas", condecoradas por Stalin como por Hitler o Franco. Con las mujeres, los izquierdistas son con frecuencia todavía más machistas y les dan menos poder que los de derechas; y es lógico, pues éstos tienen bien domadas a "sus" mujeres, pero los izquierdistas temen, desde su mala conciencia de opresores sexuales, que ellas aprovechen ese poder para protestar por su marginación. Y por eso sacrifican al oportunismo político la solución real del problema de los anticonceptivos y el aborto.

 EL FEMINISMO ANTE EL ABORTO.

              La emancipación de la mujer es uno de los más importantes y esperanzadores movi­mientos de nuestra época. Por eso su progreso real es lento, y con frecuen­tes retrocesos. La crisis de participación política y la crisis económica, que afecta más a las mujeres, ha favorecido los extremismos, que agravan aún más el problema. Unos corpúsculos de mujeres, imbuídas de prejuicios elitistas burgueses e incluso feudales, han adoptado un sistema machista a la inversa que desprecia también a la "masa irracional" de mujeres, procurando manipularla contra los varones, y no contra el patriarcado, al que en realidad admiran, hasta el punto de querer suplantarlo, instaurando su propia tiranía, no menos fascista y racista que el machismo. Cuando no "pasan" olímpicamente del problema del aborto, considerándolo como "justo castigo" por fraternizar con el enemigo, el varón (en su lesbianismo obsesivo, reacción explicable pero tan unilateral como el heterosexualismo exclusivo), se interesan mucho más por la legalización del aborto, para su provecho personal, que por el problema, en muchos países aún más general y grave, de la falta de acceso a los anticonceptivos, algo que esos grupitos ya tienen resuelto. Su extremismo, intolerancia y afán de protagonismo es frecuente y grave obstáculo para resolver el problema del aborto, y la emancipación femenina en general. Insisten, por ejemplo, en forma unilateral, en el lema "las mujeres decidimos" sobre el aborto, desintere­sando a los varones y manteniendo la concepción individualista del tema. También exageran en el reclamar el aborto como "derecho a una sexualidad libre", lo que aleja además a otras mujeres menos concienciadas, favore­ciendo todo eso a quienes quieren desacreditar a los abortistas.

 

CONCLUSIÓN

LA ORIENTACIÓN JURÍDICA DE NUESTRA CONVIVENCIA.

              Gran parte de la población está en favor de alguna despenalización del aborto, para sí mismos o para no imponer su moral a los demás. Pero aun en el caso de que casi todos creyeran que se tratara  de algo moralmente malo, no por eso tendría siempre que estar penado por la ley, según reconoce la misma doctrina católica, conforme al principio del mal menor, que muchos obispos de esa Iglesia no aplican aquí y, cuando pueden, exigen al Estado que imponga su opinión como la única moral posible.  Sin embargo, por una normal elemental de democracia, habría que respetar el derecho personal a abortar (y a divorciarse, etc.) aun cuando una mayoría no estuviera de acuerdo, puesto que se trata de un derecho humano.

              Por otra parte, la ley que castiga el aborto es ineficaz, pues no consigue ni impedir los muchísimos abortos clandestinos actuales ni castigarlos; es peligrosa para la salud, y por el desprestigio que su ineficacia impopularidad supone para la administración de la justicia. Añadamos que es discriminatoria respecto a los más pobres.

 
ANTE EL PROBLEMA CONCRETO DE UN ABORTO.

             Hemos visto que ni la ciencia ni las costumbres nos dan una "frontera natural", segura, que garantice en todo caso una decisión. Decía el premio Nóbel de medicina J. Jacob: "La persona humana no surge en un momento preciso. Hay una evolución progresiva, una serie de saltos, de reacciones y de síntesis, a través de las cuales se forma poco a poco el hijo del hombre. ¿Quién estaría pues en condiciones para decidir cuando puede interrumpirse  un embarazo? Ciertamente, no el biólogo, ni mucho menos el obispo o el juez. No veo otras personas que puedan tener derecho que no sean los padres".

            En los primeros días del embarazo, la misma naturaleza hace abortar a la mitad de los embriones, por motivos de salud, continuando después durante semanas esos abortos espontáneos por motivos eugenésicos, psíquicos, etc. En ese período será natural el actuar como la naturaleza y abortar por esos motivos. Después se irán haciendo más escasas y graves las razones para abortar, como también corresponde a la naturaleza, y habrá que ir dando cada vez más peso a una vida cada vez más parecida a la nuestra, y a la que siempre, aunque no sea igual a nosotros, hay que respetar, sin causarle daño innecesario, como a los animales o a los mismos cadáveres.

     Concluyamos, con el biólogo jesuita P. Gafo, que es posible que se nos acuse de confundir y debilitar posiciones "claras". Con él recordamos lo que decía A. Koestler: "Jamás he visto problema alguno, por complicado que fuera, que al ser abordado correctamente no se complicara más"; y a Gluckmann: "Nuestra afición por las definiciones sabias y teóricas está en proporción directa a nuestro desprecio por los sufrimientos de los demás".     

 

 

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