Dos visiones opuestas de la muerte

El obispo auxiliar de Bilbao, Mario Iceta, y el anestesista Luis Montes debatieron ayer en Bilbao sobre eutanasia y cuidados paliativos

Dos días después de aprobarse en Andalucía la primera ley que prohíbe en España prolongar de manera inútil la vida del paciente terminal, y transcurridos cuatro meses de la muerte de la italiana Eluana Englaro, que estuvo en coma vegetativo dos décadas, el Palacio Euskalduna de Bilbao acogía ayer las dos visiones contrapuestas que sobre el trance final del enfermo hay en la sociedad. Dos voces autorizadas, la del anestesista y ex coordinador de Urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés, Luis Montes, juzgado y absuelto por la supuesta sedación irregular de pacientes, y la de Mario Iceta, obispo auxiliar de Bilbao además de doctor en Medicina y autor del libro 'Futilidad y toma de decisiones en medicina paliativa», participaron por la tarde en una conferencia organizada por la Fundación Sabino Arana para abordar cuestiones como la eutanasia, el suicidio asistido, los cuidados paliativos y las voluntades anticipadas.
Ambos expusieron sus razones, como del agua al vino, y evitaron la confrontación estéril ante una sala abarrotada de asistentes. Pero confesaron coincidir en una misma aspiración: el buen morir. Las líneas básicas del discurso de Iceta versaron sobre la persona humana desde el punto de vista «antropológico», la enfermedad como «momento de crisis» y las respuestas médicas ante una situación de dificultad. En un discurso más pragmático, Montes abogó por despenalizar la eutanasia activa, que consiste en provocar la muerte indolora del enfermo a petición de éste, que en España se considera delito y se castiga con cárcel. A lo que Iceta replicó que «nadie está obligado a sufrir y es lícito tratar el dolor, pero la eutanasia no es la respuesta adecuada, porque nadie puede disponer de la vida del otro» y porque «sitúa a la Medicina fuera de su propio ámbito, que es curar». «A los médicos nos cuesta aceptar la muerte, la vivimos como un fracaso», matizó Montes.
El caso de Chantal Sébire
El anestesista, que se declaró «laico y, por tanto, tengo derecho a participar en mi derecho a morir», recordó el caso de Chantal Sébire, la mujer francesa que se suicidó en la clandestinidad tras sentirse «devorada por el dolor» de un tumor que desfiguró su rostro. Aunque lo pidió, no recibió apoyo jurídico, pero aquello «suscitó un claro clamor popular de apoyo», evocó. Por su parte, el prelado abogó por reconocer como especialidad en las universidades la Medicina Paliativa y aumentar el número de centros sanitarios dedicados en exclusiva a atender a pacientes que no tienen cura. «Hace falta un debate sosegado», exigió el doctor Montes.
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