Dinamarca: tierra de secularidad y estado confesional

Los daneses no quieren a la religión influenciando la agenda política ni su vida diaria.

Son las 10:05 a.m. de un caluroso domingo en Aarhus, Dinamarca, y está comenzando la misa en la catedral más alta y larga del país. Es un edificio gótico dedicado a San Clemente, el santo patrono de los navegantes. En la inmensidad del espacio solo se escuchan las palabras de la pastora Tina.

Pocas personas atienden la prédica. Cuando Tina calla irrumpe el sonido de un órgano del siglo XVIII y un ceremonioso coro. La pastora está parada en el pulpito derecho, lleva la tradicional sotana negra con el alzacuello blanco de la Iglesia evangélica luterana, la iglesia nacional de los daneses.

Dinamarca es uno de los países más seculares del mundo y un estado confesional. La iglesia oficial del país es “den Danske Folkekirke” o la iglesia del pueblo danés. De los ciudadanos, 76.5 por ciento están afiliados a esta institución, aunque tan solo 28 por ciento declaran creer en el dogma y 3 por ciento acuden regularmente a ceremonias.

¿Podría ser que este país sea altamente secular y no secular al mismo tiempo?

Para entender esto tendremos que revisar cómo un bajo nivel de separación entre la Iglesia y el Estado, añadido a un gran nivel de afiliación y confianza en la institución, conviven con la realidad de un país altamente secular.

UNA NACIÓN CRISTIANA

“Los daneses siempre han enfatizado que son un país cristiano, con una herencia cristiana y valores cristianos”, menciona Lars Ahlin, profesor asociado del departamento de estudios de religión de la Universidad de Aarhus.

En 965 d. C. el rey vikingo Herald convirtió Dinamarca en una tierra cristiana, grabando este hecho en las estelas rúnicas de Jelling. Hoy la Constitución dicta que “La iglesia evangélica luterana es la iglesia del pueblo danés”.

La religión ha jugado un papel importante en la construcción de las instituciones y cultura a través de la historia. Desde la transición de un pasado pagano, hasta la definición de una estrategia defensiva en el siglo XX, ha sido parte de la formación nacional.

El profesor Ahlin explica la importancia del cristianismo como resultado de una “religiosidad cultural”, a través de la cual las personas han llegado a ver a la Iglesia del pueblo danés como una marca para expresar su historia e identidad.

A LOS DANESES NO LES IMPORTA

Dinamarca es una nación cristiana, sin embargo, la segunda religión dominante es “ninguna” o “personas sin afiliación religiosa” (según el centro Pew), y la mayoría de la población no cree en Dios o Jesús. ¿Entonces cómo creen los daneses?

Kasper Kristiansen acaba de entregar su tesis par un master en leyes y economía; es un miembro de “den Dansk Folkekirke”, su madre es una pastora de la iglesia luterana, y al preguntarle sobre sus creencias religiosas declara ser un “ateo agnóstico”.

Él encuentra que existe una “forma común” al pensar sobre religión en su país: “Hay una aceptación del cristianismo porque es parte de la cultura, pero, en general, no creo que las personas realmente sepan si creen o no en Dios”.

Podría ser que a los daneses simplemente no les interesa el tema o como Phil Zuckerman, un experto en sociología de la secularidad, que concluyó en sus estudios que “la religión no tiene importancia en Dinamarca”.

UN ASUNTO PRIVADO

Concluir que Dinamarca es un país completamente irreligioso podría ser arriesgado, pero se puede decir que existe una alta secularización a nivel personal. En general los ciudadanos no quieren que la religión esté presente en la política, tampoco que la vida esté regulada por ninguna autoridad religiosa, y la espiritualidad la ven como algo estrictamente privado.

Para algunos el cristianismo sí es más que el resultado de una herencia histórica. Es realmente parte de su vida. Marie es teóloga, ella está cursando un master en la misma área de estudio y probablemente en pocos años será una pastora de la Iglesia luterana. Al preguntarle si ella piensa que su país es totalmente irreligioso, responde: “No, yo creo que Dinamarca es altamente cristiano-protestante”.

Los números parecen apoyarla, tomando en cuenta tan solo cuál es la mayor religión y el nivel de afiliación a la iglesia nacional. ¿Entonces por qué puede parecer que a los daneses simplemente no les importa?

Para Marie en su país la religiosidad “se activa cuando algo duro sucede en la vida de las personas o si tienen algo maravilloso que celebrar, como un bautizo o una boda. Es solo que no tienes que pensar sobre religión en la vida diaria y no es un tema que se comente”.

A diferencia de otras naciones donde las expresiones religiosas están presentes en los ambientes públicos, en esta tierra este tema es íntimo, con un rol discreto y silencioso en la vida pública.

La mayoría de daneses, a pesar de declararse como no creyentes en dogmas y figuras religiosas, no abandonarían su afiliación a la iglesia nacional, pues el ser parte de la institución e incluso sustentarla económicamente no implica necesariamente nada en cuanto a creencias o espiritualidad.

Las encuestas han indicado que la sociedad desea mantener un espacio público secular. La libertad religiosa está garantizada por el Estado desde la Constitución de 1848, a la par existen claras regulaciones en cuanto al despliegue de símbolos religiosos en áreas públicas y actos que se puede considerar que “contravienen la decencia y el orden público”.

LA IGLESIA CON TAREA

En este país escandinavo la Iglesia es también entendida como una institución con un importante deber administrativo. Es la autoridad funeraria oficial, maneja el registro de nacimientos, matrimonios y defunciones; además está legalmente obligada a trabajar para preservar la cultura.

La iglesia del pueblo danés ha realizado actividades a favor del Estado desde hace muchos siglos. La independencia y libertad de acción de la institución es una materia en discusión debido a que está bajo administración del Ministro de Asuntos Eclesiásticos. En cuanto a su presupuesto, entre el 10 y el 15 por ciento es sustentado por el Estado, el resto se cubre con un impuesto pagado por los ciudadanos miembros.

En 2015 Dinamarca obtuvo el cuarto lugar en el índice de libertad humana, publicado por el instituto CATO, logrando un 10 sobre 10 en cuanto a libertad religiosa.

El país tiene una religión oficial e iglesia nacional; sin embargo, la afiliación no es obligatoria. Incluso, en un panorama de libertades, la Iglesia luterana convive con otras religiones, por ejemplo, existen 650,000 personas sin afiliación religiosa y los musulmanes han llegado a ser el tercer grupo más representativo, con 230,000 personas, de acuerdo con el Centro de Investigación Pew.

En los últimos años la inmigración ha creado un panorama multicultural, pero Dinamarca continúa siendo un país muy homogéneo en cuanto a distribución étnica; 5.03 millones de personas se consideran daneses originarios y el cristianismo copa la escena, ya que existen 4.63 millones de cristianos, siendo el mayor grupo religioso tomando en cuenta que la población total son 5.6 millones de habitantes.

NO ES FÁCIL CREER

En un país con libertad religiosa debería ser igual de fácil creer como no creer.

Dinamarca es reconocido como un país progresista y moderno, donde la ciencia y la razón han construido un modelo altamente eficiente, logrando constituir el mejor sistemas de bienestar del mundo. Dentro de este éxito la educación también es de alta calidad y está garantizado el acceso al conocimiento y herramientas científicas y académicas, según el Índice de Desarrollo de las Naciones Unidas.

Es así como el analfabetismo se ha eliminado hace mucho tiempo y hoy prima la razón en las lógicas sociales. En este contexto, una persona que abiertamente declare sus creencias o prácticas religiosas estará entrando en una arena sumamente privada, a la que se prefiere evitar e incluso podría ser vista con asombro y puede ser duramente juzgada en algunos casos.

Podemos recordar el caso de Esben Lunde Larsen, ministro de Educación Superior, quien en 2015 fue duramente criticado por su “increíble ignorancia”, debido a declaraciones donde afirmaba su creencia en que el universo fue creado por Dios al igual que la humanidad. La comunidad académica y gran parte de la sociedad reaccionó inmediatamente sugiriendo que el ministro no estaba calificado para el cargo.

EL PAÍS SECULAR

Dinamarca es un país secular y también cristiano. Existe una estrecha relación entre el pueblo danés y la Iglesia evangélica luterana, esta institución está integrada en la concepción nacional, la identidad e, incluso, el funcionamiento administrativo.

La historia de este país escandinavo no se puede separar del desarrollo religioso, los altos niveles de afiliación a la iglesia nacional son un ejemplo claro de la importancia del tema. Tradición, herencia cultural o conveniencia administrativa; en Dinamarca la iglesia nacional es importante.

La secularidad cobra sentido al comprender que en este país la religiosidad cultural no ha implicado religiosidad personal. Al parecer en Dinamarca no es contradictorio ser miembro de la iglesia, sustentarla económicamente y, a la par, no atender ningún evento religioso, no seguir el dogma e, incluso, no tener necesidad de definir en qué se cree.

Desde hace muchos siglos la Iglesia ha estado presente constante y silenciosamente. Existen discretas manifestaciones públicas que pretenden mantener vivo un legado histórico cristiano; sin embargo, los daneses no quieren a la religión influenciando la agenda política ni su vida diaria. Hay un acuerdo implícito donde las convicciones religiosas son asuntos privados poco discutidos.

La irreligiosidad danesa necesita ser entendida desde el cómo se ha construido la secularidad en los diferentes niveles de la sociedad. La Iglesia del pueblo danés puede no ser una autoridad moral, pero es parte de la nación, su identidad e instituciones.

Belén Estrella Fiallo. Columnista Newsweek

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...