Cuestiones sobre el pañuelo islámico. Libertad o prohibición

La controversia que existe en torno al uso del pañuelo islámico es fruto del desconocimiento de las costumbres religiosas y culturales propias de los países musulmanes.

El objetivo de esta conferencia es intentar proporcionar una explicación sobre las diversas cuestiones que atañen al pañuelo islámico para de esta forma favorecer el entendimiento.

El pañuelo islámico es un elemento polémico que encierra otras cuestiones que abarcan desde la construcción de mezquitas hasta la celebración de las fiestas musulmanas, pasando por temas como el menú en los colegios o la separación de niños y niñas en las clases de gimnasia. Por lo tanto, se puede afirmar que el pañuelo es la punta del iceberg. Al fin y al cabo es lo que percibimos. Podemos ver una mujer con pañuelo pero la licencia de construcción de una mezquita no la vemos.

En realidad la cuestión no debería preocuparnos tanto si tenemos en cuenta que en España, hasta los años 70, era fácil ver a las mujeres cubiertas con un pañuelo o una mantilla en las Iglesias.

No obstante, son unos hechos que chocan con las costumbres de los países receptores de inmigrantes. Hoy en día las sociedades son cada vez más complejas y ante el volumen creciente de inmigrantes optar por el multiculturalismo parece ser un acierto.

Debemos tener en cuenta que España hasta hace relativamente poco ha sido país emisor de emigrantes y que se ha convertido en receptor a partir de la segunda mitad de la década de los 90. Mientras que Francia, Alemania o Gran Bretaña son receptores desde poco después de la Segunda Guerra Mundial, en algunos momentos incluso con carácter anterior, España se ha convertido en receptor en un espacio breve de tiempo, debiendo asimilar en tan sólo 10 años lo que otros países llevan décadas asimilando. Este es un factor muy importante a tener en cuenta porque puede influir en los niveles de adaptación, aceptación y tolerancia por parte de la población originaria de los países receptores.

En relación al trato que se debe otorgar al inmigrante en el país receptor, existen dos teorías opuestas que se aplican en los distintos países europeos. De un lado, el multiculturalismo defiende un pluralismo cultural partiendo de la no discriminación por razón de raza, cultura o religión, a la vez que se mantiene el derecho a mantener sus costumbres. De otra  arte, las corrientes asimilacionistas defienden una plena integración de los inmigrantes en la cultura dominante. Dentro del tema que nos ocupa, el asimilacionismo supondría decir NO al pañuelo islámico.

Francia es el país asimilacionista por excelencia que fundamenta su postura en la laicidad. En cambio, Gran Bretaña y los Países Bajos se decantan por el multiculturalismo, favoreciendo de esta manera la práctica de las diferentes creencias religiosas.

He tenido la oportunidad de estar hace poco en los Países Bajos y pude ver en una inmobiliaria de Delft, ni siquiera en Ámsterdam, la capital, mucho más vanguardista, a una mujer musulmana llevando un hiyab y trabajando de cara al público, en el complejo mundo de las ventas de pisos. Creo que es un hecho positivo porque permite a los inmigrantes musulmanes su integración sin asimilación, garantiza el respeto a sus creencias y costumbres y favorece la confianza de cara a otros musulmanes.

Muchas veces nos preguntamos por qué surgen conflictos en torno al pañuelo en unos países y en otros no. La percepción que la sociedad pueda tener del hiyab varía también en función del porcentaje de población musulmana. En Francia hay casi un 10% de población de origen musulmán. En los Países Bajos es del 5’8%, en Dinamarca del 5%, en Gran Bretaña del 4’6%, en Suecia del 3’3% y en España del 2’3%. El temor a una, podríamos decir, invasión de elementos culturales ajenos es por ello diferente.

La población musulmana que se asienta en España procede  principalmente de Marruecos, hay alrededor de 583.000 marroquíes, seguido de Argelia, Pakistán y Senegal. En último lugar se encuentra Túnez, con 1.600 habitantes procedentes de este país. Se asientan preferentemente en Cataluña, la Comunidad Valenciana, Madrid y Murcia, donde la actividad turística es mayor, ya que entre los inmigrantes existe un alto componente de mano de obra no cualificada. En menor medida se asientan en Asturias, La Rioja y Castilla y León.

Texto completo en el anexo

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