«Cristo en las aulas»

En los años 40 el gobierno nacional legisló sobre la aplicación de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. En el Territorio Nacional de La Pampa, la normativa encontró rápida acogida y las voces disidentes se hicieron oír.

El régimen militar instalado en 1943, durante la presidencia de Pedro Pablo Ramírez, decretó la introducción de la enseñanza de la religión católica en las escuelas públicas argentinas. Con la instauración de la materia Religión y Moral en la enseñanza nacional, se consumaba la ruptura con la tradición laica de sesenta años.
Lo novedoso de este Decreto residía en su alcance, ya que afectaba a todas las escuelas públicas nacionales, es decir a la gran mayoría de los niños en edad escolar. La educación religiosa pública fue considerada por la Iglesia como un instrumento clave para transformar al catolicismo en el principio organizador de la sociedad.
Uno de los objetivos principales de Juan Domingo Perón al asumir la presidencia, fue la legitimación, a través de la sanción de una ley en el Congreso, del decreto por el que se había introducido la enseñanza católica en las escuelas. Esto se logró en 1947 y la Ley de enseñanza religiosa, fue sancionada bajo el número 12978. La Ley fue considerada por numerosos autores como una de las condiciones del apoyo de la jerarquía eclesiástica a la candidatura de Perón.

La aplicación.
El clima político de los años cuarenta en el Territorio Nacional de La Pampa favoreció la puesta en práctica del Decreto 18411.
Para el caso de las escuelas primarias la enseñanza de la religión comenzó a dictarse el 13 de junio de 1944. Antes de su puesta en práctica, el Director General de Enseñanza Religiosa, Presbítero Alberto Escobar reunió al personal docente, e informó las instrucciones de dicha materia. Fue en General Pico donde arribó junto con Monseñor Serafini con la intención de impartir disposiciones sobre la instrucción de la religión en las escuelas públicas. La concentración de maestros se produjo en la Municipalidad de dicha localidad, congregándose los miembros del personal directivo y docentes de las escuelas locales pero también de sus zonas adyacentes.
La aplicación de la normativa contó con un primer obstáculo: la falta de personal capacitado para el dictado de la materia. Para subsanar estos inconvenientes, los sacerdotes junto a sus colaboradores, pasaban diariamente por los establecimientos oficiales y privados para llevar a cabo una intensificación de la enseñanza religiosa. También la Dirección de Enseñanza Religiosa se esforzó en emitir contenidos hacia los docentes. De este modo, se argumenta que "se recibieron ejemplares en cantidad suficiente para cada uno de los maestros del libro ¨Instrucción Religiosa y Cien Lecciones de Historia Sagrada¨ y un ejemplar del ¨Cuaderno de Villancicos de Navidad¨".

Los visitadores de Religión también llevaban a cabo una política de control e intensificación de las actividades en las escuelas. Domingo Garibaldi, se maravillaba de lo acontecido en la Escuela N° 59 de Colonia Santa María, argumentando que los niños "saben rezar con devoción y conscientemente todas las oraciones del catecismo". Mientras que en la Escuela Nº 283 de Caleufú, se destaca el conocimiento de las principales oraciones: el Padrenuestro, el Credo, como así también la importancia del Sacramento del Bautismo, su administración, época, etc. "me dan la comprobación de una sólida formación catequística" expresaba el inspector.
A partir del Decreto de enseñanza religiosa, se estableció que las clases de religión se dictarían en las divisiones de primer y segundo año, y no en tercer, cuarto y quinto año. Según el Programa de Religión para las Escuelas Primarias algunas de las temáticas que los alumnos debían aprender eran: la creación de Dios y de Adán y Eva, la Santísima Trinidad, quién es Jesucristo, la adoración de los reyes magos, la pasión, muerte y resurrección de Jesús, cómo se forma el pecado original, la eucaristía, la señal de la cruz, quién es Dios, la obligación de rezar, las partes del Padre Nuestro, los ángeles y demonios, los mandamientos, los sacramentos, diversas oraciones del cristianismo, entre otros.
Por su parte, la enseñanza religiosa católica en las escuelas primarias y secundarias era obligatoria y optativa. Por un lado, era optativa porque cada padre podía abstener a sus hijos de tal educación con solo solicitarlo a comienzos del año de inicio; pero por otro lado, la educación religiosa debía de estar en todos los planes de estudio.

Las voces opositoras.
Pero, no todas las respuestas eran como la institución eclesiástica lo esperaba.
Algunas instituciones educativas con una historia laicista promovían que los padres se negaran a recibir la educación religiosa haciendo uso del carácter optativo de la misma. Es el caso de la Escuela Normal de Santa Rosa quien comunicó, a través de una publicación en la prensa, que aquellos alumnos que no desearan recibir la enseñanza de la religión debían concurrir con el padre o tutor a fin de dejar constancia. Se aclaraba que para aquellos alumnos se les impartirá clases de instrucción moral.
En las visitas inspectoriales de 1946, el Inspector Salesiano Miguel Raspandi, ponía de manifiesto que el cura párroco cree que se podría conseguir mucho más a través de un "espíritu de colaboracionismo por parte del personal docente". Precisamente, las autoridades clericales veían en los maestros un obstáculo para el logro de sus objetivos. Precisamente, la Confederación de Maestros Argentinos fue una de las voces que se opuso al Decreto y consagró la defensa de la escuela laica. El 4 de agosto de 1945, la Confederación de Maestros pidió la supresión de la enseñanza religiosa en las escuelas y el restablecimiento de los cuerpos colegiados que establece la Ley 1420 para la dirección y administración de las escuelas primarias. Este reclamo contó con numerosas adhesiones, entre ellas cabe destacar el Centro Mutual y Cultural de Maestros de Bernasconi, La Pampa.

Las publicaciones en la prensa, de manera concreta el diario La Arena, se constituyó en una tribuna opositora. Ya sea desde el espacio editorial como desde las voces individuales o colectivas que adherían al laicisismo, la oposición se hizo sentir. Una figura reconocida en el medio docente, Pedro Franco, quien fue inspector de enseñanza primaria en la Capital Federal y publicista envió una nota al mencionado periódico en el que expresa su defensa a favor de la enseñanza laica y, al mismo tiempo, explicitó la necesidad de que el Estado también lo sea: "La enseñanza laica (…) es la única enseñanza para formar hombres libres (…). La escuela es un órgano del Estado, al que se le entrega la función educativa. Sostiene que la escuela laica no puede serlo si el Estado no es laico. Mientras el Estado mantenga la confesión de una carga determinada; en tanto la constitución no consagre expresamente el derecho a la libertad de conciencia; mientras la primera magistratura y ciertos cargos públicos, obliguen a juramentos religiosos y a participar en ceremonias del clero, siempre esa confesión privilegiada intentará apoderarse del alma del niño, cuyas creencias no le interesa respetar. (…) La intromisión clerical en nuestra escuela, a parte de traer abultadas erogaciones para el erario, la ha dañado espiritual y técnicamente. No hay paz en las aulas, con los maestros y alumnos divididos en dos bandos: creyentes e incrédulos o réprobos". No obstante, los comentarios opositores por parte de la editorial de La Arena adquirían un tono más combativo. En una nota publicada el 18 de marzo de 1947 se publicaba: "¿No es evidente que la obligatoriedad de la enseñanza religiosa en las escuelas del estado es un gravísimo error; que debe ser escuchado el clamor popular frente al intento de demoler ese monumento de sabiduría que es la ley 1420? ¿Por qué se les ha de arrebatar a los padres la dirección espiritual de sus hijos o torcer la voluntad de estos impidiéndoles adorar a cada uno su dios, pisoteando así el sabio preámbulo de nuestra Carta Fundamental? ¿O es que se desea implantar el periodo teocrático o feudal del coloniaje español?".
Con respecto a las publicaciones nacionales, fue la revista La Obra, aquella que era leída en el territorio pampeano. En dicha revista se puede observar como la editorial fue virando su ideología. Así, en los números de La Obra de los años 1943-44, tienen una actitud de respeto y tolerancia hacia el catolicismo argumentando que "escuela laica es aquella que prescinde de toda educación religiosa….tampoco combate ningún dogma. No es por consiguiente atea. Respetuosa del pensamiento y las creencias de todos los individuos no se inmiscuye".
Hacia 1946 la postura anticlerical de la revista se hace más virulenta, "la reacción opresora, trazada en consuno por el capitalismo devorador y el totalitarismo nazi-clerical (…) creados para afianzar el privilegio de minorías selectas (…) la existencia miserables de las masas populares y la promesa de una felicidad celestial para los individuos que, después de haber vivido domesticados y hambrientos sepan morir besando las manos de quienes los explotaron y loando al Dios que no pudo o no supo corregir tanta injusticia (…)". Profundizando sus críticas al sostenimiento del culto católico por parte del Estado, pide que se termine con "este privilegio", ya que el Estado argentino es laico y neutral en materia religiosa.

El final.
El principal límite a la instrucción religiosa se encontró en el mismo carácter que muy pronto asumió la política oficial: los avances de la peronización de la enseñanza que se registraron, sobre todo, en el ámbito de las escuelas primarias. Fueron los principios del peronismo, centrados en la exaltación a sus líderes y, no la enseñanza de la religión lo que constituyó la base de la educación de la nueva Argentina. Así, la enseñanza religiosa ocupó un lugar cada vez más marginal en detrimento de la simbología peronista.
En 1954 se disolvió la Dirección General de Enseñanza Religiosa (Decreto 20564/54), se dispuso por Resolución del Ministerio de Educación Dr. Armando Méndez San Martín que la Religión Católica y Moral no constituyeran materias de promoción, se suprimieron los subsidios a los colegios e institutos católicos, así como también de todas las partidas para maestros de Religión. Finalmente en mayo de 1955 a través de la sanción de la Ley 14401 la enseñanza de la Religión y Moral, establecida por Decreto en 1943 y sancionada por Ley en 1947, fue suspendida en su obligatoriedad y derogada para todo el territorio. Estos debates se suscitaron en la Cámara de Representantes. En correlato con las medidas nacionales, el 12 de mayo de 1955 se presentó el proyecto de ley que derogaba el artículo 11 de la Ley 80 sobre enseñanza religiosa en la provincia y toda otra disposición sobre enseñanza de la religión católica, y se aprobó. A dicha sesión faltó sin previo aviso Cornelio Garay Vivas, católico y como tal, opuesto a dicha iniciativa. Varios diputados presentaron un proyecto para separar de su banca a Garay Vivas. El proyecto ingresó y se trató sobre tablas.
Otro de los debates se motivó al tratar la derogación de exención de impuestos, tasas o contribuciones provinciales y municipales acordadas a las instituciones religiosas. El proyecto del Poder Ejecutivo Provincial involucraba a todo espacio católico: a sus templos, conventos, colegios, etc. Con respecto a este tema, el diputado Enrique Ascheri afirmaba que "la exención lesionaba el sentimiento justicialista del régimen de exenciones que nos obliga a todos por igual a mantener las calles limpias, barridas, alumbradas, regadas y la ciudad toda afectada a un servicio integral de higiene, mientras las instituciones religiosas, los templos, los colegios, las dependencias de todos ellos, los bienes que poseen y los actos que a título oneroso realizan están exentos de gravámenes, como si esos establecimientos, esos bienes y esos actos fueran ajenos al propósito del bien común". Por su parte, Amalia González de Lespade expresaba "si el Estado subvencionó al clero y lo mantuvo libre de impuestos, lo hizo para que enseñara religión y no política, no para que hoy atentara contra él y contra Cristo, porque la doctrina que han adoptado estos malos sacerdotes no es tampoco la doctrina de Cristo, que predicó ¨amor y no odio, unión y no discordia, paz y no guerra¨. Esa fue la doctrina de Cristo y es también lo que nos enseña nuestro conductor, el general Perón".
Estos debates, se generaron en un contexto de disputa entre la Iglesia católica y el peronismo. Ninguno de los actores resultó beneficiado. Por su parte, la Iglesia católica sufrió, el 16 de junio de 1955, la quema de las principales Iglesias del país y la detención de diversos sacerdotes. Mientras que el peronismo no pudo hacer frente al golpe militar de 1955, que apoyó la Iglesia católica, y que derrocó al general Perón.

Mariana Funkner
*LICENCIADA en Historia. UNLPam, Conicet

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