Creer y gobernar

Las violaciones al Estado laico se han hecho costumbre. Pareciera ya más una provocación, ganas de polarizar, que efectivamente errores o matices de concepción

Gobierno de Jalisco paga “terapia para curar gays”. Con ese título, el Universal levantó ayer de nuevo la polvareda sobre las actividades religiosas que financia el Gobierno de Jalisco. La aparición del logo de la Secretaría General de Gobierno del Gobierno del Estado de Jalisco, en un evento eminentemente religioso, es un error gravísimo, independientemente de cómo se haya dado el apoyo a la organización del evento, porque atendiendo a lo que dijo el secretario Guzmán de que no hubo apoyo en efectivo, sin embargo pudieron existir otro tipo de apoyos; de otra manera a nadie se le hubiera ocurrido poner el logo de la secretaría. Si esta fuera la primera vez en que un secretario del Gobierno de Jalisco se mete en líos por andar promoviendo o promocionando asuntos religiosos, podríamos pensar que efectivamente se pudo tratar de una confusión. Pero cuando se juntan ladrido y perro, la posibilidad de que sea gato tiende a cero.

El curso que patrocinó la Secretaría General de Gobierno se tituló “Camino a la castidad” y tenía un costo, leve, de 850 pesos por tres días de conferencias. No era pues un curso para gente pobre que requiriera el apoyo del Gobierno. Pero el contenido del “Camino a la castidad” no era otra cosa que la promoción de valores de una religión específica y una que otra loquera, como que la homosexualidad es una “enfermedad curable” (al respecto, muy recomendable el libro de Luis González de Alba, Niño o niña. Las diferencias sexuales, en el que hace un repaso de lo que la Ciencia dice respecto de estos temas).

El tema vuelve a ser el mismo. Cada secretario puede creer o no creer en lo que quiera. El gabinete de González Márquez es tan plural como la propia sociedad jalisciense. Los hay católicos fanáticos, católicos pecadores standard, de otras religiones y descreídos. Pero ni los standard ni los descreídos andan promoviendo sus creencias o no-creencias con dinero público. No recuerdo un sola ocasión en que el tema haya sido que el Gobierno patrocinó un congreso de agnósticos o de ateos o de budistas o de musulmanes. En todas las ocasiones ha sido apoyo a grupos de la Iglesia Católica, afines a un grupo conocido como Yunque.

Las violaciones al Estado laico se han hecho costumbre. Pareciera ya más una provocación, ganas de polarizar, que efectivamente errores o matices de concepción. Pero en cualquier caso, lo que hay es una voluntad de imponer una visión del mundo desde el poder público y eso es lo que es condenable. Ni el Gobierno del Estado ni el Estado necesitan más escándalos; con los que tenemos basta y sobra. Lo que se afecta con este tipo de acciones torpes no es solo la imagen de una secretaría o de un Gobierno. Afecta a todos los ciudadanos que vivimos y trabajamos acá, independientemente de nuestras creencias. Crean lo que quieran, pero no nos afecten a los demás, y mucho menos con nuestro dinero.

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