Congreso clerical en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina)

¿ESPACIO PÚBLICO OCUPADO POR CONCEPCIONES DOGMÁTICAS?

El INSTITUTO LAICO DE ESTUDIOS CONTEMPORÁNEOS ARGENTINOS (ILEC-ARG) denuncia y rechaza la decisión de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CORDOBA de facilitar sus instalaciones, que pagamos con nuestros impuestos tod@s los ciudadan@s de este país, a un grupo confesional que organiza un Congreso pretendidamente científico (?) que, desde concepciones dogmáticas, se propone una crítica confesional a la legislación vigente en la Argentina.

En efecto, bajo la invocación de concepciones ¿Pro Vida? se pretende impugnar aspectos tales como el pronunciamiento de la Suprema Corte de Justicia en materia de aborto no punible, la legislación en materia de «muerte digna» y otras normas que legislan sobre cuestiones de género, salud reproductiva, entre otras.

Que se celebre un congreso sobre estas temáticas -aun cuando sea de dudosa calidad científica- es parte del juego del librepensamiento y de la libertad de conciencia, aspectos que respetamos a rajatablas.

Sin embargo, la utilización del espacio publico de una UNIVERSIDAD NACIONAL, que hace casi un siglo fue la cuna de la REFORMA UNIVERSITARIA que se levantó contra el pensamiento dogmático, es a todas luces un hecho repudiable.

Las concepciones dogmáticas que movilizan este Congreso ya cuentan con suficiente infraestructura en la provincia de Córdoba: para ello existen las universidades privadas confesionales, en la que estos grupos participan de su dirección y de sus contenidos pedagógicos. De modo que usen lo que ya tienen y lo que la ley educativa les garantiza con creces.

Lo realmente alarmante e inaudito es que las autoridades de la Universidad Nacional de Córdoba, fruto del cogobierno de los claustros instaurado gracias a la Reforma Universitaria de 1918, faciliten las instalaciones públicas para que se lleve a cabo tal evento.

Este “préstamo de instalaciones” es una muestra más de la gran confusión imperante. Los dogmas y las preferencias religiosas que cada cual profesa deben circunscribirse a la esfera privada de las personas, en tanto que la ciencia debe primar en la universidad pública, institución que debe ser la garante de la libertad de cátedra, que no es otra cosa que la libertad de pensamiento sin atadura alguna con posturas confesionales.

Casi cien años después del grito libertario de los reformistas de 1918, en Córdoba “los dolores que quedan, son las libertades que faltan”.

Reclamamos de las autoridades de Universidad Nacional, y de cada uno de los claustros representados en su gobierno, el respeto hacia los ciudadanos que no comparten estas ideas dogmáticas ni ninguna otra.

Ese respeto será cumplir con el compromiso de la Libertad de Cátedra y se constituirá en una ratificación del ideario reformista.

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