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Casado se va de curas

Con su lucidez habitual, Pablo Casado ha dado una nueva interpretación al dicho “no enterarse de la misa la media”. Efectivamente, el pasado sábado no tenía otra cosa mejor que hacer que acudir a la iglesia del Sagrario en Granada, donde se celebraba una ceremonia religiosa por el alma de Francisco Franco, Antonio Primo de Rivera y otros ilustres matarifes de la Guerra Civil. Aunque la Fundación Francisco Franco ha agradecido la presencia del jefe de la oposición, la prensa amiga se ha apresurado a señalar que Casado no sabía dónde se estaba metiendo, una línea de defensa arriesgada pero coherente con la trayectoria del personaje. Del mismo modo, sin enterarse de nada, se sacó Casado dos carreras y un máster.

En cualquier caso, resulta extraño meterse en una iglesia el 20-N, aniversario de la muerte de Franco, ver las banderas con el pollo, los brazos en alto, y tragarse la misa entera sin parpadear. Con el despiste que lleva encima Casado, a lo mejor se pensó que era una misa rociera o que el cura era fan de Franco Battiato. A lo mejor se pensó que después del Cara al sol que se marcó el personal a la salida de la iglesia, con saludo hitleriano incluido, luego iban a cantar Cuccurrucucù y Yo quiero verte danzar. Por pocas luces que se dispongan, cualquier español sabe que lo que se celebra el 20 de noviembre es el Día de la Bestia, la defunción oficial del mayor genocida de nuestra historia, un auténtico Anticristo al que habría que consagrar misas negras. A Casado le faltó un pelo para hacer un guiño al bueno de José María, “satánico y de Carabanchel”, y declararse “católico y de Aravaca”.

El tropezón franquista de Casado se suma en poco más de una semana a su pintura de los agricultores levantándose a ordeñar a las cinco de la mañana y a sus hilarantes explicaciones de cómo la energía solar no puede funcionar de noche. Entre labriegos estrujando azadones a ver si sacan una gota de leche y astronautas que viajan al sol cuando está apagado se va haciendo la carrera política de Pablo Casado, un hombre que con su manía de protagonizar chistes está dejando sin trabajo a los humoristas. De haber estado vivo Agustín de Foxá (aquel señor que se declaraba de derechas porque siendo rico, aristócrata y gordo tampoco podía ser otra cosa) probablemente habría dicho de Casado lo mismo que dijo de un ministro de Exteriores muy beato que llegaba tarde a una reunión: “Se habrá ido de curas”.

De todos modos, tampoco se entiende muy bien que Casado prefiera pasar por tonto antes que pasar por franquista, después de haber visto el blanqueamiento sistemático del fascismo en la prensa española y lo bien que queda el aguilucho en las fotos. A estas alturas, cuando la guerra ideológica entre Vox y el PP consiste en ver cuál de los dos es más facha, es posible que el despiste eclesiástico de Casado haya resultado un gol por toda la escuadra. A ver quién se atreve con lo de la derechita cobarde ahora. No olvidemos tampoco aquel sabio consejo de Foxá: “Implantemos el fascismo en España y vayámonos a vivir a cualquier otra parte”.

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