Campaña de pasión

No es lo mismo un cofrade de toda la vida -de esos que empiezan a preparar la túnica y el capirote nada más empezar la Cuaresma-, y que se mete a político, que aquellos políticos que encuentran en la Semana Santa una plataforma excelente para dejarse ver. Y, de paso, lanzar consignas o presumir de la defensa de ciertos valores de su partido aprovechando las multitudes y visibilidad de algunas procesiones. El anuncio de que la primera semana de campaña electoral para las elecciones generales coincidiría con la Semana de Pasión llevó a algunos a rasgarse las vestiduras, planteando incluso la cancelación de actos políticos esos días con la excusa de que no deben mezclarse ambos conceptos. Pero la tentación es muy grande, y los más puristas en lugares como Andalucía o Murcia temen ya la avalancha de políticos en procesión.

El ejemplo más claro de esa línea difusa se vive en Málaga. En los últimos años, coincidiendo con el vertiginoso ciclo electoral, la presencia de líderes políticos de todos los colores y administraciones había difuminado el carácter religioso del desembarco del Cristo de la Buena Muerte a hombros de los legionarios el Jueves Santo, uno de los momentos más emblemáticos de su Semana Santa. Para evitar cualquier politización este año, la junta de gobierno de la cofradía ha pedido personalmente a los líderes del bloque de la derecha, Pablo Casado (PP), Albert Rivera (Ciudadanos) y Santiago Abascal (Vox), que no acudan como habían anunciado al traslado del Cristo de Mena, patrón de la Legión, como se le conoce popularmente. “La inminencia de las elecciones puede hacer que este acto, tan importante para nosotros, casi sea un acto preelectoral”, justifican.

Los tres dirigentes habían anunciado que estarían en Málaga esa mañana en la que se celebra el acto religioso y que acudirían de forma “privada”. Finalmente, tras la solicitud de la Cofradía de la Buena Muerte, los tres dirigentes han descartado acudir y respetar así la decisión de los organizadores. En estos momentos, sus equipos están reestructurando la agenda para ese día.

Casado tenía previsto también asistir a ‘la Madrugá’ de Sevilla (ahora mismo sin confirmar). La procesión a la que sí que acudirá es la de Ávila de este sábado. Según fuentes de los conservadores, el presidente popular saldrá vestido de nazareno “como ha hecho desde hace años” en la llamada Procesión de los Estudiantes. El candidato vestirá túnica y capirote morado; capa, guantes y zapatos negros y cíngulo amarillo y azul. Además, los hermanos llevan la Biblia en la mano.

En Castilla y León, con una intensa tradición religiosa, también los responsables de las cofradías han pedido mesura para que los desfiles procesionales no sean utilizados para hacer campaña. Aunque saben que la trampa está en la opción que tienen muchas hermandades de invitar a las autoridades políticas a título individual, lo que aumenta las posibilidades de exposición de ciertos candidatos en una semana en la que muchos partidos han reducido la actividad al mínimo para evitar suspicacias.

Los habituales

En el lado contrario, están aquellos políticos que llevan años participando de forma activa y con naturalidad en la Semana Santa. La expresidenta de la Junta de Andalucía y líder del PSOE andaluz, Susana Díaz, es fiel a todas las ‘Madrugás’ a la Esperanza de Triana de Sevilla, donde su marido incluso ha participado como costalero. Su sucesor, el popular Juan Manuel Moreno, es asiduo como hombre de trono de la cofradía de Fusionadas, la misma a la que pertenece Antonio Banderas. La fe, devoción o tradición, llega incluso a Podemos, cuyo primer secretario de Organización, Sergio Pascual, ha sido costalero durante una década en la Hermandad de los Estudiantes de Sevilla. Por su parte, el alcalde de CádizJosé María González, ‘Kichi’, eliminó la representación institucional oficial en las procesiones pero acompaña siempre, a título personal, a su madre junto al Cristo Nazareno.

Frecuentan las capillas, acuden a los besamanos y creen que los ciudadanos más devotos no verán mal que sigan haciéndolo este año porque están más que acostumbrados a verles rodeados de cirios. Es el caso de Daniel Pérez, candidato del PSOE a la alcaldía de Málaga y que desde hace ocho años cada Lunes de Pascua saca a hombros al Cautivo, una de las imágenes más emblemáticas de la ciudad. O de Pablo Montesinos, cabeza de lista del PP al Congreso por Málaga y que no falta ningún Jueves Santo al Nazareno de Viñeros. Por su parte, Miguel Garaulet, cabeza de lista por Cs en Murcia, tampoco fallará a su cita de los últimos años portando el trono de la Virgen de la Esperanza después de una década siendo nazareno.

Todos confiesan vivir la tradición con normalidad, combinando la representación institucional cuando son invitados por las cofradías con su disfrute más personal, mezclados con el resto de devotos y acompañados por la familia o los amigos. De hecho, los tres coinciden en señalar esos días como un momento de reencuentros familiares. Montesinos y Garaulet señalan que aprovecharán los actos políticos en otras localidades para conocer más de cerca las procesiones de esos sitios, aunque conceden que la agenda será mucho más liviana la primera semana de campaña por decisión de sus partidos. “Se puede compaginar la campaña con vivir las tradiciones”, indica el dirigente murciano, mientras que Montesinos confiesa que ha podido cumplir sus compromisos y acudir de forma anónima a los “traslados” de las imágenes hasta la casa hermandad para preparar la procesión.

Competición de las derechas

Eso sí, a ninguno se les escapa que haya quien pueda entender que quien acude no es el cofrade, sino el político. Ellos se defienden, y consideran legítimo que, si han acudido en años anteriores, repitan este año. “Lo que no voy a hacer es estar tocando el martillo para iniciar el paso de los tronos” -matiza Montesinos- “pero tampoco faltar el Sábado Santo a Ronda (su localidad materna) porque si no voy a ver la Soledad directamente mi familia me mata”. “No haré competición para ver quién hace más toques de campana”, coincide Pérez, quien días atrás no disimulaba su rechazo a la competición “entre las derechas por ver quién canta más alto el himno de la Legión”.

Pese a su fervor, el momento político se impone al religioso, y ninguno quisiera verse en la tesitura de cambiar un triunfo seguro en los comicios por mal tiempo durante la procesión. “Nos meteremos en la Iglesia, haremos unos rezos y ya procesionaremos el año que viene”, explica Montesinos dejando claras sus preferencias. “Si llueve, es porque Él quiere mojarse, mayor dolor sería no salir de diputado porque creo en mi proyecto”, apunta Garaulet. Pérez zanja: “Espero que no se den ninguna de las dos condiciones”.

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