«Camino de la cruz», el viacrucis del fanatismo religioso

Dietrich Brüggemann estrena su cinta premiada en Berlín y Valladolid Una película basada en sus experiencias en una hermandad católica

El director alemán Dietrich Brüggemann estrena su premiada Camino de la Cruz en España. Ganadora del mejor guion en Berlín y la Espiga de Plata en la Seminci de Valladolid, Camino de la cruz no es la película de un antirreligioso, ni tampoco la furia de un apóstata. Es la película de un autor (dispuesta únicamente 14 planos secuencias) y de una autoridad: Brüggemann perteneció en su adolescencia a la fundamentalista Hermandad de San Pío X.

Recrear al detalle los mecanismos destructores del fanatismo religioso es el objetivo de su cuarta película. “En realidad me gusta la idea de un Dios que lo ve todo, pero no me llamaría creyente. Soy más un materialista: creo que este mundo es el único que tenemos, no hay prueba de nada más allá, así que todo lo bueno tiene que suceder aquí o no sucede en absoluto”, afirma Brüggemann en una entrevista para RTVE.es.

Camino de la cruz muestra 14 estaciones del viacrucis de María, una adolescente alemana sometida por su madre a una estricta y represora educación. Su deseo de integrarse en su entorno choca con la culpabilidad de desobedecer a la autoridad familiar y divina. El ciclo de pecado, confesión, penitencia y enmienda quiebra a la adolescente que vislumbra que el único modo de resolver esa incongruencia es el sacrificio, la ofrenda de su vida.

“Hay una fuerte retórica de sacrificio en la cristiandad, pero lo que la gente dice no tiene que estar necesariamente alineado con lo que hace. Lo que muestra la película es alguien que no habla, sino que quiere hacer el camino y sacrificarse”, dice el cineasta alemán, de 38.

Un capítulo, un plano

Brüggemann no cree necesariamente que la película sea diferente para creyentes o no creyentes. “No creo que puedas etiquetarte a ti mismo como religioso, vegetariano o socialista. No creo que toque el núcleo de lo que eres”, afirma. “Esta película me ha hecho hablar con mucha gente. De la Iglesia y del otro lado. Y he parado de dibujar líneas entre ellos. La única línea por la que puedes separar a las personas es que hay personas con las que conectas y personas con las que no”.

Camino de la cruz está formada por 14 planos (uno por estación-capítulo), la mayoría de ellos estáticos. Pese a lo artificioso de la idea, los diálogos y la dirección de actores forman una sensación de naturalidad, alejada de propuestas aparentemente similares en temática y estilo como Paraíso: Fe de Ulrich Seidl. “Él siempre ha sido una referencia, amo sus documentales, pero no me gustan sus ficciones porque siento que no veo a gente real, sino las ideas de Seidl”.

¿Es Camino de la Cruz una terapia para Brüggemann? “No lo sé. Todas las buenas películas son terapéuticas en el sentido de que te hacen experimentar la misma sensación que interactuar con otros. Intercambiar con otras personas nos hace crecer espiritualmente y también más sabios. Lo bueno del cine si está bien hecho, y no hay muchas películas buenas, es que funciona de ese modo: atraviesas una experiencia que te puede hacer crecer. Quizá es una ambición muy atrevida, no lo sé”.

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