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Benedicto XVI reúne en Santiago a menos gente de la prevista

Comerciantes y hosteleros muestran su decepción tras las grandes expectativas La multitudinaria misa en el Obradoiro y la cita con Rajoy pusieron el broche

Tras el bombazo a bordo del vuelo de Roma a Santiago, donde comparó el laicismo de la España actual con los tiempos de la quema de iglesias y la persecución de curas, Benedicto XVI fue calurosamente recibido a pie de pista por los Príncipes y los representantes de los gobiernos central y gallego. Pero también se encontró con una ciudad enfriada por una densa niebla y con menos seguidores de los 200.000 que había previsto la organización. El paso del Papa por Galicia ha costado unos tres millones, inversión bien empleada para muchos en la convicción de que la comunidad se iba a convertir en centro de la atención mundial. Pero la decepción de comerciantes, hosteleros y hasta de fieles era ayer patente.

Los expertos vaticanólogos advirtieron que el papamóvil que le trasladó del aeropuerto a la ciudad circuló a más velocidad de los habituales 10 kilómetros por hora, y con menos gente en las márgenes de las avenidas. También creyeron ver al Papa más cansado, a pesar del envidiable estado de forma a sus 83 años.

El baño de masas tuvo como escenario la catedral compostelana. El Pontífice se saltó varias veces el protocolo para dirigirse a saludar a fieles y a obispos que le esperaban con aplausos, vítores y aclamaciones. Recorrió el templo bendiciendo y besando a niños. Triunfó ante los suyos, sobre todo al empezar y concluir su alocución con un gallego «moitas gracias». Tras los discursos, voló el botafumeiro. Y el acto concluyó con un rezo en latín.

El Papa se retiró al palacio arzobispal, donde almorzó con los obispos un menú compuesto de quesos, vieiras, empanada de bacalao, crema de grelos, jarrete de ternera, filloas, leche frita, tarta de almendras y una reproducción en chocolate de la catedral de Santiago, elaborada por 20 alumnas de un colegio mayor. El menú arzobispal fue lo único que trascendió de una comida que contó con la plana mayor de la Conferencia Episcopal Española. Fuentes del organismo obispal anunciaron que se hará una evaluación detallada de la visita de Benedicto XVI durante la próxima asamblea plenaria, que se celebrará la última semana de noviembre.

CONCELEBRACIÓN SIN PAR Tras el descanso que siguió a la comida, Ratzinger presidió la gran ceremonia eucarística, concelebrada con 120 obispos ante unas 6.000 personas que llenaban la plaza del Obradoiro desde primeras horas de la mañana. Pero a pesar de que en la ciudad en general había menos gente de la esperada, allí no cabía un alfiler. Y vuelta a insistir, ante un auditorio emocionado y apasionado, en la misión pastoral que le ha conducido a España: «Europa arrincona a Dios. Hay que salir de esta tragedia. ¿Cómo? Abriéndose a él».

CARAS DEL PP Ocupaban lugares destacados en la ceremonia caras muy conocidas de la plana mayor del PP, como María Dolores de Cospedal y Jaime Mayor Oreja, con Mariano Rajoy a la cabeza. El Papa tuvo un breve encuentro con el líder de la oposición antes de partir rumbo a Barcelona. «Ha sido un día histórico para Santiago, mi ciudad natal, para Galicia y para España», sentenció Rajoy tras su entrevista con el Pontífice.

«Sí, sí, nos vamos a Madrid», fue el grito con el que se despidieron los jóvenes fieles del Papa. Esa cita, el próximo mes de agosto para la Jornada Mundial de la Juventud, convertirá a España en el país más visitado por Benedicto XVI, incluso por delante de su Alemania natal.

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