«Bautizos» al margen de la Iglesia

En varios concellos prosperan las «ceremonias de acogimiento civil»

No hay sacerdote, no hay vela, no se vierte agua sobre la cabeza del pequeño, ni se leen pasajes religiosos. Por supuesto, no hay iglesia. Desde hace unos años, en Galicia existen ayuntamientos donde, previa solicitud de los padres y estando empadronados en dichos municipios, se puede realizar una ceremonia que tiene varias denominaciones: acogimiento civil, bienvenida a la comunidad, imposición de nombre e incluso otorgamiento de carta de ciudadanía. Cualquiera podría ser correcto y, sin embargo, el que más ha calado es el de «bautizo civil o laico». Mal llamados de ese modo. Se habla incluso de «saludo» al recién nacido como «ser humano». Pueden designarse, como en el rito católico, unos padrinos.

Una docena

Fue el municipio de Igualada (Barcelona) el que abrió la veda de estas celebraciones, allá por el 2004. Siguieron después otros: Rivas (Madrid) o El Borge (Málaga), por citar algunos. Así hasta que, poco más tarde, la cosa llegó hasta Galicia. Entró por Guitiriz (Lugo), el primer ayuntamiento que, a inicios del 2005, comenzó a valorarlo. Lo hizo respondiendo, según explican también los demás concellos, a demandas concretas de alguna pareja.

También el vecino Begonte (Terra Chá) siguió la iniciativa, así como Oleiros (A Coruña) y Marín (Pontevedra). Redondela parece que también se anima y Moaña lo testó, pero finalmente, según confirman, la cosa se quedó en nada. No es algo masivo: sumando todas las ceremonias rondarían la docena. En Guitiriz se oficiaron 5 y, tanto en Marín como en Begonte, solo una. Eso sí, preguntas, muchas.

Cuentos, fotos o música

«Púxenme en contacto con Igualada, enviáronme a ordenanza que eles tiñan e finalmente aquí tamén foi aprobado. Co tempo fomos modificando cousas, mellorando», explica la alcaldesa de Guitiriz, la socialista Regina Polín. Tanto en este como en los otros, la opción está institucionalizada. «Creo que é darlle unha posibilidade máis ás familias; é un motivo para un encontro, un acto de celebración», considera.

Una opción personalizada, ya que además de leerse algunos artículos de la Convención de los Derechos del Niño y, generalmente, alguno de la Constitución, «os padriños, ou os pais, poden facer unha intervención, ás veces contan un conto [O demo vai de padriño fue uno de ellos] ou len un texto. Nun dos casos, o pai era francés e liu nesa lingua. Tamén se ten feito unha proxección de fotos», explica Polín. En Guitiriz ha habido niños de meses, pero también alguno de cuatro años. En Marín, no han de superar los dos. Al frente del oficio: alcalde o alcaldesa, concejal o concejala. Pueden acudir invitados.

¿Y cómo definir todo? Como «un acto de natureza civil e laica que ten por finalidade a presentación dos nenos e nenas á sociedade, coa pretensión de que sexan integrados na comunidade e partícipes de dereitos, liberdades e deberes que a todos atinxen». Buscada la opinión católica, José Carlos Alonso, sacerdote de varias parroquias de Oleiros, considera: «Toda persona, sea cristiana o no, tiene derecho a ser presentado en sociedad, así que la ceremonia me parece bien». Lo que le sorprende es la contraposición civil-católico. ¿Los católicos no se presentan, entonces?

Un registro propio

Para los niños así recibidos existe en esos concellos un registro, aunque la inscripción en él, dice la ordenanza de Marín, «non terá calificación xurídica» ni efectos legales. Pero la cosa va a más. «Estamos intentando que tamén se poida oficiar con nenos non empadronados», adelantan en Guitiriz. Polín lo ve incluso como filón turístico: si van hasta allí para la ceremonia, también celebrarán la fiesta en los alrededores.

La pequeña Elisa, el día en que se celebró su ceremonia de acogimiento civil, en Marín.
Autor de la imagen: mónica ferreirós

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