Arabia Saudí elimina la obligación de los accesos y los espacios segregados por sexo en los restaurantes

Lojain Sami, pianista, toca en el bar Lojain Alkhursani de Khobar, Arabia Saudí. Hamad I Mohammed REUTERS

En Arabia Saudí, los restaurantes debían contar con dos entradas y espacios internos diferenciados para familias y mujeres, por un lado, y para hombres, por otro. Una medida derivada de la estricta segregación por sexos que este domingo un comunicado ministerial ha eliminado, en la enésima resolución de un régimen que aspira a abrirse.

«Se cancela el requisito de que los restaurantes y cocinas tengan dos accesos, uno para las familias y otro para los solteros«, ha decretado el ministerio de municipalidades y asuntos rurales saudí en una nota divulgada en su cuenta de Twitter. La histórica suspensión aparece agazapada entre tecnicismos y una docena de medidas dirigidas a la gestión de escuelas, hospitales y otros establecimientos públicos «para atraer inversiones y crear nuevas oportunidades de negocio«.

La resolución supone, en la práctica, mitigar la rigurosa segregación por géneros que dominaba hasta ahora la escena pública en el reino ultraconservador y que en los últimos meses ha ido esfumándose de centros comerciales, cafeterías, salones de actos y conciertos.

El fin de la obligación de establecer puertas diferenciadas también afecta, como se indica en la nota, a la distribución interna de los restaurantes, donde hasta ahora existían zonas para hombres y familia. Según el documento, a los establecimientos no se les exige «establecer espacios privados«. Hasta la fecha, en los restaurantes pequeños sin espacio de segregación, la entrada de las féminas no estaba permitida.

Cuando se pasea por Riad, la capital saudí, la relajación de esa segregación de durante décadas impidió a varones y féminas compartir el espacio publico es uno de los efectos más visibles del aperturismo que propugna el príncipe heredero Mohamed bin Salman. En esa línea, hace tres años las autoridades redujeron las competencias de la policial moral a cargo de proteger «la virtud» y «prevenir el vicio» y que, hasta entonces, vigilaba sin contemplaciones la segregación por sexos.

La decisión, que no es de cumplimiento obligatorio, deja ahora en manos de los dueños de los locales la eliminación o mantenimiento de los accesos y las zonas internas. La separación por sexos seguirá vigente en otras instalaciones públicas como hospitales, escuelas y universidades.

En los últimos años, el reino ha eliminado la prohibición que impedía conducir a las mujeres; ha apostado por el entretenimiento y el empleo femenino, partiendo de la necesidad perentoria de diversificar su economía. «Bienvenidos a la nueva Arabia Saudí«, proclamó a principios de esta semana un embajador saudí en una cumbre internacional celebrada en Riad, al explicar la «nueva filosofía» que mueve al país.

En sus alocuciones públicas el príncipe heredero Mohamed bin Salman ha insistido en su intención de que el reino ultraconservador, cuna del islam más intolerante, «regrese al islam moderado». El hijo del actual monarca culpa del conservadurismo a los acontecimientos vividos en 1979 con la revolución islámica en Irán y el asalto y la toma de la Gran Mezquita de La Meca por un grupo de islamistas liderado por Yuhaiman al Otaibi en protesta por la «occidentalización» de la sociedad saudí.

ZONAS RESERVADAS

La reversión de esas medidas ha tenido como principales beneficiaria a la población femenina, que hace dos años pudo acudir por primera vez a acontecimientos deportivos en zonas reservadas para familias en los estadios. El acceso de las niñas a la educación física y la apertura de gimnasios exclusivos para mujeres son también medidas recientes.

El repentino aperturismo, no obstante, está marcado por las contradicciones. Las medidas han tenido acogida distinta en las zonas urbanas y rurales y ha provocado las reticencias de los sectores más ortodoxos. El pasado septiembre el reino aprobó una nueva ley de «decencia pública» que castiga el atentado contra la modestia, las muestras públicas de afecto o los grafitis. Una norma criticada por activistas y opositores que trata de contentar a los sectores más recalcitrantes. Las autoridades mantienen, además, el sistema de tutela masculina sobre las féminas.

Las reformas -incluidas en Visión Saudí 2030, una estrategia para «acabar con la adicción al petróleo» del reino- han quedado deslucidas e incluso cuestionadas por las acciones que Bin Salman ha liderado desde su llegada al ministerio de Defensa y su salto a la primera línea de sucesión: la aventura belicista en el vecino Yemen, la mayor crisis humanitaria del planeta; la persecución interna contra activistas y disidentes; y el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en el consulado saudí de Estambul hace un año.

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