Adolfo Suárez: transición política, pero no religiosa

En materia religiosa, como expresa Rodríguez de Castro, “el cambio que exigía el tiempo histórico era sustancial, pasar de un régimen confesional católico a otro que debía integrar en igualdad a una parte de España, la no católica, que quedaba discriminada frente a la otra. Los principios de libertad religiosa y aconfesionalidad del Estado, para que pudieran caber todos los españoles, católicos, creyentes no católicos y los no creyentes, se marcaron en unas nuevas bases, el enfoque hacia una nueva perspectiva, y el inicio del camino hacia una Europa de las libertades”.

Unas bases, expresa Monroy, que en parte se debe a que “de todos los presidentes habidos tras la muerte de Franco, Adolfo Suárez fue quien mejor entendió el profundo significado de la libertad religiosa y quien más hizo para promoverla”.

Pero lo que sin duda fue un cambio positivo dejó lagunas en diversos aspectos en opinión de varios de nuestros interlocutores.

Así, X. M. Suárez ve que dejó “enquistada la transición democrática en el terreno religioso”, en parte, nos relata, "gracias a Suárez y a los poderes fácticos la transición no se completó en el área religiosa. Ciertamente, en este terreno no estaría nada mal el 'café para todos': reconocerle a todos los mismos derechos que a la ICR"..

Algo en lo que coincide Pedro Tarquis (director de Protestante Digital) que ve “indudables avances con la democracia”, pero también la persistencia de una “confesionalidad encubierta del Estado, de lo que son simple muestra los funerales católicos de Estado por las víctimas del 11M que pertenecían a diferentes confesiones o simplemente no eran creyentes”. En su opinión, “se pusieron las bases y se logró una meritoria transición política, pero no para una transición igual de real y práctica en el terreno religioso, aunque esto no es sólo responsabilidad de Adolfo Suárez”.

César Vidal es más concreto y amplio en su visión de las sombras de la actuación de Suárez, ya que en lo que se refiere a la libertad religiosa, “Suárez estuvo atado de pies y manos desde el principio. En 1976, se firmó el primer acuerdo – pre-constitucional – entre la iglesia católica y el Estado que, expresamente, señalaba que los futuros acuerdos se basarían en ese primero. En otras palabras, para cualquiera que supiera derecho resultaba obvio que la constitución quedaría condicionada por un pacto pre-constitucional”.

Por ello, añade, “No se establecería una verdadera separación entre la Iglesia y el Estado, la iglesia católica sería mencionada expresamente como un ente superior a cualquier confesión y las otras confesiones sólo tendrían dos opciones, o bien combatir la estafa o bien sumarse a ella”; lo que ha hecho que se proporcione “a la iglesia católica la coartada moral para seguir vaciando los bolsillos de los contribuyentes como lo ha hecho durante siglos y reduciéndonos (a los evangélicos) a la categoría de segundones”.

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