8M: la rebelión de las mujeres iraníes contra el uso obligatorio del «hiyab» (velo) y el código de segregación de Khomeini

Un 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, las iraníes se rebelan contra el uso obligatorio del «hiyab» (velo) y el código de segregación de Khomeini. La lucha continúa.

El 8 de Marzo de 1979, 100.000 mujeres tomaron las calles de Teherán, la capital iraní, para protestar contra la decisión obligatoria del nuevo gobierno islámico sobre el «hiyab» o «velo», lo que significaba que a las mujeres se les exigiría llevar un pañuelo en la cabeza cuando estuvieran fuera de casa. Esto representaba una lucha contra todo el nuevo código de segregación hacia las mujeres que pretendía imponer Khomeini, quien había regresado al país para ponerse al frente de un gobierno provisional luego de que comenzara la revolución, durante los primeros días de 1979. Muchas mujeres amenazaron con quemarse a lo «bonzo». Una parte de la manifestación tomó el Palacio de Justicia y la otra organizó una sentada en la gran Mezquita de Teherán. Las Brigadas de Islamización de Khomeini atacaron con cuchillos a las mujeres pero fueron detenidas con enorme valor.

La protesta convocó a mujeres de todos los ámbitos. Enfermeras, obreras, estudiantes, madres, -acompañadas de varones trabajadores y estudiantes-, marchando con los brazos levantados en señal de protesta, encabezando la movilización.

Esta enorme manifestación duró tres días consecutivos, estableciendo una huelga general. Este hecho es muy poco conocido, pero implicó una primera gran resistencia al inminente nuevo régimen reaccionario islámico.

A principios de 1979 se había desarrollado una de las revoluciones más potentes y controvertidas de la historia: la caída de la tiranía del Sha Reza Pahlavi por la movilización de millones de personas, con la intervención de trabajadores y trabajadoras fue comparada con el proceso revolucionario de Rusia en 1917.

Pero la fuerza que desplegó la clase obrera en términos de organización y combatividad no logró eludir la influencia de los líderes religiosos chiítas. Entre ellos estuvo la figura emblemática del ayatolá Ruhola Khomeini, quien fue el líder principal en quien las masas confiaron por sus discursos anti monárquicos y anti imperialista, con la promesa de una «democracia islámica». Por su puesto que sus verdaderos intereses eran otros.

A los pocos días de su retorno de Francia, el 2 de febrero de 1979, decidió imponer rigurosas y opresivas leyes de segregación social hacia las mujeres, obligándolas a respetar un código de vestimenta que implicaba taparse todo el cuerpo (menos las manos y la cara), con la Hiyab» o «velo». También el deporte, el autobús y la playa segregarían a las mujeres, para transitar en la vía pública debía hacerlo acompañadas del esposo o sus familiares varones; la escuela para las casadas fue prohibida, y la edad de casamiento se permitió a partir de los 9 años para las mujeres. Se perdió el derecho al divorcio, e incluso les estaría vetada la posibilidad de ocupar cargos políticos, menos aún los máximos. Además de introducir castigos por adulterio como la cárcel, torturas a latigazos públicos o las lapidaciones.

Este plan obtuvo una enorme resistencia de gran parte de la sociedad, que durante todo el año anterior se había organizado en distintas organizaciones tanto islamistas como partidos de izquierda y guerrillas para derrocar al Sha Reza Pahlavi. Los más avanzados fueron los shoras, consejos de fábricas, que controlaban la producción para abastecer el mercado interno, y el estratégico petróleo iraní.
La enorme demostración de fuerza de las mujeres iraníes en su día, fue derrotado. El aplastamiento al movimiento de mujeres, los shoras y la oposición política le permitieron al régimen de Khomenei asentarse como un régimen político reaccionario que dura hasta nuestros días.

Aún así, es importante destacar que durante más de 40 años, con todas la dificultades que implica la vida bajo un régimen opresivo como la teocracia iraní, las mujeres siguieron (y siguen) resistiendo y recuperando paulatinamente algunos derechos como el acceso a las universidades, en las cuales hoy las mujeres representan el 62% de los estudiantes.

SOlo una revolución de trabajadoras y trabajadores que derrote al régimen de los Ayatollahs otorgará sus plenos derechos y libertades. Los últimos levantamientos de jóvenes, trabajadoras y trabajadores en Medio Oriente muestran esta posibilidad.

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