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Wikileaks: el juicio contra Julian Assange

El jueves, 28 de octubre, tuvo lugar la segunda y última jornada de la vista oral del recurso de EE UU para la extradición de Julian Assange. Este mismo año, la juez de distrito Vanessa Baraitser sentenció que Assange no puede ser extraditado a EE UU debido a su autismo, a su depresión y a las condiciones que se encontrará en una cárcel estadounidense; resolvió que había muchas probabilidades de que se suicidara. Lo preocupante es que no puso en tela de juicio los cargos por los que Assange puede ser extraditado. Organizaciones que van desde Amnesty International y la American Civil Liberties Union en EE UU hasta la National Union of Journalists en el Reino Unido han exigido la puesta en libertad de Assange, señalando la grave amenaza que supone su encarcelamiento para la libertad de prensa.

Todos los cargos que pesan sobre Assange se refieren al hecho de haber publicado vídeos y documentos relativos a las guerras de Afganistán e Irak. Las publicaciones de Wikileaks revelaron el asesinato de civiles desarmados y una cultura de crueldad y explotación a manos de Occidente. Si Assange va a EE UU y lo declaran culpable, ello sentará un precedente para que EE UU pueda acusar a periodistas de cualquier parte del mundo de cometer delitos tan graves como el espionaje, simplemente por desempeñar las actividades periodísticas corrientes. Estas actividades incluyen la recopilación de datos confidenciales en una nube personal, la petición a una fuente de facilitar más información y la ayuda para evitar su detención.

Muchas de las publicaciones de Wikileaks, la organización fundada por Assange, se refieren al poder de los monopolios tecnológicos. Wikileaks dice que su propósito es hacer que la gente se forme una idea más precisa de cómo operan esas empresas. El filósofo Slavoj Žižek ha dicho que Wikileaks es el servicio secreto del pueblo; sin duda ha sido una de las únicas fuentes de información que nos permiten cuestionar los poderes oscuros e impropios de muchas entidades públicas y capitalistas. A resultas de ello, Assange se ha granjeado poderosos enemigos. Su procesamiento dura ya más de diez años y ha pasado los últimos dos junto a criminales violentos o en una celda de aislamiento en la cárcel de Belmarsh (a pesar de no estar acusado de ningún crimen).

La prensa popular apenas ha prestado atención al juicio y ha contribuido a difundir un flujo continuo de propaganda contra Assange y Wikileaks. Numerosos periodistas afirman con desdén que Assange es un paranoico que se da mucho autobombo y que podría haber abandonado su encierro en cualquier momento de los siete años que pasó en la embajada de Ecuador. Una reciente exclusiva de Yahoo! News reveló que la CIA planeaba asesinar o secuestrar a Assange cuando se hallaba en la embajada, y en un juicio separado en España se examina la actividad de una empresa privada que vendió a EE UU información sobre todas las conversaciones de Assange e incluso sus visitas al cuarto de baño. Ningún periodista se ha dignado contrarrestar la campaña de difamación. De hecho, The Guardian ni siquiera se ha retractado de un reportaje en primera plana que afirma que Assange se había reunido con el presidente del comité de campaña de Donald Trump, Paul Manafort.

Como detalla Assange en su libro When Google Met WikiLeaks, el modo en que monopolios tecnológicos que no están obligados a rendir cuentas colaboran con Estados occidentales debería preocupar a todo el mundo. A pesar de que no hay pruebas hasta la fecha (y quién si no Wikileaks podría hallar esas pruebas), la periodista británica Ash Sarkar comentó la semana pasada que dado que YouTube desmonetizó un vídeo de Novara Media sobre Wikileaks unos meses antes, a ella no le extrañaría que la reciente supresión sin previo aviso del canal de Novara Media en YouTube por motivos espurios tuviera que ver con el hecho de que haya publicado otro vídeo sobre el juicio contra Assange.

Las instituciones han dejado claro que la delación solo es aceptable dentro de límites estrictos. Toda persona que se opone a nuestra democracia cada vez más tutelada, a la vigilancia y la manipulación de la ciudadanía por parte de los Estados y a la violencia secreta que practica el imperialismo occidental, debe prestar mucha atención a este juicio. Las mismas agencias internacionales que han obstruido el camino al socialismo genuino en todo el planeta han hecho de este juicio un asunto marginal. Más socialistas deben manifestar su repulsa, de lo contrario corremos el riesgo de perder buena parte de nuestra capacidad de resistir en el futuro.

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