Visita papal… ¿política o mal negocio para México?

Durante la época colonial la iglesia católica jugó un papel importante en la enseñanza de los nativos de América acerca de los usos, creencias y costumbres de la cultura europea vigente en esos años. La iglesia católica incentivó la edificación de templos para adoración de inspiración judeo-cristiana, suplantando con esto,  los templos ya existentes y dedicados a deidades consideradas paganas.

Años después, cuando se estableció un orden político de apariencia más laica, se erigieron edificios  representativos de la investidura dada a los gobernantes  de carácter eminentemente político y, finalmente, para complementar la “triada de necesidades de comunidad”,  las autoridades construyeron canchas deportivas y espacios recreativos diversos para la población. La usanza romana se había completado: “Al pueblo pan y circo”.

Para el año 2012, al pueblo mexicano solamente le ha quedado el circo, el pan se ha ido de las manos del pueblo, huyó lejos de la pobreza y ahora es necesario ganárselo con más sudor que el de la frente, el ejemplo más palpable de la permanencia del “circo” o entretenimiento en la sociedad mexicana, es la visita papal a Latinoamérica que se efectuará d el 23 al 29 de marzo de 2012. Y que la Arquidiócesis primada de México anuncia de la siguiente manera:

“Por medio del editorial titulado 'La visita del papa Benedicto XVI' publicado en su órgano de difusión 'Desde la fe', La Arquidiócesis Primada de México afirmó que el obispo de Roma ha hecho una gran distinción al visitar este país.

En el documento antes citado, la Arquidiócesis Primada de México,  consideró que el pueblo mexicano sabrá recibir con generosidad y respeto al Vicario de Cristo, quien hace un esfuerzo enorme para trasladarse a estas tierras considerando la fragilidad propia de un hombre de 84 años y del desgaste que su encargo implica.

Los mensajes que de ahí se emitan, explicó, estarán dirigidos a la nación entera, a toda la Iglesia y a todos los que estén interesados en escuchar su mensaje, independientemente de que se trate de un territorio con una cultura cristiana muy arraigada”.

Y el editorial antes mencionado afirma lo siguiente también:

“En nada ayudan a la comprensión y valoración de la visita del papa Benedicto XVI a México aquellas opiniones que rayan en lo ridículo señalando que viene a apoyar gobiernos o partidos políticos o llegar al absurdo diciendo que quiere una reivindicación por la persecución religiosa del siglo pasado”.

“Hablar a una nación entera”  es un asunto político. La visita de una figura que tiene autoridad en las decisiones del pueblo por medio de la fe tiene un alto peso en el futuro que toma esa sociedad y sus disposiciones, aceptando que las creencias de las personas merecen respeto de sí mismas. Desestimar el peso que las creencias tienen sobre otras áreas como las decisiones políticas personales significa desvalorizar el sentido de realidad de los sujetos.

México tiene una historia larga y consistente respecto a recibir a pontífices de la iglesia católica, siendo destacable que estas visitas siempre implican gastos económicos fuertes asumidos por el gobierno con fines de “seguridad nacional” o con la apariencia de una visita hecha por un jefe de estado, lo cual es totalmente un discurso orientado al terreno político, del cuál  se pretende desmarcar el texto emitido por la Arquidiócesis de una manera fácil y poco exitosa.

Por otro lado,  es controvertible que el dinero público sea gastado en una visita papal, más aún si la educación religiosa de un país no es responsabilidad constitucional en México, porque la educación es laica por mandato de ley. Asimismo el cubrir los gastos de una autoridad religiosa en territorio mexicano es un  claro desacato al carácter laico del gobierno democrático y soberano de los Estados Unidos Mexicanos y un egreso que no todo el pueblo mexicano avala. La leyenda del manejo “discrecional” del dinero de las arcas públicas no es historia nueva, las visitas papales y de personas con una cuestionable investidura de jefes de estado, celebridades o “invitados distinguidos” han sido un gasto fuerte para el pueblo mexicano desde hace más de 50 años.

El punto no es cuestionar el mérito de esas visitas, sino hacer pensar en que las necesidades actuales de un país como México son otras, empezando por un sistema de responsabilidades más organizado en el gobierno y en el cómo maneja los recursos del país. La época de los gastos discrecionales ha pasado y sea o no el objetivo, la visita de un líder espiritual significa tanto un alivio para los creyentes de la fe católica, como un excesivo peso a la desgastada economía mexicana y que afecta de paso a ciudadanos cuyos impuestos no fueron cubiertos para subvencionar eventos como la visita de un “jefe de estado”.

El estado Vaticano bien puede costear la estadía de sus pontífices en muchos países como un primer acto de palpable caridad y el hacerlo en un país como México, sería un buen comienzo para realmente demostrar que no desean tener injerencia en asuntos políticos, comenzando por no absorber el dinero de los ciudadanos mexicanos hacia la manutención de una visita de buena voluntad y carente de fines políticos como lo recalcan las palabras antes citadas de la Arquidiócesis.

¿A cuánto creen que ascienda la cantidad de dinero que se gastará para garantizar la seguridad de el Papa en México?, incluyendo salarios de policías, agentes de tránsito y las pérdidas que sufrirá la ciudadanía por tener afectada la circulación de acceso a sus trabajos o escuelas por el paso del ya famoso “papamóvil”. Se los dejo para mañana…

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