Virgen santa, Virgen pura, haz que gane esta legislatura

Había revuelo en las divinas alturas desde hacía mucho tiempo. Dios Padre, su Único Hijo, los ángeles, los arcángeles, los tronos, las dominaciones, las advocaciones marianas, todos venían siendo unánimes en el triste diagnóstico: la derecha granadina llevaba un año y medio gobernando la Diputación, ¡un año y medio, que se dice pronto! y se estaba comportando como el rojerío que la precedió. Ni un detalle con la patrona provincial. Ni una mención. Ni un reconocimiento. Ni un besamanos. Ni una humilde medallita. Nada. Como si no existiera.

Ellos, bien arrellanados en sus poltronas y la pobre Virgen de las Angustias, solita y llorosa allá en las alturas, olvidada de todos como un trasto, como un mueble viejo e inútil, ¡ah, ingratos, qué poca memoria, qué pronto habían olvidado con cuánto fervor se dirigían secretamente a ella en sus oraciones allá por la dulce primavera de 2011 (Virgen Santa, Virgen Pura, ayúdame a ganar esta legislatura) para que, mediante su divina intercesión, volviera de nuevo a las católicas manos la ansiada Diputación, como en el glorioso 36!

Y les ayudó, vaya si les ayudó: Sebastián Jesús Pérez Ortiz, presidente provincial del PP, es hoy el jefe, el dueño, el masca, el capitán, el Mouriño de Granada, el puto amo, y para demostrar su poderío y su agradecimiento a la Señora sin cuya intercesión él nunca habría alcanzado las alturas del poder provincial, el hermano Sebastián Jesús ha decidido otorgar a la Virgen de las Angustias la medalla de oro de la provincia.

La corporación tiene previsto hacer efectivo el reconocimiento en la sesión de hoy. Será un bonito día. Jornada gozosa en Granada y día grande en el cielo. Por supuesto, no han faltado los aguafiestas de siempre, gente esquinada y descreída que pretende que no es lícito otorgar la medalla a la Virgen de las Angustias porque el Reglamento de Honores y Distinciones de la Diputación estipula que la preciada condecoración solo puede otorgarse a personas físicas o jurídicas. Además de incrédulos, ¡qué ceporros y poco leídos!, ¡qué ágrafos en teología!, ¡qué analfabetos en las divinas cosas! ¡Los muy desgraciados ni siquiera saben que, al igual que los de Bilbao, que nacen donde quieren, las vírgenes son lo que les venga en gana ser, virgen física si quieren, jurídica si les apetece, teológica si lo desean o virgen a secas si así les cuadra!

¿Acaso no luce la granadina virgen el bello fajín de Capitán General que le fue otorgado en sesión no menos solemne allá por el año 1955? Entonces nadie se quejó del homenaje, ¿verdad? Los descreídos no dijeron entonces ni mu. ¡Qué atrevidos hogaño, mas qué cobardes antaño! Pues bien, cuando se celebre el acto de imposición propiamente de la medalla de oro ya decidirá la Virgen de las Angustias qué hacer, si recogerá la distinción ella misma en persona, ya sea física o jurídica, obrando así un milagro que sería otro más de los muchos que de ella se tienen documentados, o si enviará en su nombre a un representante suyo, bien sea cura, obispo, arzobispo, cardenal o dirigente granadino del PP.

De nuevo Granada es hoy faro y ejemplo de la cristiandad. ¡Qué orgullosos estarían de ella la gran Isabel y el glorioso Fernando! ¡Cómo lloraría de emoción nuestro añorado jefe del Estado Francisco! ¡Qué no dirían en un día como hoy los jefes de los tres ejércitos que en el 55 humildemente le cedieron el fajín de capitana! ¡Ah, y aunque sea en verdad lo de menos, cómo estarán de felices los estrategas del PP! Si ya arrasaban electoralmente en Granada incluso habiendo dado la espalda a la Santísima Virgen durante tantos años, ¡qué absolutas mayorías no les aguardarán ahora que han convertido a la Señora en su aliada teológica y electoral!

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