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Víctimas de la ‘criptosecta’: “Te comen el coco para que captes a alumnos”

Víctimas que han abandonado la organización IM Academy, investigada por estafa en España, denuncian sus técnicas sectarias

En febrero de 2020, dos amigos invitaron a Antonio a unirse a un “proyecto” sobre mercados financieros que cambiaría su vida. Les dio largas porque andaba liado con los exámenes de informática. Pero insistieron y Antonio, que tenía 20 años, accedió a verles en un bar de Málaga. Le hablaron de cambio de divisas, del flujo del dinero, de libros de un asesor de Donald Trump. Antonio no lo sabía, pero estaba a punto de ser captado como alumno de IM Academy, la plataforma investigada por la justicia en España por estafa y por sus métodos sectarios.

La perspectiva del dinero fácil le sedujo. “Quería mi casita a pie de playa, vivir sin el típico agobio de no tener dinero”. Pero primero tocaba pagar: 200 euros por la matrícula y el primer mes de formación. Antonio arrugó la nariz (“era pasta”), pero tenía ahorros por haber trabajado como socorrista. “La primera semana fue genial. Empecé a ver vídeos sobre trading y aluciné. Luego he sabido que eran cosas muy básicas”.

Uno de sus guías en la academia le sugirió ver vídeos de Iván B., que importó el modelo IM Academy de Estados Unidos a España y fue uno de los detenidos por la Policía el pasado marzo. “Explicaba que su familia no había creído en él y, aun así, había llegado donde estaba”, dice sobre un hombre que alardeaba en redes sociales de un alto tren de vida. En los vídeos, Iván B. atribuía la riqueza solo al esfuerzo personal (“el éxito y el fracaso dependen de ti”) y, en un momento dado, llegaba al meollo del asunto: ofrecía a los alumnos la posibilidad de atraer a otros para ganar dinero.

Lograr más y más alumnos es la clave del negocio de la academia, porque pagan la cuota y porque muchos acaban invirtiendo en las “señales”, unas órdenes de inversión que la cúpula envía a través de enlaces y con las que siempre —vaya bien o mal la inversión— ganan dinero, a través de comisiones. Si atraía a dos personas, Antonio disfrutaría gratis de los 150 euros de la cuota mensual. Con tres personas, empezaría a generar ingresos. Y así, en una estructura jerarquizada en cuyo vértice están los chairman, idolatrados por el colectivo de jóvenes que, en América y Europa, se han sumado a un movimiento que promete la “libertad financiera” a los “emprendedores” pero que, en la práctica, les explota como comerciales y les hace perder dinero.

“Me dijeron que hiciera una lista de diez contactos, amigos y familiares, para explicarles el proyecto. Me dieron un guion con lo que tenía que decir”. Estaba haciendo lo que sus amigos habían hecho con él. Pasaba, sin saberlo, de víctima a facilitador. Le pudieron las ganas de prosperar. “Te comen el coco con vídeos de motivación para que captes a gente. Te meten presión, te dicen que dos más y te sale gratis. Y tú estás en plan, ‘¿por qué no?’ Piensas que es algo positivo para ti y para los demás”.

Antonio se volcó. “Me vi repitiendo los mismos argumentos que el resto. Dedicaba casi todo el día a la academia, a llamar a gente, a formarme. Como siempre he sido muy estudioso, mis padres no se dieron cuenta”. Familiares de alumnos explican que sus hijos cambian en pocos meses de personalidad, dejan sus estudios y trabajos e incluso se marchan de casa atraídos por las promesas de IM Academy. “Repiten lo que les dicen como un loro. Cuando les preguntas algo fuera de guion, se sienten incómodos. Muchos se van alejando de su familia, de sus círculos. No tienen tiempo más que de captar y captar”, cuenta Miguel, cuya expareja sigue dentro de la academia.

Arnau, de 21 años, llegó atraído por las criptomonedas, pero pronto pasó a captar alumnos. “Estaba plenamente convencido. Me sentía invencible. Si me dedicaba al 100%, saldría millonario, era cuestión de esfuerzo”, asegura este joven de Barcelona que llegó a abandonar un grado medio para dedicarse en cuerpo y alma al negocio. “Iba a todos los eventos y repetía el argumentario. Al presentar un proyecto, decía a la gente que no hablara con la familia porque tal vez no les entenderían”. Ahora trabaja, pero dice que se arrepiente de haber dejado los estudios y que ha sentido “mucha vergüenza” por haber vendido un curso que era una estafa. Permaneció en la academia hasta 2021, cuando vio la investigación sobre la academia del youtuber Carlos Tamayo y decidió irse. Llegó a reunir “un equipo de 30 personas” y a ser Platinum 600, una de las categorías de la pirámide.

Antonio no fue tan buen comercial y siempre conservó un punto de escepticismo. “Mantuve mi esencia, si algo no lo veía ético, lo decía”. Llegó a captar a dos amigos, a quienes más tarde pidió disculpas. Pero a los cinco meses, decidió irse. “Empezaron a meter videollamadas motivacionales por Zoom, con eventos online gigantes… Me daba cuenta de que ningún formador sabía realmente de trading, siempre decían lo mismo, los vídeos eran repetidos. No aprendí nada”.

“Las sectas se ven mejor desde fuera. Nos moldearon para pensar y hablar igual”, dice el joven, contento porque la experiencia le ha servido para “pensar con un poco más de criterio”. Es uno de los denunciantes en la causa judicial abierta por un juzgado de Madrid por estafa y publicidad engañosa, que cuenta por ahora con ocho investigados.

No descarta invertir en criptomonedas por su cuenta. Pero ya no habla de libertad financiera. Tampoco aspira a vivir sin trabajar, el anzuelo que miles de jóvenes como él han mordido bajo la bandera de un pseudomovimiento social que en España se ha bautizado como Awaken Dreamers (soñadores despiertos). Hace unas semanas, 9.000 personas de toda Europa, convencidas de las bondades de IM Academy, se reunieron en un macroevento organizado en Badalona.

“En un par de años, me veo viviendo en Honolulu haciendo dinero con mi ordenador”, explicaba a la salida del evento Oriol, un chico de Vic (Barcelona) que ve “network marketing” donde la Policía y los exadeptos ven una gigantesca estafa piramidal. “Si fuera todo tan fácil, habría más ricos que pobres”, dice Antonio, que trabaja ahora de lo suyo, en una empresa informática. “Estoy muy contento con mi trabajo, ¡eso sí ha sido un pelotazo!”.

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