Velos

Sin ideas antagónicas no hay debate. Y sin matices en cada una de las posiciones enfrentadas no hay pluralidad, solo radicalidad e intransigencia. Por eso es importante graduarlo con la gama de grises. Eso no evita que la conclusión pueda estar más cerca de un extremo que del otro. Así se nos presenta la polémica sobre el velo integral, que no del burka, porque concretando en la cárcel de tela de la mujer afgana la razón podrían tenerla quienes dicen no haber visto ninguna en nuestras calles. Cierto es que, si las hay, no es fácil detectarlas. Pero ignorar si alguna se ha paseado por Lleida o Cunit, Tarragona o Reus no exime de la responsabilidad de enfrentarse a una tendencia incipiente para tomar las medidas que eviten una fatal consecuencia.

Así lo ha entendido Àngel Ros, el primer alcalde que se ha atrevido a prohibir su uso en dependencias municipales adelantándose a la posición de su partido. Y si el Partit dels Socialistes de Catalunya ya quedó descolocado entonces, desde el miércoles ha perdido otra oportunidad. Fue aquel día cuando la senadora socialista Judith Alberich propuso llevar a la Cámara alta la misma iniciativa que instaba que se debatiera en su propio consistorio, el de Cunit. Intentó corregirle el tiro la máxima autoridad jerárquica del PSC y a la sazón president de la Generalitat. Para José Montilla, este no es un tema prioritario excepto para consumo mediático. Exactamente lo mismo que había dicho Anna Terrón, secretaria de Estado para la Inmigración, días antes. Posición calcada a la de su homólogo catalán, Oriol Amorós, que ha seguido los pasos de Josep Lluís Carod- Rovira, que fue el primero en señalar la exageración a la que ahora se ha adherido el ministro de Justicia español.

Francisco Caamaño adivina el gol que el PP quiere colarle por la escuadra, porque el partido conservador sí se apunta al debate. El tema se ajusta a sus posiciones ideológicas y, además, todo lo que sea ir contra el PSOE revierte en sus intereses electorales. Precisamente para evitar esta otra sangría, los alcaldes y concejales socialistas quieren insistir. Prefieren prevenir a curar. Exactamente lo que nos propuso la Organización Mundial de la Salud ante la amenaza del virus de la gripe A. Y no recuerdo a ninguna autoridad hablando de inoportunidad por no haberse detectado todavía ningún brote en nuestros hogares. Al contrario, desplegaron energía y protocolos sanitarios para, en caso de llegar, tener clara la actuación.

Miradas

¿Qué diferencia hay, pues, para que miembros del mismo PSC vean la cuestión de distinta manera? La del color del cristal con que lo miran. Orgánicos frente a alcaldes que se patean las calles, se reúnen con vecinos, luchan por una mejor integración, dialogan con asociaciones, impulsan iniciativas solidarias y políticas de cohesión. Hombres y mujeres que han empezado a marcar el rumbo de la política que este país necesita. Con sus virtudes y sus errores. Ciudadanos progresistas a los que les resbala que sus socios les tilden de xenófobos. Saben que no lo son porque están convencidos de que esta es la vacuna para evitar la enfermedad. Manuel Valls, socialista francés que aspira a ser candidato a presidir la República, comparte este criterio. Por eso se atreve a decirles a sus rivales aunque compañeras de filas que son sus actitudes políticamente correctas las que desacreditan la política. Y sus votantes le aplauden.

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