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Una cuestión de ética cívica

Los fundamentos de la promulgación de la ley orgánica de Regulación de la Eutanasia, que hoy entra en vigor.

El día 25 de junio se cumplen los plazos establecidos por la ley orgánica de Regulación de la Eutanasia para su entrada en vigor, es decir, comenzará a poder ser aplicado lo dispuesto en dicha ley.

Es esta una ley altamente demandada por la ciudadanía, que va a poner remedio a mucho dolor experimentado y expresado por personas que, encontrándose en una situación irreversible y en unas condiciones que, para ellas, las despoja de su dignidad como seres humanos, optan consciente y reiteradamente por abandonar esta situación de sufrimiento.

El reconocimiento de este derecho individual es el fruto de muchos años de lucha por parte de valientes que han dado testimonio de lo insostenible que para ellos era la situación en la que se encontraban y la injusticia que suponía “condenar” a la persona que, como decía Luis Montes, por altruismo, por solidaridad, por justicia o en definitiva, en un acto de amor, estaría dispuesta a acompañarles en esta decisión.

La norma también es fruto de la acción de instituciones o asociaciones como la Asociación Derecho a Morir Dignamente que lleva 37 años trabajando en la divulgación y el acercamiento a la ciudadanía a los temas referidos a la muerte digna; tema tabú por excelencia en nuestra sociedad. O apoyando a las personas que acudían a ella para conocer las circunstancias de este mundo ocultado, en el cual solo podían entrar dos protagonistas: el médico, sumo sacerdote que podía tomar las decisiones oportunas, en un esquema paternalista y considerando al paciente en una minoría de edad permanente, o bien el religioso que reconfortaba al paciente, recordando que la vida no nos pertenece y que se debe aceptar el dictado de la providencia divina para lograr “la vida eterna”.

En este sentido, ha sido un logro fundamental la aprobación de la ley de Autonomía del Paciente, reconociendo que es él, el paciente, el que tiene derecho a decidir sobre su salud y su enfermedad.

El fundamento de la promulgación de la ley de regulación de la eutanasia se basa, como se recoge en el preámbulo de la misma, en los derechos de la persona recogidos en nuestra Constitución. Estos derechos a los que se hace referencia son los derechos fundamentales a la vida y a la integridad física y moral (art. 15); derecho a la intimidad (18.1), a la dignidad humana (art. 10), el valor superior de la libertad (art. 1.1), o la libertad ideológica y de conciencia. En términos de la ley: “Cuando una persona plenamente capaz y libre se enfrenta a una situación vital que a su juicio vulnera su dignidad, intimidad e integridad… el bien de la vida puede decaer en favor de los demás bienes y derechos…. no existe un deber constitucional de imponer o tutelar la vida a toda costa y en contra de la voluntad del titular del derecho a la vida” (LORE, Preámbulo).

En este contexto de libertad nos encontramos con una pluralidad de interpretaciones y posiciones sobre el mundo y con la necesidad de lograr la coexistencia en el respeto, en la diferencia.

El ser humano es un ser moral y posee lo que Salvador Giner denominaba “intuición ética”, es decir, que de un modo innato todas las personas nacemos con la capacidad de decidir lo que está bien y lo que no lo está. Sin embargo, ha habido una colonización de la moral por parte de las religiones, de las ideas políticas, económicas, nacionalistas… que dividen a la ciudadanía; pero, precisamente por ello, hemos de llegar a una ética cívica que posibilite la coexistencia en la mejor armonía de los distintos valores sustentados por grupos sociales.

Este pluralismo no implica que no haya nada en común, sino que hay un denominador común que nos posibilita llegar a esa ética cívica y que consiste en el acuerdo por respetar los derechos humanos, el respeto al otro y la observancia de las leyes otorgadas por el Parlamento.

Frente a una sociedad autoritaria que impone una cosmovisión, optamos por una sociedad laica, con una ética cívica que posibilite el desarrollo de una sociedad basada en el respeto al otro y en este contexto abogamos por un desarrollo, sin trabas, de la ley de Regulación de la Eutanasia, para que en el momento final de nuestra vida podamos recibir el auxilio que hayamos demandado para abandonarlo en paz y sin sufrimiento.

Cristina Escobar es socia de Derecho a Morir Dignamente (DMD)

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