Una catedrática de la UZ afirma que la aconfesionalidad «no implica la asepsia negativa sino el respeto positivo»

COMENTARIO: Esto es lo que Benito XVI llama "laicidad positiva", que no tiene nada de laicidad. Pretende justificar que el espacio público pueda estar contaminado por creencias particulares. Por supuesto nadie niega el derecho individual a asistir a los actos religiosos que quiera, pero no una institución pública, que es de todos, de creyentes, agnósticos o de convicciones no religiosas. ¡Qué cuenta con una capilla católica! y eso no parece atentar a la laicidad, para quienes la usan. Se incluye al final un elnace a la respuesta de MHUEL a estas declaraciones.

La catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Zaragoza, María Elósegui, afirmó hoy que la aconfesionalidad del Estado y de la universidad "no implica la asepsia negativa sino el respeto positivo".

   Así lo manifestó en declaraciones a Europa Press, tras la concentración silenciosa protagonizada hoy por un grupo de personas convocadas por el Movimiento hacia un Estado Laico (MHUEL) ante la entrada de la Facultad de Derecho de Zaragoza para mostrar su rechazo a la celebración de una misa en la capilla de dicha facultad por la celebración del patrón del centro, San Raimundo de Peñafort.

   La catedrática apuntó que la aconfesionalidad en que la universidad consiste supone que la institución académica como tal "no debe apoyar ni favorecer una religión concreta, pero implica también defender la libre expresión personal de sus miembros, también en los propios espacios de la universidad".

   Esto porque la libertad religiosa de los ciudadanos "implica manifestarla como tal con respeto a los demás, también en el ámbito de lo público, como parte importante de su identidad como personas", de manera que la plataforma MHUEL "se equivoca y no es respetuosa con el Derecho constitucional de libertad religiosa cuando pide que esas manifestaciones sean algo personal que tengan lugar fuera de lo público".

   Así, recalcó que en un Estado aconfesional como España la  universidad como institución pública no debe de tomar la iniciativa de favorecer una religión concreta, pero debe de respetar la iniciativa personal que en el ámbito de la libertad de religión y de culto asuman los miembros de su propia institución tanto profesorado, alumnado, como personal de administración y servicios.

   En su opinión, en las dos Españas "la de confesionalidad de Estado y la de un laicismo hostil con la religión, que todavía arrastramos", unos y otros "tiene mucho que aprender para establecer una tercera posición de diálogo de respeto y tolerancia, conforme con la laicidad positiva de Estado, visibilizando la religión en lo público".

SECULARIZACIÓN Y LAICIDAD

   La catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Zaragoza subrayó que es preciso "evitar confundir" la laicidad de un régimen político con la secularización de la sociedad.

   Así, sostuvo, la laicidad "es el proceso por el que el Estado afirma su independencia en relación con la religión, mientras que la secularización hace referencia a la erosión de la influencia de la religión en las costumbres sociales y en la conducta de la vida individual".

   Al respecto, aclaró que si la laicidad "es un proceso que se inscribe en el Derecho, la secularización es más bien un fenómeno sociológico que se encarna en las concepciones del mundo y en los modos de vida de las personas" y estimó que el Estado "debe de ser laico sin promover la secularización".

   A su entender, "es compatible estar de acuerdo con la idea de que la laicidad debe de servir de integración cívica, a la vez que se niega la premisa según la cual el borrar la diferencia sea necesariamente una condición para la integración".

   Desde este punto de vista, continuó, el diálogo, la comprensión mutua y la cooperación entre los ciudadanos de una sociedad diversificada "exigen que sus semejanzas y sus diferencias sean reconocidas y respetadas", coincidiendo en esto tanto el filósofo canadiense Charle Taylor como el filósofo alemán Jürgen Habermas, apuntó.

   La catedrática Elósegui argumentó también que la identidad de las personas incluye que está se manifiesta en la esfera pública "porque la persona no puede escindirse en dos" y "la religión y la filosofía de vida forman parte de los ciudadanos como funcionarios o usuarios de los servicios públicos".

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