Una capilla en la Universidad de Extremadura

En el campus universitario de Badajoz se pueden estudiar carreras de ciencias o de letras. Se dan clases de inglés, francés e incluso chino. Es posible jugar un partido de fútbol, darse un chapuzón o disputar un partido de tenis. Se puede desayunar, se puede comer y, si uno tiene interés, también puede asistir a misa, compartir las tardes de domingo con ancianos que viven solos o ayudar a niños que necesitan un apoyo especial. «Desde el Servicio de Asistencia Religiosa de la UEx ofrecemos cauces para vivir la fe en medio de la universidad, nuestro objetivo es dar sentido al estudio y echar una mano a los demás», explica Luis Manuel Romero Sánchez. Quien así se expresa es el director del servicio, un sacerdote que se desplaza todos los miércoles a la capilla del campus para reunirse con los miembros de la comunidad universitaria que «quieren reunirse para vivir juntos su fe».

Luisma Romero realiza esta función desde hace más de dos años y asegura que su misión va más allá de la celebración de ritos. «Todos los miércoles celebramos la eucaristía unas 20 personas, los domingos por la tarde hay una misa universitaria en la parroquia de San Juan Macías, organizamos la eucaristía en las facultades cuando festejan a su patrón y estamos pendientes de los funerales que afectan a miembros de la comunidad universitaria, pero nuestra tarea va mucho más allá».

Lo confirma María Jesús Morán Plata. Nacida en Malpartida de Cáceres, viajó a Badajoz en 2011 para estudiar Química y desde entonces no se ha movido. «Vamos los domingos por la tarde a la residencia de ancianos de la Granadilla y allí escuchamos y acompañamos a los residentes, especialmente a los que no tienen familia».

En un salón de ese centro de mayores, ella y varias estudiantes más dedican su tiempo a personas que sufren la soledad. «A mí las actividades de voluntariado siempre me han llamado mucho la atención, es algo que te enriquece».

El contacto de esta joven con el Servicio de Asistencia Religiosa de la UEx le viene de largo. El mismo día que desembarcó en Badajoz acompañada por su padre asistió a su primera misa en la capilla del campus. «A mí la fe me da estabilidad, lo veo como algo necesario, siempre he tenido la religión bastante presente en mi vida».

Pastoral

Luisma Romero apunta que el grupo de pastoral universitaria se compone de 50 o 60 personas. Se trata de alumnos, profesores y personal de servicio y administración que tienen sensibilidad religiosa. «Yo creo que la mayoría de los universitarios son cristianos y católicos, pero si somos sinceros, la mayoría se manifiesta indiferente ante el hecho religioso. Eso es verdad, pero yo detecto que en el fondo de la persona sigue habiendo una sed de Dios».

Por esta razón se ofertan de este servicio acciones de voluntariado «que permitan dar sentido a la vida». Una de ellas se realiza en la residencia de ancianos y otra es el proyecto Música por la Paz, en el que se presta atención a niños que en su mayor parte proceden de familias inmigrantes. «Vamos los martes a jugar con ellos, son unos 20 y sólo por ver sus caras de felicidad merece la pena», dice María Jesús.

A esta universitaria no le cuesta hablar de voluntariado con sus compañeras de máster y tampoco compartir sus vivencias de fe. «Hay mucha gente religiosa que no se ve, más de la que parece, lo que ocurre es que muchos no lo dicen porque parece que los van a mirar mal». Ese riesgo tiene poco que ver con el episodio vivido en la capilla de la Universidad Complutense, donde varios jóvenes protagonizaron un asalto e incluso algunas de las manifestantes se quitaron la camiseta en el interior del templo. «Yo eso lo veo mal porque ellos son los primeros que piden respeto y libertad. Igual que piden respeto para ellos deberían respetar a los demás», argumenta María Jesús.

El campus de Badajoz cuenta con capilla desde sus inicios, pero su actual ubicación es más reciente. Ahora funciona en una pequeña sala perteneciente a un edificio prefabricado. Está próxima a la guardería y en su interior acoge un sencillo altar y 15 o 20 sillas. Al lado tiene un pequeño despacho que el día de celebración se usa como sacristía. «La universidad se hace cargo del gasto en luz, limpieza y agua, que es mínimo. El resto corre a cargo del arzobispado», indica Luisma Romero.

Desde este servicio también se impulsa el diálogo interreligioso y se organizan actividades que conecten fe y razón. Recientemente hubo una mesa redonda en la que participaron el portavoz de la comunidad islámica de Extremadura, un auxiliar rabínico de la comunidad judía de Barcelona, el presidente del Consejo Evangélico de Extremadura y el propio Luis Manuel Romero. «Nuestro objetivo es promover el diálogo en la búsqueda de la verdad», añade éste.

Ese es el objetivo que se ha marcado Pedro Sancho, un profesor de la Facultad de Matemáticas que ha puesto en marcha un videofórum. «Me ayuda saber que hay personas con la misma sensibilidad que yo, por eso trato de aportar algo que pueda ser interesante para los demás».

Para este profesor, el asalto a la capilla de la Complutense fue un acto de intolerancia. «El 90% de los españoles están a favor de vivir y dejar vivir. Yo veo que es un acto de intolerancia, pero también para hacerse notar y armar jaleo».

Ajeno a ese episodio, en el Servicio siguen reuniéndose para celebrar su fe y ayudar a colectivos que necesitan apoyo. «Los primeros sábados de mes colaboramos con el puesto de comercio justo que Cáritas pone en el mercadillo de la Plaza Alta, cada año hacemos la campaña del kilo para comedores sociales, organizamos un desayuno solidario, hacemos convivencias… Es algo que nos llena de sentido», concluyen ilusionados.

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