Tras un siglo, Francia cuestiona su laicismo

Desde 1905, los franceses desterraron los símbolos religiosos de escuelas y edificios estatales, un orgullo laico que se muestra menos neutral de lo que parece. Millones de inmigrantes musulmanes sienten que su religión es, en realidad, tan discriminada como ellos mismos.

El centenario del estricto y único secularismo francés pasó casi inadvertido este mes a medida que el Gobierno, profundamente dividido en torno al tema y aún desconcertado por los recientes disturbios en que participaron miles de jóvenes inmigrantes, prefirió no celebrar una ley que en múltiples ocasiones ha fastidiado a la numerosa comunidad musulmana que reside en el país.

En años recientes, la ley que dicta la separación total del Estado y de la Iglesia ha sido objeto de titulares nacionales e internacionales, principalmente cuando se utilizó para prohibir el uso de velos musulmanes en las escuelas públicas.

Proclamada por primera vez en diciembre de 1905, la ley otorga a todos los ciudadanos libertad religiosa absoluta en un país que practica predominantemente la fe católica romana y prohíbe el apoyo económico y reconocimiento formal a las religiones.

En ningún otro lugar del mundo se ha aplicado esta separación del Estado y la Iglesia con tanto esmero como en Francia. Las escuelas públicas y reparticiones del Gobierno se mantienen libres de cualquier símbolo religioso ostensible, los funerales de Estado se efectúan en iglesias desconsagradas y es tan inimaginable que en Francia un discurso presidencial termine con un “Dios los bendiga a todos” como lo es que los estadounidenses introduzcan vacaciones de siete semanas.

El concepto francés de laicismo se ha convertido en parte integral de la identidad de la república francesa, que en teoría no admite diferencias en raza ni en credo. De hecho, tras la afirmación del Presidente Jacques Chirac, quien dijo que el laicismo es “un pilar del templo republicano”, algunos manifiestan que se ha transformado en una religión del mismo Estado.

Adaptación necesaria

Los franceses están reevaluando el concepto, sobre todo tras los disturbios de noviembre. Un creciente reconocimiento de la discriminación y pobreza que sufren los inmigrantes y sus descendientes, muchos de ellos musulmanes, ha generado llamamientos provenientes de todo el abanico político a favor de una interpretación menos rígida de la ley de 1905.

Por la derecha, el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, ha desafiado abiertamente la prohibición sobre el velo islámico en las escuelas, apoyada por Chirac el año pasado. Sarkozy, también ha hecho lobby a favor de aportar fondos estatales a la construcción de mezquitas y la capacitación de sacerdotes musulmanes.

Por la izquierda, el legislador socialista Manuel Valls ha encabezado demandas semejantes. Ambos hombres han argumentado que el rostro cultural y religioso de Francia, país que alberga la comunidad musulmana más grande de Europa, ha cambiado con la inmigración.

“Debemos reexaminar el modelo francés y no tener miedo a aprender de otros”, dijo Jean Baubérot, sociólogo de La Sorbonne, París, y experto en laicismo. “Reconocer la diversidad cultural y luchar contra la discriminación deberían ser nuestras prioridades hoy en día”, agregó Baubérot, quien participó en una comisión independiente cuyo objetivo, a instancias del Gobierno, era evaluar cómo se estaba implementando el concepto.

A medida que los árboles navideños encienden sus luces por todo el país y los estudiantes se preparan para las vacaciones, algunos musulmanes se quejan de la existencia de dobles estándares. Lhaj-Thami, presidente de la Unión de Organizaciones Islámicas en Francia, afirma que la ley de 1905 no es incompatible con el Islam, aunque necesita ser implementada con justicia.

“En la teoría, somos todos iguales; pero en la realidad, no lo somos”, dice Brèze, nacido en Marruecos. “¿Por qué se permite un árbol de Navidad cuando se prohíbe un discreto velo? Lo único que pedimos es que Francia actúe en consecuencia con sus verdaderos valores”.

Discriminación

La prohibición del velo el año pasado fue recibida con incomprensión en el resto de Europa, donde las niñas musulmanas no enfrentan tales restricciones, y con furia en el mundo árabe. No obstante, las encuestas en Francia muestran una enorme mayoría a favor de la prohibición y otras disposiciones seculares.

Según Martine Barthélémy, del Instituto de Estudios Políticos de París, la historia explica, en parte, la actitud francesa de mezclar dioses con política. Durante siglos, Francia se vio devastada por guerras religiosas. Luego, después de la Revolución de 1789, la Iglesia Católica se negó a aceptar los valores de la nueva república, lo que profundizó la sensación entre los líderes políticos de que el Estado debería ser protegido contra la religión.

En Estados Unidos, donde muchos de los primeros inmigrantes se radicaron tras huir de la persecución religiosa en Europa, la separación del Estado y la Iglesia se percibe como un concepto que sirve un propósito exactamente inverso, señala Barthélémy; o sea, proteger a la religión contra el Estado.

“Todos tenemos nuestros mitos de fundación”, dijo. “El nuestro es la idea republicana, y el laicismo es parte esencial de aquello. En Estados Unidos, la libertad religiosa es parte importante de su mito de fundación; es por eso que a veces no entendemos a los estadounidenses ni ellos a nosotros”.

Es por eso, también, que actualmente en Francia la prohibición del velo se percibe como una protección contra la presión en casa dirigida a aquellas niñas musulmanas que preferirían asistir al colegio sin velo. Ceder al respecto, afirman, podría generar más demandas por parte de los musulmanes practicantes que riñen con la tradición secular francesa, como, por ejemplo, separar a las niñas de los niños en clases de educación física y natación, o retirar a las niñas de clases de biología, solicitudes que actualmente enfrentan las escuelas en Gran Bretaña y Alemania.

Pobreza y Religión

“¿Dónde se fijan los límites?”, pregunta Barthélémy.

Uno de los primeros políticos importantes que se pronunció en contra de una interpretación estricta de la ley de 1905 fue Sarkozy. Él ha hecho lobby para proporcionar financiamiento a las comunidades musulmanas, declarando que no cuentan con los recursos financieros que tienen las comunidades cristianas y judías, y que una ausencia de apoyo por parte del Estado los dejará vulnerables a recibir donaciones provenientes de fundamentalistas en el extranjero.

“No son los minaretes los peligrosos, sino los garajes y sótanos que se convierten en salas de oración secretas”, señaló el año pasado en el libro titulado, “La República, religiones y esperanzas”, que generó revuelo en Francia. “Los musulmanes no deberían tener más derechos que el resto. Pero asegurémonos que no tengan menos”.
Sarkozy, asimismo, fue uno de los primeros políticos en referirse a los inmigrantes de África del Norte como musulmanes, un cambio en el lenguaje que algunos dicen corre el riesgo de reforzar una sensación de identidad religiosa en lugar de una identidad laica.

Tal como señala François Heisbourg, jefe de la Fundación Francesa para Estudios Estratégicos, los disturbios no fueron llevados a cabo por jóvenes que eran especialmente religiosos, ni tampoco tenían como blanco iglesias ni sinagogas. “Gran parte de la integración pertenece al ámbito económico, no al religioso”, dice.

El tema verdadero, dijo Heisbourg, no es el velo, sino el par de costosas zapatillas Nike que separa a los niños cuyos padres tienen dinero de aquellos otros cuyos progenitores no lo tienen.

“Si en realidad habláramos en serio acerca de establecer un espacio verdaderamente neutral en nuestras escuelas”, dijo, “deberíamos introducir el uniforme escolar”.

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