El líder evangélico Tony Perkins afirmó el domingo pasado (1 de septiembre) que los tiroteos masivos eran resultado de «expulsar a Dios de la plaza pública» y específicamente por enseñar a los niños sobre la evolución.
En tal momento el National Center for Science Education -NCSE- respondió a Cameron que “Si Darwin influyó tanto en el pensamiento Hitler, ¿por qué nunca le menciona en Mein kampf?”, y añadió que “culpar a Darwin de lo que hizo Hitler es tan ridículo como culpar a los hermanos Wright del 11-S”.
Tal fue el caso reciente presentado en Brasil, en Zona da Mata de Pernambuco, donde dos pastores pentecostales, José Carlos da Silva de 52 años y Paulo Germano da Silva terminaron peleando por la interpretación de un versículo bíblico. El pastor José Carlos agredió al pastor Paulo con un cuchillo, y cuando este quiso huir, lo golpeó con una piedra y posteriormente murió.
Volviendo al argumento esgrimido por el líder evangélico, la teoría de la evolución se refiere a fenómenos poblacionales de los organismos. La evolución biológica hace referencia al «cambio en la estructura genética de las poblaciones después de varias generaciones».
Como se deriva de esta definición, la evolución biológica es un fenómeno poblacional, genético y evidenciable después de varias generaciones. Darwin y Wallace notaron que en las poblaciones naturales tienden a crecer más allá de la capacidad que tienen los entornos para sustentarlos a todos. Esto lleva a una «lucha por la existencia». Una lucha por la pareja, el espacio, los alimentos, los nutrientes, la luz entre las plantas, etc.
Hoy, cualquiera que haya visto un documental de vida salvaje, podrá constatar lo que naturalistas viajeros, como Wallace y Darwin, descubrieron: que la naturaleza es cruel. De hecho, en el siglo XIX el poeta inglés Alfred Tennyson (1809-1892), decía de la naturaleza en un poema que
Quien confiaba en que Dios era amor y amaba la ley final de la creación
Naturaleza dura, roja en dientes y garras
En el barranco llorará contra su credo
Una naturaleza roja en dientes y garras es lo que vemos en gran parte del mundo animal. Aunque también como resultado de esa lucha por la existencia evolucionaron el cuidado maternal, la cooperación, el altruismo, y de este último, la moral humana.
La evolución bien explica nuestro origen y las razones por las qué estamos aquí: Mecanismos naturales, fríos y sin propósito. Pero eso no significa que la vida individual sea sin propósito, o sea una justificación para exterminar a otros.
Nuestros cerebros evolucionados y altamente complejos nos permiten tomar decisiones contrarias a la perpetuación de nuestros genes (única finalidad evolutiva en términos biológicos), tales como no tener hijos, o tener pocos, tener sexo con fines solo de placer, adoptar hijos que no son biológicos, ayudar a desconocidos, etc. Todas estas acciones que van en detrimento de dejar copias de nuestros genes, solo son posibles en organismos que tienen la potestad de razonar y revelarse de la dictadura de los genes egoístas.
Que la naturaleza sea roja en dientes y garras no significa que los humanos debemos comportarnos como hienas peleando una carcasa. Tampoco justifica ningún acto delictivo. Ante nosotros tenemos la posibilidad de dar significado y propósito a nuestras vidas de la mejor que queramos. Argumentar como Perkins que aceptar la evolución implica llevar a cabo tiroteos masivos es como afirmar que si se cree en la gravedad está justificado empujar a las personas por la ventana.