Susana Díaz jura como presidenta de la JA

COMENTARIO: "Aparece en Ideal, demasiado tarde, una carta que se envió justo después del juramento de Susana Díaz (el 7 de septiembre), pero la crítica se mantiene. No debería existir la fórmula del juramento público, con la que los cargos que a ella se acogen empiezan de mala manera: confundiendo convicciones, apegos, y tal vez sumisiones privadas con deberes y lealtades públicas. Y si encima esos apegos privados son los que son…"


Sabemos que ha sido catequista, y que se confiesa católica, cristiana de base, cofrade de "Esperanza de Triana", rociera,… Todo esto, por sí solo, no nos importa si no repercute en su actividad política. Sin embargo, que haya jurado su cargo como presidenta ya sí que es totalmente rechazable, y muy preocupante, pues nos está indicando que sus creencias religiosas sí que afectan a sus acciones públicas incluso de forma ostentosa. Peor comienzo, imposible: hace temer que otras acciones, tal vez menos aparentes, también estén guiadas por la obediencia a los mandatos católicos, que, recordemos, con frecuencia atentan contra la libertad de conciencia, contra derechos fundamentales, y, en cambio, juegan a favor de intereses muy particulares.

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Respuesta aparecida el 29 de septiembre

Resentimiento
Sr. Director de IDEAL: Hace poco se publicaba en esta magnífica sección de IDEAL una carta, cuyo firmante creo que es profesor de facultad, en la que aludía con sutil sentido de censura, a que una destacada política del PSOE de Andalucía hubiera sido catequista, que se confesara católica, cristiana de base, cofrade de 'Esperanza de Triana', rociera…, y antes de dirigir una breve, pero calumniosa, invectiva contra la Iglesia, recriminaba duramente a la socialista que para su toma de posesión en un importante cargo de la Junta hubiera hecho uso de la fórmula del juramento.
    Huelga comentario alguno. ¿Esto es tolerancia, respeto a las ideas de los demás, a la libertad de conciencia, a las instituciones?
José Antonio Mochón

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Las réplicas a mi Carta al Director de Ideal, en la que criticaba con dureza el juramento de Susana Díaz en su toma de posesión como presidenta de la Junta, me exigen ampliar la argumentación.       
    Cuando un cargo público jura, aun cuando se limite a la expresión “juro”, se sobreentiende que invoca instancias religiosas. De hecho, en el diccionario de la RAE, la primera acepción de ‘jurar’ es “afirmar o negar algo, poniendo por testigo a Dios, o en sí mismo o en sus criaturas”. Por el contrario, ‘prometer’ es sencillamente “obligarse a hacer, decir o dar algo”, sin invocación sobrenatural alguna.        
   
Las convicciones religiosas de los cargos son asunto suyo. A los ciudadanos no sólo no nos incumben, sino que, en un compromiso público, nos sobran. Un cargo debe responder públicamente no ante Dios, sino ante los ciudadanos. El “compromiso sobrenatural” se escapa de nuestro control: ¿y si el juramentado no cumple y se limita a ajustar cuentas particulares con el ente divino o sus vicarios, que tal vez lo perdonen sin nosotros enterarnos de la misa la mitad? En otras palabras: en lo que a los ciudadanos se refiere, quien jura por Dios (aun sin nombrarlo) toma su nombre en vano, pues no nos sirve de nada.
    Es obvio que la promesa tampoco garantiza nada, y siempre será necesario el mayor control democrático posible. Pero la fórmula del juramento confunde convicciones, apegos, y tal vez, cuidado, ¡sumisiones! privadas con deberes y lealtades públicas, por lo que justifica sospechas y rechazo. Por todo eso, por respeto a la ciudadanía, no debería utilizarse.

Susana Díaz toma posesión 2013

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