Su eminencia Francisco Javier Martínez, arzobispo de Granada

De algún modo les estamos siguiendo el juego divulgando sus palabras pero es inevitable no rebatir la sarta de sandeces con que acostumbran a deleitarnos sus eminencias.

El arzobispo de Granada es un paladín de la confrontación al que le gusta insuflar ánimos a los grupos ultraderechistas de esa ciudad al que se le atribuye el mérito de haber conseguido aglutinar en su contra a diversas asociaciones de cristianos a causa de sus declaraciones incendiarias.

En su extenso currículum puede presumir de ser el primer prelado que se sentó como imputado en un banquillo y fue condenado, un cura le denunció por acoso moral, lesiones y coacciones, fue juzgado y condenado a pagar 3.750 por coacciones y falta de injurias.

Según la víctima de esta historia, el sacerdote injuriado, las represalias del prelado son debidas a su relación con Cajasur, entidad que financió un libro sobre la catedral que él estaba supervisando y con la que Francisco Javier Martínez tuvo sus más y sus menos en el pasado. Es cuando menos curioso que las desavenencias del prelado con una entidad financiera le empujasen a destituir al sacerdote de su cargo como Archivero y Conservador de la Catedral de Granada con el fin de que no pudiera continuar con el proyecto sobre la catedral que estaba preparando con la financiación de Cajasur.

El arzobispo también estuvo involucrado en otro episodio cuando menos extraño, algo así como un polstergeit de las donaciones o un galimatías entre curas. Un sacerdote jubilado había denunciado públicamente la supuesta desviación de una donación que había hecho un cura secularizado; el dinero había sido donado con la intención de que se destinase a cubrir las necesidades de los sacerdotes necesitados en las zonas de Granada y Guadix, destino que no llegó a alcanzar.

Las declaraciones de este hombre de intachable catadura moral pertenecen al mundo del surrealismo, el arzobispo es un experto en expresar argumentos irracionales e incluso imaginarios:

“Los condones propagan el sida y los abortos provocan suicidios”

"A cualquier cosa, incluso estéril, se le llama matrimonio"

“Vivimos en el País de las Maravillas”

“Educar en valores es como quitarse de la cocaína con metadona”

“La sociedad actual se encuentra ante un panorama desolador, un marasmo intelectual y moral que no tiene precedentes”

“Una democracia sin valores se convierte en una dictadura”

Vergüenza ajena provoca que esta gente se atreva a hablar de “valores” y de “banalización absoluta del uso del cuerpo humano y del sexo"

Por cierto ¿a qué banalización absoluta del uso de cuerpo humano y del sexo se refiere el arzobispo? ¿Acaso a la qué propugnan los curas pederastas para los que el cuerpo de sus víctimas es un mero objeto que les procura placer?

No es el arzobispo el más indicado para hablar de valores porque no respeta a los homosexuales, ni a las mujeres que abortan, ni a las que toman la píldora postcoital, porque sólo admite un único modelo de familia excluyendo a todos los demás, porque…

Pilar Rego es educadora social y bloggera

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