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Símbolos religiosos o derechos humanos

El Tribunal de Estrasburgo de Derechos Humanos acaba de dictar una sentencia histórica que declara los símbolos religiosos en los colegios una vulneración al derecho de libertad de conciencia. Se pronuncia así ante la demanda de una mujer residente en Italia quien, en el año 2002, inició una batalla legal exigiendo la retirada de crucifijos del centro escolar donde estudiaba su hijo, por considerar que vulneraba sus derechos fundamentales.

Tras una larga peripecia por los tribunales italianos, que rechazaban –"lógicamente"- su demanda, esta madre decidió trasladar el caso al Tribunal europeo que, finalmente, ha fallado a su favor aduciendo, entre otras cuestiones, que “la exposición de símbolos religiosos obstaculiza el pluralismo educativo, esencial para las sociedades democráticas”, y condenando al Estado italiano a indemnizar a la demandante por daños morales.

Esta sentencia es, efectivamente, histórica por la trascendencia que implica el pronunciamiento de altas instancias jurídicas sobre un derecho básico ciudadano vulnerado continua e indiscriminadamente en muchos países de buena parte del mundo. En España supone también, de algún modo, la continuidad de una sentencia similar dictada por un tribunal de Valladolid, a instancias de un padre que denunciaba el adoctrinamiento religioso de su hijo en el Colegio Público Macías Picavea

La asociación laicista Europa Laica, a tenor de esta sentencia, reclama, como lleva haciendo muchos años, la eliminación de crucifijos y cualquier símbolo religioso de los centros públicos ; y ello porque, a pesar de la aconfesionalidad avalada por la Constitución española de 1978, la simbología religiosa sigue estando presente en los centros de enseñanza, contribuyendo al adoctrinamiento religioso e ideológico de los alumnos.

Que la justicia “haga justicia” no parece últimamente la norma, pero afortunadamente existen instancias impolutas e imparciales que se dedican a hacer cumplir la Ley ante las reclamaciones ciudadanas. Y las creencias religiosas, los sectarismos dogmáticos o las adhesiones personales a cualquier secta o religión nunca deben mediatizar el cumplimiento de los preceptos de pluralismo e igualdad que vertebran el armazón básico de las democracias. Las creencias son personales y nunca deben enmarcar el ámbito de lo público.

El adoctrinamiento religioso que hemos soportado muchas generaciones de españoles hace que aún haya personas que continúen identificando erróneamente la religión con las bondades humanas. Ninguna bondad humana, salvo en apariencias, es posible desde la intolerancia, desde la imposición, desde el dogmatismo, desde la exclusión, desde el rechazo a los diferentes, desde el fundamentalismo, el miedo, el castigo, la inhibición de la razón o la anulación de la libertad.

Y en cualquier caso, es una aberración exponer a los niños, que carecen de herramientas suficientes de defensa intelectual, a adoctrinamientos, proselitismos y simbologías religiosas que van a influir, consciente o inconscientemente, en sus esquemas vitales, psicológicos, emocionales e intelectuales, y van a inhibir el desarrollo natural de su relación racional consigo mismos y con el mundo.

Recordemos que la libertad de pensamiento y de creencias es uno de los derechos fundamentales que sustentan el respeto a la dignidad humana, y que está reconocido en todas las Declaraciones de los organismos humanitarios internacionales. Se trata de un derecho intrínseco a la condición humana, por más que durante muchos siglos ha sido vulnerado por absolutismos, monaquías, dictaduras e iglesias para someter y subyugar a las sociedades. Y recordemos que la "fe ciega", la creencia en que nuestra "verdad" es la única verdad, es el camino directo al fanatismo, el fundamentalismo y la intolerancia.

Y es el principal derecho ciudadano que se debe exigir a los gobiernos, porque sin libertad de pensamiento no puede existir ninguna otra libertad. Y, como dice Ignacio Escolar en su blog, “nada está más lejos de la razón que la superstición, y el símbolo de la fe de algunos no puede presidir el santurario de la educación de todos”. Es indecente, además de anticonstitucional y antidemocrático. El gran Antonio Machado lo decía muy bien en sus versos : "Tu verdad, no, ¡la verdad!. Y ven conmigo a buscarla, la tuya, guárdatela…"

Coral Bravo es Doctora en Filología y miembro de Europa Laica

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