Servir a dos señores

Vivimos en una sociedad con una definición precisa de su código moral en materia de sexualidad. Sin embargo, tanto la institución católica como la sociedad laica posmoderna abrazan impúdicamente la inmoralidad capitalista.
El escándalo reside en haber dejado de soñar con mover montañas y conformarnos con poner cada uno su granito de arena… La ceguera voluntaria, la ignorancia deseada, la mentira digerida, la solidaridad a la carta…

La (ultra)conservadora religión católica se aferra lujuriosa al poder y al dinero, pese a sus componendas y artilugios intelectuales para autojustificarse. Y la (ultra)liberal sociedad laica succiona con casta devoción las ubres de los índices bursátiles erectos y los mercados monetarios enhiestos.

Ignoran, unos y otros, la injusticia de cobrar alquileres, de invertir en bolsa o sencillamente de justificar mezquina y ruinmente las diferencias salariales. Ignoran, unos y otros, la injusticia de tener criada en casa, máxime cuando se hace aprovechando y explotando la necesidad del prójimo. Pero éstos son sólo unos pequeños ejemplos.

Pequeños ejemplos con los que convivimos a diario sin apenas inmutarnos. Más aún, encontramos justificación en nuestras oraciones y plegarias cotidianas, ya sea frente al altar del placebo religioso católico o del placebo religioso capitalista. Altares sacrificiales para limpiar nuestras impurezas e hipocresías con sangre ajena.

Servir a dos señores nunca había sido tan fácil. Justificar las riquezas del Vaticano y su misma existencia es fulminantemente congruente con declararse "cristiano practicante". Justificar la pleitesía, el lameculeo y las "deudas" con los jefes que van enchufando a los suyos es perfectamente compatible con dedicarse al voluntariado unas horas a la semana.

Servir a dos señores nunca había sido tan fácil. Expulsar al disidente por sus opiniones y utopías contrarias a nuestras mediocridades y declararse devoto de la Santísima Chorrada Carolingia es completamente compatible. Alabar públicamente la adhesión a la democracia y volverse sumiso a las violaciones y exigencias de los bancos es indubitadamente congruente.

Servir a dos señores nunca había sido tan fácil. Justificar la actividad criminal de la institución católica es rotundamente congruente con increpar la actitud airada del indignado profeta ante tantos desmanes. Encarcelar a los pobres es innegablemente compatible con la defensa política del libre mercado, la libertad empresarial, la propiedad privada y el libre movimiento de capitales.

Servir a dos señores nunca había sido tan fácil. Comprar cada año el móvil de última generación y dar limosna cada semana en la iglesia es indefectiblemente congruente. Flexibilizar el mercado laboral y autodenominarse "socialista" es intolerablemente compatible.

Servir a dos señores nunca había sido tan fácil. Comulgar con ruedas de molino es religiosamente congruente con escupir a la cara del levantisco. Beber la sangre del río revuelto es bienaventuradamente compatible con secar la leche del seno africano.

El teatro de la misa, los rituales mágicos, los pecados, la cruz… El teatro de marionetas clericales cuyos hilos manejan los poderes económicos. La religión, ese placebo que no cura ni libera, pero que nos sugestiona tanto que nos atrevemos a llamar hermanos a quienes jamás invitaríamos a nuestra mesa. ¿Cómo curar el ansia de absoluto del ser humano?

Servir a dos señores nunca había sido tan fácil. Declararse demócrata y ser corrupto. El teatro de las elecciones, el voto, las urnas, las papeletas, los mítines… El teatro de marionetas políticas cuyos hilos manejan los poderes económicos. La democracia, ese placebo que no cura ni gobierna, pero que nos sugestiona tanto que nos atrevemos a debatir todavía si "derecha" o "izquierda". ¿Cómo curar el ansia de libertad que nos sacude la conciencia?

Pero en nada de esto reside el escándalo. El escándalo reside en la negación de un futuro mejor. En la ceguera voluntaria. En la ignorancia deseada. En la mentira digerida. Nadie que se beneficie de tamaña hipocresía renunciará fácilmente a tanto privilegio… Y cada segundo, cada instante afirmamos y nos confirmamos en esta convicción. El escándalo reside en haber dejado de soñar con mover montañas y conformarnos con poner cada uno su granito de arena…

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