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Se estrena “La hora de la religión”

Desde el martes próximo al domingo 5 de setiembre se exhibirá en Cinemateca 18 “La hora de religión”, del italiano Marco Bellocchio, una reflexión crítica sobre ciertos aspectos de la sociedad y la mentalidad italianas a cargo de un talento de los años sesenta que sigue muy activo.

Esta película debió estrenarse (y fue anunciada) a comienzos de año, pero problemas de disponibilidad de copia obligaron a su postergación. Resueltos esos problemas, llega ahora a las pantallas montevideanas. El protagonista, artista plástico, marido en crisis, agnóstico irredento, se lleva toda una sorpresa cuando es visitado por emisarios del Vaticano que tramitan la canonización de su madre, muerta trágicamente años atrás. De pronto, el hombre se encuentra atrapado entre varios fuegos. Por un lado, desearía mantenerse lo más alejado posible de todo lo que tenga que ver con sotanas, rosarios y crucifijos, pero no es fácil manejar su conflicto de pareja, y uno de los reproches que su mujer le “descerraja” es, justamente, que no puede negar al pequeño hijo de ambos “el privilegio de una abuela santa”.

Choque. Visión laica de la vida con otra religiosa y devota.La hora de religiónA partir de ese punto de arranque, el director Marco Bellocchio explora con agudeza un ambiente de clase media y alta al tiempo que contrapone una visión laica de la vida con otra más religiosa y devota. El propio cineasta ha reconocido en algún reportaje su convicción de que “la religión está ocupando el enorme vacío que dejó la utopía socialista, sobre todo en Italia”. La angustia por ese vacío ha generado ­sostiene el cineasta­ un reflujo religioso a través de la caridad y asistencia de los más desamparados, y esto se documenta indirectamente en una escena del filme, un diálogo del protagonista y un cardenal acerca del proceso de canonización de su madre, ambientado en un comedor para indigentes. De todos modos, ese no es el tema central de la película. Puede ser, en cambio, una especie de ajuste de cuentas del cineasta con algunos fantasmas personales: el recuerdo del espíritu de sacrificio de su propia madre (de la que suele hablar con admiración), mezclado con una actitud de rechazo y toma de distancia con respecto a los valores aprendidos en su infancia y del que ya hubo constancia en filmes previos (y fundamentales) como Las manos en los bolsillos (1965), La China está cerca (1967), En el nombre del padre (1972), Salto al vacío (1980) o, en menor medida, El diablo en el cuerpo (1985). Más cerca, Bellocchio hizo, entre otras cosas, la espléndida Buongiorno notte (2003), que implicaba toda una revisión del “caso Moro” y los crímenes de las Brigadas Rojas.

El realizador, que prefiere definirse como laico antes que como ateo (término que considera decimonónico), es solo muy parcialmente un heredero del neorrealismo. Su formación proviene más de la literatura y la pintura, y la condición de pintor del protagonista (el excelente Sergio Castellitto) le permite desplegar visiones oníricas en las que se ha podido ver “un admirable lirismo plástico”.

Presentada en Cannes en el año 2002, donde obtuvo el Premio Ecuménico, la película recibió un aplauso de diez minutos, la crítica internacional fue unánimemente entusiasta, y la célebre revista francesa Cahiers du Cinéma le otorgó el sexto puesto entre las diez mejores películas de ese año. La lista de galardones obtenidos por La hora de religión incluyen un David di Donatello (Piera Degli Esposti, actriz secundaria), un Premio Europeo (Castellitto, actor protagónico) y varios otros en el festival de Flaiano.

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