Samuel Paty o el silencio de los demócratas

El 16 de octubre fue asesinado en París el profesor Samuel Paty, sobre las 5 de la tarde, al acabar su trabajo, como cualquier otro día rutinario. A las puertas del centro le esperaba un joven que ni siquiera le conocía, ya que tuvo que pagar a unos alumnos para asegurarse de quién era y decapitarlo.

Me preguntaba por aquellos días por qué aquí la noticia ni se comentaba ni se posicionaban los partidos y organizaciones defensores teóricos de la libertad de expresión y con la boquita pequeña, alguna vez, del laicismo. Como se podrá ver en los medios, la decapitación del profesor Paty ha pasado inadvertida. Esta es la manera de posicionarse: no entrar en debate, no explicar nada, sencillamente ignorarlo, el silencio.

Los partidos de izquierda, los sindicatos y las organizaciones sociales se han callado. Y ¿por qué será? No solo porque la política se ha convertido en espectáculo, todo a golpe de tuit, sino también por la causa del asesinato.

A Samuel Paty le asesinaron en un país donde la laicidad es piedra angular desde hace más de un siglo -1905- por hacer uso de la libertad de expresión, por transmitir valores críticos y emancipatorios, por hacer de sus estudiantes ciudadanos que piensen por si mismos. Pero nada de eso ha interesado a quienes nos gobiernan, a quienes tienen responsabilidades. Están más preocupados por comentar una frase , una broma o una ‘boutade’, que profundizar en el asesinato de un servidor público, de una institución como la escuela, esencial en una democracia.

La ejecución de Paty no es un combate contra el neoliberalismo, la desigualdad social, la marginalidad, la falta de oportunidades, el desempleo. No, lo asesinaron por lo que representaba: la libertad de expresión y de conciencia, el laicismo. Sus asesinos no aceptan que las leyes de la República Francesa están por encima de su dogma religioso.

Hacia días que las redes sociales criticaban las clases de Samuel Paty. A algunos islamistas les molestaba esta libertad y convencidos de que su religión y su dios deben regir la vida, incluso en las instituciones su dios es lo más importante, había que asesinar a Paty y atacar la educación. Curiosamente, lo decapitó alguien que vivía allí con todos los derechos y que había estudiado en la escuela francesa.

Alguna intelectualidad habla de que no caigamos en la islamofobia. ¿Perdón? ¿Islamofobia? ¿Estado opresor? ¿Juventud marginada? No, estos actos se llaman terrorismo islamista y fascismo: ‘Charlie Hebdo’, Niza, Avignon y muchos más.

Ninguna religión puede estar por encima de los valores y las leyes de un Estado en una democracia. Tolerancia cero contra quienes actúan por orden de dioses y dogmas. El Estado debe proteger a la ciudadanía contra todo integrismo religioso. Y los musulmanes, no islamistas, no pueden seguir callando, en su casa, en su mezquita o en cualquier institución adonde el fanatismo llegue. La responsabilidad también es suya.

Raquel Ortiz

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