Rouco y Rajoy, tanto monta, monta tanto

Esta foto vale más que mil palabras porque resume perfectamente el modelo de Estado en el que nos encontramos: el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, plegado ante Rouco Varela, máximo representante de la iglesia católica en el Estado español, aconfesional, para más señas y cinismo.

Aparecen junto a varios miembros de la Casa real, todos ellos bien adiestrados para mostrar públicamente, las veces que haga falta, la vinculación de la institución monárquica española (de un Estado aconfesional, insisto), con la iglesia católica.

Con sus ansias de controlar las vidas de la ciudadanía, la iglesia católica se pasa las cuestiones sociales, la aconfesionalidad del Estado, la ciudadanía y el propio concepto de ciudadanía, por el inmenso arco de triunfo del color morado y púrpura de sus fajines y casullas.

Esto es un sinsentido de difícil arreglo en el momento actual, sobre todo después de comprobar la urgencia con la que el presidente Rajoy rindió pleitesía al nuevo Papa, como si representara a un Estado católico, apostólico y romano, en nombre de toda la ciudadanía, como si fuéramos todos los ciudadanos y ciudadanos del PP o de Rouco. Patético, se mire como se mire.

Por si fuera poco, ayer Rouco Varela recordó claramente a ese mismo presidente, elegido en las urnas, que el apostolado de la iglesia que él representa exige machacar el derecho de las mujeres a decidir sobre sí mismas y sobre su maternidad. Con un agravante: Rouco no encuentra dinero para pagar los impuestos como el resto de ciudadanos, ni para cuidar su patrimonio artístico (que hay que cuidarlo con el dinero de todos), ni para destinarlo a más apoyo social… pero sí encuentra millones para pagar campañas publicitarias contra el aborto… ¿Cómo se come esto?

Vallas campaña obispos soy yo humano desde el principio 2013

Estas vallas están hace días en Zaragoza, y, como véis, ya hay gente que ha expresado con puntería qué piensan

Quieren controlarlo todo, y como desde los púlpitos encuentran cada vez menos gente a la que aleccionar, han lanzado una cruzada inmisericorde, más propia del régimen dictatorial franquista o, incluso, de varios siglos atrás, para atarlo todo bien atado a través del sistema educativo, y de sus “auxilios” en todos los ámbitos de los servicios públicos que pueden ir captando (o rescatando), sanitarios, sociales, etc. ,para marcarnos las pautas de nuestras vidas, seamos creyentes o no.

Rouco Varela cree que su ministerio religioso es uno más de los ministerios del Gobierno español, con permiso del presidente Mariano Rajoy y de quienes se callan ante sus pretensiones expansivas. Y no hemos votado a ningún obispo o arzobispo, que yo sepa, para dirigir las políticas educativas, sociales, sanitarias o senciallamente, para dirigir ninguna política.

Pero quiero especialmente denunciar la obsesión de la Conferencia episcopal española para marcar la hoja de ruta del gobierno de turno con las políticas que tienen que ver con los derechos de las mujeres. Porque quienes no se casan, no dejan de hablar sobre el matrimonio (ojo, que no digo “quien no es homosexual no deja de hablar sobre los derechos de las personas, homosexuales o no”, porque desconozco y no me interesa conocer la opción sexual de los distintos miembros de la Conferencia Episcopal, que quede claro); quienes se supone que no tienes relaciones sexuales, no dejan de opinar queriendo sentar cátedra sobre la planificación familiar; quienes no pueden parir, no dejan de pontificar sobre el tema; quienes no pueden abortar y nunca abortarán, lo mismo… etc., etc., etc.

Es el colmo y difícilmente soportable en democracia, por muy imperfecta que sea la nuestra. Es, me atrevo a decir, una obsesión inconstitucional.

La última guinda la colocó ayer Rouco Varela, que ni es mujer, ni puede parir, ni puede abortar, pero se permite el lujo de marcarle el camino a Rajoy para que recuerde que tiene que acabar con la actual ley del aborto para que todas las mujeres, católicas o no, hagamos lo que nos están montando este grupo de “expertos”:

conferencia episcopal 2013

¡Anda ya! Es sencillamente un atropello a la dignidad humana y, muy concretamente, a la de las mujeres, que, mientras se mantenga el Concordato en vigor, augura un largo e intenso trabajo a asociaciones como el Movimiento hacia un Estado Laico (MHUEL).

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