Respeto para el laicismo en la educación

Quisiera incidir sobre la carta ‘Quiero ser profesora y llevar ‘hiyab’‘ (Puede leerse al final). Discrepo con lo que expone Lamia Souliah, pues me opongo a que se lleven de modo visible símbolos religiosos en una escuela o facultad, por respeto a la institución formativa, y no por intolerancia ni miedo hacia otras culturas a los que Souliah atribuye cualquier oposición a este tipo de símbolos en un aula. Incluso estaría a favor de que se prohibiera mostrar símbolos religiosos en centros formativos públicos, tal y como ocurre por ejemplo en Turquía, país con una población mayoritariamente musulmana.

Me opongo por igual al ‘hiyab’ que al hábito de monjas o sacerdotes, cruces, estrellas de David, ‘kippahs’ y demás, y lo hago por la misma razón por la que Souliah opta por llevar el ‘hiyab’: por la humildad, no hacia un señor creador, sino hacia la educación laica y el empirismo en el cual se basa toda ciencia.

Los símbolos religiosos representan, como ella misma dice, la humildadante una fe, pero yo no puedo aceptar que en ningún momento el estudio o la ciencia se vean de alguna forma subordinados a la humildad hacia unacreencia religiosa. La capacidad de desprenderse de esos símbolos en los espacios que lo exigieran, como lo sería un centro formativo, es en sí un símbolo de aceptar el laicismo en el estudio, al que la religión nunca debe condicionar.

Si una persona esta comprometida con la educación laica, no debería de tener ninguna objeción a desprenderse de símbolos religiosos durante el tiempo que la ejerce.Soy consciente de que la mía probablemente sea una opinión impopular, pues los recientes acontecimientos parecen haber dividido la opinión pública en posiciones de trinchera en las que los términos medios no interesan.

La tolerancia en nuestra sociedad es fundamental, pero no estoy de acuerdo con que en su nombre debamos dejar de obedecer todos por igual a una serie de reglas, pues de lo contrario, la convivencia será imposible. ¿Permitiríamos que un policía no utilizara el uniforme reglamentario porque le supone alguna ofensa religiosa? Me parece más que razonable que Souliah pida respeto por su fe, pero yo le pido que ella muestre el mismo respeto hacia el laicismo de la educación pública.


Quiero ser profesora sin quitarme mi ‘hijab’

Lamia Souilah tyal

Después de dos años en el silencio de la vida, vuelvo otra vez a cargarme de valor en busca de un trabajo digno para una licenciada en Filología Hispánica. Desafortunadamente, la suerte tampoco me acompaña esta vez, pues veo la misma mirada incrédula en los ojos del otro. Mi pañuelo, mi ‘hijab’,  todavía sigue desconcertando a la persona que tengo enfrente.

Vuelvo a casa cabizbaja, con el corazón afligido y las lágrimas a punto de descomponerse. Creía que solo era una ilusión, así lo creía. Pero no. A mí me tocó vivir en una sociedad miedica para con lo desconocido. Una sociedad que se ahoga en los yugos de la ignorancia. Porque no indaga. No porque no haya información, sino porque que no le da la gana enterarse.

Giro la mirada hacia el norte, concretamente a Inglaterra y, veo a unapolicía con su pañuelo, a una dependienta con su velo, a una doctora con su ‘hijab’… Y yo aquí, ¿por qué no puedo ser una profesora con mi pañuelo? Solo tengo la mala suerte de vivir en una sociedad que no entiende ni de diversidad ni de libertad de vestimenta.

Hablar de ‘hijab’ es hablar de Islam. No solo es creencia, es una filosofía de vida. El Islam no es la simple práctica de subir y bajar en el rezo, sino que es relación directa con Dios. Es un poco de humildad hacia ese Señor que nos ha creado. La vestimenta no solamente es una parte de estacreencia, sino la vida misma. Esta creencia religiosa me define como ser humano, me construye como persona. Así es mi ‘hijab’, ese velo que cubre mi cabeza, pero no  mi cerebro, ni tampoco mi capacidad de raciocinio.

Ese Islam que tantos critican porque lo desconocen me ha llevado a respetar a lo diferente a mí y a que de esa diversidad (cultural, de pensamiento, de vestimenta…) aprendo. Pero para poder aprender, no solo se tiene que respetar, sino previamente aceptar. Tal vez la vida sería más fácil si nos aceptásemos tal como somos. Tal vez.

Y yo aún sigo aquí, formando parte del uno de cada cuatro jóvenes españoles de la generación nini por el simple hecho de llevar un trozo de tela sobre mi cabeza.

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