Resistencia de indígenas y afros al modelo de ‘civilización’ implantado por las congregaciones religiosas en América

Con el tránsito de la Colonia a la República, muchas de las comunidades religiosas que fueron encargadas del proceso de “civilización” de indígenas y afrodescendientes abandonaron el país.

En los espacios que quedaron por fuera del control de estas comunidades y del nuevo gobierno, los pueblos indígenas y afrodescendientes desarrollaron formas de educación propias. Mamos, jabas, taitas, jaibanás, mujeres sabedoras y chamanes tuvieron la posibilidad de profundizar sus conocimientos y transmitirlos a los más jóvenes.

La política de las órdenes religiosas para “civilizar” a las comunidades indígenas fue retomada en la segunda mitad del siglo XIX por el Gobierno Nacional y reforzada por el Concordato de 1887, un acuerdo entre el Estado y el Vaticano.

Desde entonces, frailes y monjas se desplazaron a los territorios habitados por estos pueblos, fundando escuelas y los mal llamados “orfelinatos”, donde se buscó aplicarles esta política a niños y niñas.

Se trató de un proceso violento, que tuvo como objetivo despojarlos de su cultura. No obstante, estos pueblos desplegaron diferentes formas de resistencia, que les permitieron mantener y enseñar sus propios saberes.

En las últimas décadas del siglo XX, los pueblos indígenas y afrodescendientes presionaron la salida de los misioneros de sus territorios, para asumir su propia educación.

La Constitución de 1991, que reconoció al país como pluriétnico y multicultural, les dio un nuevo impulso a los procesos de autodeterminación.

Actualmente, siguen construyendo alternativas para fortalecer una educación acorde con su cultura y sus formas de conocimiento.

Del periodo colonial al republicano

La educación superior durante el periodo colonial estuvo en manos de la Iglesia. Su objetivo, siguiendo la doctrina escolástica, era la formación del clero y de los abogados.

A finales del siglo XVIII se intentaron algunos cambios, como la reforma que buscó basar la educación en el principio de utilidad, para aprovechar mejor las riquezas del virreinato. Esta nunca se implementó.

A comienzos de la república, la Iglesia siguió teniendo un papel importante. Sin embargo, el gobierno del general Francisco de Paula Santander se propuso convertir la educación en una función del Estado.

El clero se opuso a la enseñanza de la ética utilitarista del filósofo inglés Bentham. Entre tanto, un grupo laico de neogranadinos defendió un punto medio entre la consolidación del proyecto republicano y la preservación de las tradiciones católicas.

Así, a comienzos del periodo republicano la educación comenzó a secularizarse por iniciativa del Gobierno, lo que no significó que la religión católica dejara de ser el sistema de creencias básico de la población.

En los siguientes doscientos años, la educación se ha debatido entre la doctrina católica y la libertad de enseñanza. En este periodo, las instituciones religiosas han predominado en el ejercicio educativo.

La enseñanza fragmentada y diversa

Las disposiciones de Francisco de Paula Santander y la Constitución de 1863 exigían una educación liberal y obligatoria en toda la República. Con la reacción conservadora, entre 1886 y 1936, se entregó a las congregaciones religiosas de la Iglesia la educación moral.

En la República Liberal, entre 1930 y 1946, si bien se respetó la libertad de enseñanza, el Estado debía intervenir en la marcha de la educación pública y privada.

A partir de la década de 1970 se ha optado por un sistema mixto, con una enseñanza oficial laica que no excluye la participación de la religión. Esto ha permitido la enseñanza privada, dando lugar a escuelas, institutos y universidades, tanto laicas como confesionales.

Además, ha tomado fuerza la diferenciación entre clases ricas, medias y pobres. El resultado no ha sido un sistema diverso, sino uno fragmentado, que si bien ha aumentado el alfabetismo a casi el cien por ciento, tiene problemáticas como las calidades desiguales.

El movimiento estudiantil y la lucha por la universidad pública

Desde la primera mitad del siglo XX, los estudiantes han jugado un papel importante para que la educación esté al alcance de todos los colombianos.

En los últimos dos años, estudiantes, profesores y trabajadores protestaron en multitudinarias marchas contra la desfinanciación de las universidades públicas. Se estima la deuda histórica en 15 billones de pesos y un déficit presupuestal de 3,2 billones para el funcionamiento del 2019.

En estos paros fue evidente la importancia del movimiento estudiantil como actor político, y se hicieron patentes las dificultades y la falta de voluntad del Estado para garantizar históricamente a todos los colombianos el acceso, la gratuidad y la calidad de la educación superior.

Desde el siglo XIX, algunos gobiernos han buscado la masificación de la educación, que hasta ese momento se había mantenido como un privilegio de las élites. No obstante, han sido múltiples los obstáculos afrontados para alcanzar esa meta: la insuficiencia de personas formadas en la labor de la enseñanza, la precariedad del presupuesto, la fragmentación geográfica y falta de cobertura escolar en regiones apartadas del país, la negociación con la Iglesia católica por el control de la educación, la deserción escolar, la violencia política, que ha afectado principalmente a maestros rurales y a sus alumnos; la privatización de servicios en las instituciones educativas públicas, entre otras dificultades.

Muchas de estas problemáticas han sido –y siguen siendo– denunciadas y combatidas por los movimientos estudiantiles, que desde la primera mitad del siglo XX han levantado su voz para defender uno de los derechos primordiales de la ciudadanía, el derecho a la educación: pública, gratuita y de calidad.

Datos curiosos

Becas para indígenas
En 1822, el general Santander publicó el decreto Becas para los indios, que les permitiría ingresar al sistema educativo. El analfabetismo indígena estaba asociado al
dominio español.

Sumapaz, lancasteriano
En la década de 1960 funcionó allí una escuela donde aún se aplicaba el método lancasteriano, basado en la enseñanza mutua entre alumnos.

Escuelas normales
La primera Escuela Normal de la República –donde se forman los maestros– fue encargada a un religioso.

Lancaster visita Venezuela
El mismísimo Joseph Lancaster visitó Caracas por invitación de Bolívar.Allí se encargó del manejo de una escuela en la que implementaba su método, hasta que tuvo que salir del país por problemas económicos.

El primer Doctor indígena
Abadio Green obtuvo en 2011 el título de Doctor en Educación por la Universidad de Antioquia, siendo el primer Doctor indígena del país.

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...