Redes de religiosos, médicos y funcionarios

La historia de los niños 'apropiados' —así prefieren ellos que se les llame— hunde sus raíces en el Franquismo. Aunque en los primeros años estuvo cargada de ideología —robaban a los hijos de presas políticas y mujeres republicanas para dárselos a familias conservadoras—, pronto se convirtieron en tramas puramente económicas que extendieron sus tentáculos más allá de la dictadura. Lo atestigua Francisco Tena, sociólogo y experto en la materia que lleva años rastreando el origen de algunas de estas personas. «Los casos más numerosos se dieron entre 1963 y 1970, aunque yo manejo casos de 1943 a 1995. En 50 años, ¡imagínate todos los afectados que pudo haber!», exclama. El abogado Enrique Vila representa a 'apropiados' de hasta los años 90.

Estudiando los casos, descubren un 'modus operandi' recurrente. «Matrimonios que no podían tener hijos, normalmente mayores, se ponían en contacto mediante conocidos con personas que les podían 'facilitar' uno. En un primer encuentro les decían a qué ciudad tendrían que ir a buscarlo y el dinero que debían pagar por él [FUE EL CASO DE JUAN LUIS Y ANTONIO] y en la fecha señalada, se desplazaban hasta la ciudad pactada y se hacía el intercambio, normalmente en casas o parques. Después, les mandaban a una matrona o auxiliar de enfermería de su propia ciudad, que falsificaba, también previo pago, el certificado de alumbramiento y con él acudían al registro civil dondeinscribían al bebé como propio. Todos se llevaban dinero», describe Vila.

El eje de la trama se urdía entre las paredes de los hospitales, donde se vivían situaciones dispares. Había madres que querían dar al niño en adopción, mujeres jóvenes o madres solteras que, presionadas por sus familias y la moral de la época, decidían no seguir adelante con su maternidad, prostitutas que no podían tener al bebé… Pero también casos más trágicos. «Había parturientas sanas y con partos normales a las que, tras dar a luz, les quitaban al niño diciéndoles que había muerto. Muchas nunca llegaban a ver el cuerpo del bebé, ni el certificado de defunción, ni nada de nada», cuenta Francisco Tena. Ese niño salía de la clínica con destino a otro hogar y en la mayoría de los casos, como en el de Antonio Barroso o María Labarga, se modificaban los historiales médicos y las actas de nacimiento para borrar cualquier rastro de lo ocurrido. Entre otros delitos, Vila considera que se podrían haber cometido suposición de parto y trafico de niños, falsedad en documento público, coacciones y engaño a las madres biológicas.

«Casi siempre había religiosos implicados. Se creían con potestad moral para quitarles los bebés a madres sin recursos y dárselos a familias convencionales. Pero figuran en los casos porque trabajaban como enfermeras en los hospitales en esos años, no porque fuera una trama de la Iglesia como institución», explica el abogado. La magnitud del escándalo llegó a alcanzar grandes proporciones. «Hubo muchas familias despojadas de sus hijos. Las madres no tenían normalmente recursos culturales ni económicos. Eran solteras, jóvenes indefensas que se resignaban cuando les decían que el niño había muerto. Algunas siguen hoy en tratamiento psicológico», añade Francisco Tena, quien matiza que «la mayoría de los adoptantes lo hicieron de buena fe» y no se les puede acusar de delito porque, aunque pagaban por los niños, «les decían que era para gastos médicos, papeleo, etc». «La responsabilidad la tienen los intermediarios y hubo mucha gente que se enriqueció con esto. Debería intervenir la Fiscalía y habría que estudiar su conexión con delitos de lesa humanidad. Es de una magnitud tremenda », sentencia.

TESTIMONIOS

«Como protestes, te denunciaré por adulterio y te quitarán también a tu otra hija »

María Luisa se separó de su marido, se enamoró de otro hombre y se quedó embarazada. Pero la historia no cuajó y ella se encontró sola con una niña pequeña, otra creciendo en su vientre y sin opciones de salir adelante. Pidió ayuda a una monja que le terminó quitando el bebé por 'adultera'. Era 1982

«No consigo dormir, sueño con los mensajes de los foros, con que en cualquier momento puede aparecer mi hermana»… Inés es una de esas implicadas en las historias de 'niños robados' que saben a ciencia cierta que su familiar sigue vivo. Su hermana nació sana y una monja se la arrebató abiertamente a su madre. Sin excusas, sin mentiras, sólo con una amenaza que dejó paralizada a la parturienta: «Como te atrevas a protestar, te denunciaremos por adulterio y conseguiremos que te quiten también a tu otra hija». Tan sólo una frase y el miedo se adueñó del cuerpo de María Luisa, que decidió resignarse.

La historia se remonta a 1982, con la normalidad democrática ya instalada en España, pero con los temores de la dictadura aún metidos en el cuerpo. María Luisa estaba casada, tenía 24 años y una hija de dos, pero las cosas no marchaban bien en su matrimonio y decidió separarse. «Sin tramitar el divorcio porque no tenía dinero para abogados», explica Inés, su primogénita. Así que cada uno se marchó por su lado y María Luisa se enamoró de otro hombre. Y se quedó embarazada. Los cambios se precipitaron entonces: la historia con el nuevo amante no cuajó y ella se encontró sola con una niña muy pequeña, otra creciendo en su vientre y sin opciones de salir adelante.

«Mi madre estaba pasando un momento difícil y se enteró de que la monja Sor María Gómez Balbuena, que trabajaba como asistente social en el hospital Santa Cristina de Madrid, atendía a madres solteras en su situación. Decían que las ayudaba con los niños después del parto, así que fue a verla y le contó su historia. La monja le dijo que no se preocupase de nada, que saldría adelante, que tenían una especie de guardería… Y le dio una tarjeta para que la entregase cuando ingresase. Después no volvieron a verse», cuenta Inés. Hasta el día del parto.

En la madrugada del 31 de marzo de 1982, un mes antes de lo previsto, María Luisa sintió las contracciones. Se fue directa al hospital, donde entregó la tarjeta que le había dado Sor María. «La metieron en una sala donde había otras 10 chicas yle llevaron unos papeles para que los firmase, después la durmieron entera y cuando se despertó, la niña ya estaba en el nido». Inés habla por boca de su madre porque la mujer no tiene fuerza para enfrentarse a los medios. «Cuando se despertó, lo primero que hizo fue preguntar por la niña, pero la monja le dijo que ya no era suya, que lo que había firmado antes de dar a luz era su renuncia y que iban a dársela a otra familia con la que estaría mejor. Mi madre se volvió loca, fue corriendo al nido, gritando, pero Sor María le dijo que como formase escándalo la denunciaría por adulterio y le quitaría a su otra hija».

Ninguna otra amenaza podía ser más efectiva. En España el adulterio había sido despenalizado en 1978, pero la memoria de muchas personas seguía aferrada a códigos antiguos. «Lo pasó fatal, pero pensó que sería aún más doloroso perder a la niña que llevaba cuidando dos años. La monja le dijo que se tranquilizase, que ella iba a estar muy pendiente del bebé, que iba a estar mejor con ellos que con una mujer adúltera, queiban a llamarla María… Nosotras pensamos que se la dio a algún familiar suyo", cuenta Inés. Así, abiertamente, con el convencimiento de que arrebatarle la niña a una madre soltera era éticamente la mejor de las opciones. Esta religiosa, Sor María, trabajaba estrechamente con el doctor Vela y fue uno de los nombres que más se repitió en el escándalo de San Ramon, clínica en la que operaba una trama de tráfico de niños que destapó la revista 'Interviú' a finales de 1981. [LEA EL CASO DE DAVID RODRÍGUEZ]

María Luisa e Inés han vivido desde entonces privadas de hija y hermana. Resignadas, hasta que el aluvión de casos que ha salido a la luz en los últimos meses les han hecho sumarse a la búsqueda. «Me paso todo el día en internet, en foros como quiensabedonde.esEs como una película—se lamenta Inés—quizás publicando nuestra historia alguien pueda ayudarnos».

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