Puente Ojea, referente del laicismo español

Homenaje póstumo a uno de los grandes pensadores españoles de todos los tiempos, ante el vergonzoso silencio de las instituciones

Habiendo sido adoctrinado por una educación ultrareligiosa, empezó a hacerse preguntas sobre la veracidad de los dogmas

En el Ateneo de Madrid, el pasado jueves 20 de abril se ha celebrado un homenaje póstumo en honor del ensayista, escritor y ex embajador de España en el Vaticano Gonzalo Puente Ojea. Europa Laica y el propio Ateneo de Madrid han querido homenajear a uno de los grandes pensadores españoles de todos los tiempos, ante el vergonzoso silencio de las instituciones.

Falleció el pasado diez de enero a los 92 años de edad, tras una larga carrera diplomática al servicio de España, y tras una larga e intensa vida intelectual promovida por su innata cualidad de hombre crítico y librepensador. Inició su andadura como pensador y ensayista allá por sus veinte años, cuando, habiendo sido adoctrinado por una educación ultrareligiosa, empezó a hacerse preguntas sobre la veracidad de los dogmas y de la religión con la que le habían empapado. Fruto de esa inquietud nacieron, desde 1955 hasta el final de su vida, más de una treintena de libros; libros que son ya un referente en la historia del pensamiento español y un paradigma en la historia de nuestro malparado racionalismo.

Libros como ‘Ateísmo y religiosidad’ (1997), ‘El mito de Cristo’ (2000) o ‘La cruz y la corona: las dos hipotecas de la historia de España’ (2011) son algunas de sus obras que pretenden desenmascarar la falacia del pensamiento mágico y supersticioso de la religión, como una herramienta de control social en beneficio de las instituciones tradicionales del poder. Un interés muy especial tiene su libro ‘Elogio del ateísmo’ (1995), una obra que era, y es del todo necesaria en el contexto cultural de este país, tan poco habituado, por la gracia del clero y de dios, al criticismo y a la reflexión. Son obras que por sí solas le convierten a Puente Ojea en un gran referente del librepensamiento español.

Especial interés tiene en su biografía su paso por la embajada del Vaticano. Su salida fue muy polémica y engarzada a su divorcio para casarse por amor por lo civil, algo que el clero no aceptó. Según cuentan algunas personas cercanas al embajador, a partir de entonces su carrera diplomática y su reputación se vieron muy afectadas; lo cual no significó, en absoluto, que Puente Ojea se plegara ante las presiones, sino todo lo contrario. Continuó con convicción, coherencia y coraje con su compromiso férreo por convertir su investigación, sus libros y su compromiso en un camino de liberación ideológica para España y los españoles, y convirtiéndose en uno de los grandes intelectuales y pensadores españoles no sólo del siglo XX, sino también de toda la historia de este país nuestro.

Todo ello convierte en increíble y difícil de digerir el silencio de las instituciones. Lo lógico, lo honrado y lo coherente hubiera sido que en ese homenaje en el Ateneo de Madrid hubiera estado el ministro de Cultura español. Porque Gonzalo Puente Ojea era, es y será siempre parte importante de la cultura de este país, además de un referente y un faro de guía para los laicistas y los demócratas españoles, de ahora, y de las próximas generaciones. Por más que la derecha cateta y reaccionaria le pretenda ignorar.

Sin embargo, sí recibió en este acto el homenaje y el reconocimiento del Ateneo de Madrid y de su presidente, César Navarro, de Europa Laica, a través de su presidente, Paco Delgado, y Juanjo Picó, del ateneísta y escritor Isabelo Herreros, del embajador Eduardo Sánchez, del filósofo e investigador de la obra de Puente Ojea Miguel Ángel López, de mi propia persona, y de muchos miles de españoles que nos quedamos con su faro de guía. Porque, como dijo en el acto su amigo personal, el también diplomático Eduardo Sánchez, hay personas que nunca viven, aunque vivan, y hay personas que, como Gonzalo Puente Ojea, nunca mueren, aunque mueran.

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