Por una Escuela Pública: Vuelta al cole. Deshaciendo mitos e intereses y poniendo los puntos sobre las íes

En el anterior artículo de 31 de agosto, abogaba por la presencialidad, pero siempre que se cumplieran unas condiciones y propuestas genéricas y específicas, dentro de la idiosincrasia de cada centro. Pero, a estas alturas, todas ellas muy raramente se cumplen. Sin embargo, el Ministerio y las Consejerías están lanzando mensajes de que las escuelas son “lugares seguros”. Sus razones tendrán. También, desde diferentes ámbitos profesionales, se desliza la opinión de que es mejor la socialización directa de niños y niñas con sus iguales que permanecer en casa en una enseñanza online. Pero muy pocos se detienen a analizar sistemas mixtos. Dan por hecho el “todo o nada”, salvo a partir de tercero de secundaria que habría posibilidad de compartir educación presencial con “a distancia”, claro si hubiera los medios para ello. Que no siempre ocurre. Ante la carencia generalizada de adecuados medios digitales, los poderes públicos han optado por lo más sencillo. Es decir: Un modelo del siglo XX y -“ya veremos sobre la marcha”.

Estos días está comenzando el curso 2020-21 (de las enseñanzas no universitarias) de forma presencial, aunque con dudas de cómo terminó (realmente) el 19-20….

Por ello conviene recordar algunas cuestiones, entre ellas que las enormes carencias del Sistema en cuanto a la posibilidad de una educación online y/o mixta. Salvo excepciones, es bastante inviable, si hubiera que cerrar centros o aulas, ya que en estos 175 días desde el mes de marzo, hasta hoy, no se ha hecho todo lo necesario para “prepararse” para unas “circunstancias excepcionales” que pudieran darse de nuevo. Tampoco se ha hecho mucho para buscar fórmulas realistas en cuanto a la conciliación familiar y laboral, en caso de que haya escolares que tengan que permanecer en casa algún tiempo (al margen de declaraciones contradictorias en el seno del gobierno), ni se han reforzado  adecuadamente los muy necesarios, a partir de ahora, servicios primarios de pediatría y de medicina de familia… casi todo lo contrario, según las alertas que el “mundo de la sanidad” está lanzando a lo largo de estos días. Ni la mayoría de las CCAA han contratado personal de enfermería escolar para los centros, como hubiera sido lo más adecuado.

Pero los verdaderos problemas del sistema educativo son otros… y muy profundos.

1-Insuficiente financiación de la Enseñanza

En el anterior artículo (vuelta al cole – 1), advertía de que la inversión y gasto total en educación –actualmente- es inferior que en el año 2009, en casi 2.000 millones de euros y según diversos estudios el Sistema Educativo español estaría soportando un déficit actual mínimo de más de diez mil millones de euros. Y lo que es más grave, esta situación se ha cebado más con la enseñanza de titularidad pública, ya que ha habido un trasvase de recursos de ésta, a la enseñanza privada concertada (mayoritariamente de ideario católico). Y, con ello, se ha generado una mayor brecha (social, digital educativa…), castigando a los sectores más desfavorecidos y vulnerables

Por ello, cuando hace unos meses el Gobierno anunció una cantidad suplementaria de unos 2.000 millones de euros, para paliar la situación provocada por el covid-19 me quedé algo perplejo y me puse a hacer cuentas. El tiempo me ha confirmado los augurios más pesimistas. Aquel anuncio representaba una cantidad aproximada de unos 240€/alumno y curso. Si se dedicaba a la contratación de profesorado y personal sanitario para una mayor seguridad ante la pandemia, para desdobles en lugares de una mayor presión de alumnado, no podría haber más de 50.000 contrataciones en total, cuando desde diversos sectores del profesorado harían falta entre 60 y 70.000 mínimamente. Si a esos 2.000 millones las CCAA le restan un porcentaje no menor a un 33% de media para la enseñanza privada concertada, la cifra a manejar sería de unos 1.400 millones para los centros de titularidad pública. Como se puede observar no da para las contrataciones de docentes y sanitarios mínimos que harían falta. Ya no digamos para la implementación en limpieza, material para aumentar la seguridad, compra y distribución de aparatos TIC, conectividad donde sea necesario, formación, etc. etc. este es el verdadero problema que las diferentes gobernanzas esconden. Y en vez de explicarlo con humildad, se lanzan a un descarado autoritarismo, incluso implicando a la fiscalía del Estado para meter miedo a las familias.

Pero detrás de todo ello se esconde algo más, de mucho mayor calado, como es la enorme e histórica insuficiencia en la financiación de la Enseñanza, de forma generalizada, lo que comporta una carencia de medios (ratios más bajas en los cursos menores, más profesorado y personal de apoyo como se promete, siempre, cuando se aprueban las periódicas leyes, mejores instalaciones, necesario aumento de la digitalización, etc. etc.), de ahí que los poderes públicos central y autonómicos, una vez más, aprovechando esta inesperada y grave coyuntura, traten de dar otra “patada al balón” hacia adelante y entre presiones, veladas amenazas, utilizando la fórmula de la “prueba/error”,  estén abriendo a lo largo de este mes de septiembre el curso escolar más atípico de las últimas décadas y con medios, generalmente, bastante precarios, dada la situación. Y mientras, a ver qué pasa…

Como se indicaba en el anterior artículo, en términos PIB, la inversión global en enseñanza ha disminuido del 5% al 4’2% en estos últimos 10 años, es decir, cada vez estamos más lejos del 6% mínimo. Es decir, se necesitarían aumentar en unos 12.000 millones de euros más, a lo largo de los próximos cuatro años el actual presupuesto. Ese es el verdadero problema.

Hoy se destinan, por parte de todas las administraciones pública, unos 52.000 millones de euros, de los cuales algo más de 6.000 millones se destinan a la enseñanza privada concertada, al margen del abono de los salarios y la SS de ese profesorado. Por ello, ese incremento (de producirse) y de acuerdo a lo que recomienzan casi todos los organismos internacionales debería de ir, en su mayor medida, a la enseñanza de titularidad pública, que por sus características de ruralidad, extensión en barrios de sectores más vulnerables, acogida de inmigrantes, etc. etc., ayudaría a cerrar la enorme brecha existente, la cada vez mayor segregación y a disminuir el abandono escolar temprano, hoy -todavía- el más alto de la UE. Pero mucho me temo que no va a ser posible.

2-Anquilosamiento del sistema educativo

Que conste, como afirmaba en el anterior artículo de 31 de agosto “vuelta al cole (1)”, que sin duda, “…la opción PRESENCIAL es la más deseable, por multitud de factores. Pero no obstante, estamos en un momento muy EXCEPCIONAL y la flexibilidad y el rigor han de ser una prioridad”. Por ello una mitificación -sin más- tan potente como la que se está haciendo estos días, no es (hoy por hoy) razonable. Mas se trata de una nueva huida política hacia adelante, que repensar, aprovechando la circunstancia, un nuevo y necesario modelo de Enseñanza que nos, sitúe (por fin) en el siglo XXI.

Desde muchos ámbitos y desde hace varias décadas, mucha gente venimos reclamando que la escuela debería de cambiar profundamente, aunque desde las instituciones, desde los partidos y desde una parte profesional se resistan a ello, tozudamente. Bien es cierto que para ello hacen falta medios, altura de miras y voluntad política. Y eso, hoy por hoy, es un bien escaso.

El anquilosamiento que el sistema educativo padece, conforme pasa el tiempo se hace más evidente y, por desgracia, afecta mucho más (en términos generales) a la escuela de titularidad pública que a una parte de la privada y de la privada concertada. Lo que hace que la segregación aumente, como vienen advirtiendo organismos internacionales y lo muestran las estadísticas del INE.

El virus ha venido a poner “frente al espejo” las vergüenzas, las enormes carencias en medios, la lentísima evolución del sistema y, ahora, desde el poder político, con el inicio de un curso excepcional pretenden “tapar”, de nuevo, todas esas vergüenzas. ¿Hasta cuándo?

Un indicador a tener en cuenta podría ser, por ejemplo, un estudio (de junio de 2020) de las profesoras Marta Giménez-Dasí y Laura Quintanilla de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, que llegaba a la conclusión que, durante el confinamiento, se redujo el estrés y la ansiedad entre los escolares de 8 a 10 años y sólo un 9% echaba de menos el colegio.  Algo está pasando en el sistema totalmente presencial, para que suceda esto. Es para hacérselo pensar.

El estudio hecho a madres, padres y alumnado está contrastado, aunque yo me limito a citarlo, con todas las reservas, claro. Pero, sin embargo, éste y otros estudios similares habría que tenerlos presentes cuando se nos “llena la boca” del “indispensable papel socializador de la escuela, porque (a lo peor) la actual anticuada escuela ya no cumple, hoy por hoy y cien por cien, ese papel… Porque quizá la escuela del siglo XXI ya no debería cumplir (de hecho, no cumple) las mismas funciones y parámetros sociales que la escuela del siglo XX, ya que su organización, su currículo y contenidos, sus medios están más cercanos a la escuela de los años ochenta, que a la “sociedad 5G” en la que estamos inmersos. “¿Qué hace una escuela como tú en un siglo como éste?, se pregunta y razona el profesor Rafael Feito en su último libro publicado en 2020 por La Catarata.

Pues sí, esta es la realidad. Los fines y objetivos de la escuela, camino de transitar por la tercera década del siglo XXI, se deberían transformar profundamente, sin mayor dilación, y con ello han de evolucionar los currículos y los contenidos, la forma de socialización, los horarios y tiempos escolares, los espacios, los métodos de enseñanza aprendizaje y hasta las construcciones escolares. Eliminando, además, una rigidez que se parece no ya a la escuela del siglo XX, sino a la del XIX, en algunas cuestiones.

Además, el enorme ritmo de la evolución tecnológica en la sociedad en la que vivimos en la Enseñanza, va varios escalones más atrás. El sistema educativo no debería perder “ese tren”.  Porque de perderlo, su papel compensador, socializador, educativo… lo perdería, en la práctica. Y entonces. ¿qué nos quedaría?

En estas estamos, muy baja, inadecuada y desigual financiación y un anquilosamiento de un sistema educativo, del cual el covid-19 ha venido a mostrar sus debilidades y carencias.

Pero ahora lo que toca “contra viento y marea” es la “vuelta al cole”. Bienvenida sea. Dejo al margen las cuestiones sanitaristas. Pero -una vez más- los poderes públicos se están escondiendo, no se “dan por aludidos” (erre, que erre) y ¡Hasta la próxima! Los grandes paganos, no me cabe la menor duda, serán los sectores más vulnerables y -junto a ello- el alumnado con características especiales y/o diferentes.

Por cierto, el proyecto de nueva ley (LOMLOE), depositada ya en el Congreso no es la solución. En mi opinión, es el “pasado”, que incide en la privatización, en la confesionalidad y en la NO evolución hacia un modelo, en clave siglo XXI.

Francisco Delgado, fue miembro del Consejo Escolar del Estado, presidente de CEAPA, autor de diversas publicaciones sobre gestión de las políticas educativas y, en la actualidad, coordina el área de Educación de Europa Laica.

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