Pío XII, el Papa de Hitler

Pío XII, Eugenio Pacelli, quien fue Papa desde 1.939 hasta 1.958, está en proceso de beatificación a instancias de Benedicto XVI; al parecer, el proceso está detenido por el momento a causa de las críticas de los rabinos judíos y políticos de Israel, quienes, según parece, le han pedido al actual Papa que detenga la beatificación hasta la apertura de los archivos de su pontificado.

 Según parece, tanto judíos como supervivientes del Holocausto, consideran esta beatificación como un insulto.

En cualquier caso, existe la clara intención vaticana de convertir a Pío XII en santo. Y me viene a la memoria la idea que, siendo niña y adoctrinada en la escuela nacional-católica, tenía yo sobre «la santidad». Como me contaban que «ser bueno» era no llegar nunca tarde a las misas, rezar mucho y, por supuesto, tener mucha fe (entendiendo por fe aquello de creer lo que es increíble sin hacer preguntas ni formular cuestionamientos), yo pensaba que un santo era aquel que tenía muchísima fe (es decir, se lo creía todo «sin rechistar»), que iba a muchas, muchísimas misas (a las que llegaba, como poco, media hora antes de comenzar) y que, por supuesto, se sabía todas las oraciones tan bien que podía recitarlas «de carrerilla» cien veces seguidas sin trabarse ni una vez….

Ante tal panorama, lógicamente imaginaba que ser santo era todo un aburrimiento, y yo prefería, antes que adentrarme en tales rígidos esquemas, seguir con mis dudas con respecto a cosas que me contaban y que me «olían a chamusquina», y, a cambio, ser más humana y jugar a la goma, al truque, al escondite inglés o a la nancy haciendo de novia del madelman que, a escondidas, «tomaba prestado» a mi hermano de vez en cuando; todo lo cual me solía producir una importante desazón porque, por lo que me decían en la escuela y en la catequesis, eso no era propio de un «buen cristiano» y podría llevarme de patitas al infierno….

Dejando rememoranzas infantiles aparte, en este caso concreto me pregunto cuáles son las bondades de Pío XII para acceder a la polémica beatificación. Ya sé que una de ellas es haber sido «muy de derechas» (no hay más que recordar la última beatificación masiva de varios españoles que pelearon por defender un sangriento golpe de Estado en España); y es más que evidente que «ser muy de derechas» y defender los regímenes autoritarios es un gran mérito a la hora de acceder a ser beatificado. Lo de haber sido «muy bueno», pues creo que es bastante de dudar desde una perspectiva más madura y realista de la que yo tenía en mi infancia; quiero decir que estoy convencida de que el papa Pacelli nunca llegaba tarde a las misas, que rezaba mucho y que creía en muchas cosas sin cuestionarse su veracidad.

Pero a la historia me remito. Pío XII, a tenor de numerosos testimonios históricos, documentales e, incluso, gráficos, mantuvo una relación de estrecha simbiosis con el régimen totalitario de Hitler. Por recordar solo unos datos, en 1.933 firmó, siendo entonces diplomático del Vaticano, un Concordato que aseguraba a la Iglesia católica suculentos privilegios económicos, sociales y educativos en Alemania, concordato que estuvo vigente durante todo el nazismo. En 1.939, en la redada que hicieron los nazis para deportar a los judíos romanos a Alemania para ser exterminados, el papa Pacelli mantuvo una posición de absoluto silencio e indiferencia. El historiador e investigador John Cornwell, en su libro «El Papa de Hitler», lleva a cabo una investigación que desvela el marcado antisemitismo de Pío XII, así como el contundente silencio que sostuvo ante el monstruoso Holocausto, del que, según sus datos, era conocedor, y mientras, simultáneamente, la Iglesia católica estaba percibiendo pingües beneficios de la dictadura alemana.

Ante tales hechos, evidencias y acontecimientos históricos demostrados, contrastados y demostrables (es decir, no basados en la «fe», sino en la realidad), me sorprenden sobremanera algunas asombrosas declaraciones que han circulado en la prensa de algunas voces que atribuyen el holocausto nazi al laicismo.  Afirmar este despropósito es comparable a afirmar que en el mar corren las liebres…

Precisamente, con toda probabilidad, si la Alemania que hizo posible el nazismo hubiera sido una Alemania laica, ni Hitler hubiera llegado al poder, ni se hubiera exterminado a millones de seres humanos en uno de los más monstruosos crímenes contra la Humanidad de la historia.

Me inspiran más merecimiento, no de beatificación ni de santidad, sino de reconocimiento y de gratitud profunda, personajes que, como Luther King, Jhon F. Kennedy, Mahatma Ghandi, Winston Churchill, etc.etc., dejaron su vida en la lucha por el avance social, por los derechos, por las libertades, por la paz y por la dignidad esencial de los seres humanos. Por supuesto, como defendían los derechos humanos y no eran partidarios de los totalitarismos, nunca serán beatificados.

Coral Bravo es Doctora en Filología y Miembro de Europa Laica

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