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Odón de Buen y la enseñanza laica en 1892

Odón de Buen (1863-1945) fue un personaje fundamental en la ciencia española, en el ámbito de las ciencias naturales, de la zoología, la botánica, la geología y la oceanografía. Su Historia Natural, con ilustraciones y grabados fue ya un éxito en su momento. Pero también fue un hombre comprometido con el progreso del país, tanto en el ámbito del republicanismo como en el del librepensamiento. En este sentido, fue un constante colaborador de Las Dominicales del Libre Pensamiento.

Pues bien, esta publicación se hico eco de una conferencia que impartió sobre la enseñanza laica en la Sociedad “Amigos del Progreso” en noviembre de 1892. La Sociedad de Amigos del Progreso constituyó una asociación fundamental, en Madrid, dedicada a la enseñanza laica, y vinculada a distintas logias masónicas. Esta Sociedad se encontraba en la barriada de Tetuán, dependiente todavía del pueblo de Chamartín de la Rosa.

Precisamente, la mayoría del público que asistió a dicha conferencia eran personas de condición humilde, “hijos del pueblo”, donde “se conserva puro el patriotismo, el valor y el amor ferviente a la libertad”.

Odón de Buen expresó que no se oponían la enseñanza laica a la integral. Mientras no se pudiera llegar a la perfección había que contentarse con lo posible que era la enseñanza laica. Y eso porque consistía, y eso es lo que más parece que pueda interesarnos porque suponía una definición por parte de un personaje tan destacado, esencialmente en la exclusión de todo principio dogmático impuesto como verdad a los niños y en la sustitución de esas imposiciones con las cuales se corrompía su entendimiento y su corazón, por los principios de la moral universal y las verdades elaboradas por la ciencia.

En un pueblo como el español donde la infancia corría peligro de ver profanado su espíritu por las doctrinas impuestas, lo primero, lo más apremiante era evitar ese peligro estableciendo la enseñanza laica.

Bajo esta premisa había que aspirar luego a establecer la enseñanza integral, cuyo fin era permitir que el niño pudiera desarrollar armónicamente todas sus facultades, evitando que cualquier tendencia o fuerza se desenvolviese a expensas de las demás, dando lugar a que se atrofiasen ciertas facultades. Pero eso exigía medios que no tenía el pueblo, por lo que tenía que renunciarse temporalmente.

Hemos trabajado con el número del 18 de noviembre de 1892 de Las Dominicales del Libre Pensamiento.

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