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Negacionistas… hasta la muerte

Algunos antivacunas negaron la existencia del coronavirus hasta que lo sufrieron en sus propias carnes. Sociólogos, psicólogos y expertos en inmunización explican por qué rechazan la realidad.

El testimonio de Elena Lis es estremecedor. Su hermano Jorge, contagiado de covid, lleva ingresado dos semanas en la uci de un hospital. “Su suerte está echada y ya solo depende de Dios y de los sanitarios que se desviven desde hace meses por combatir una pandemia que algunos incautos aún se empeñan en negar”, escribe a comienzos de agosto en El Periódico.

Jorge Lis, quien en 1996 se proclamó subcampeón de España de motociclismo en la categoría de 125 cc., también es un negacionista. Cuando resulta afectado por la covid, le manda un mensaje a su hermana: “Tengo miedo, Elena, de que por haber sido un cafre ahora no podamos frenar esto. Esta semana ha sido de golpe una de mis mayores lecciones de vida. Pasar mucho tiempo en Twitter, etcétera, me había radicalizado al extremo. Ojalá me hubiese vacunado”.

El piloto falleció este martes, a los 46 años, en el Hospital La Fe de Valencia. Elena explica que el coronavirus era su único tema de discusión. “Él, que al inicio de la pandemia vivía atemorizado, de repente dio un giro y se contagió de un virus invisible y muy peligroso: el de las teorías que niegan la existencia del covid o relativizan sus efectos”. Jorge no solo se negó a vacunarse, sino que “incluso intentó que el resto de la familia, incluida mi madre de 84 años, tampoco lo hiciera”, relata su hermana en Un negacionista en la UCI.

Numerosos medios se hicieron eco de su fallecimiento, aunque durante la pandemia han muerto en España otros antivacunas que no han acaparado tantas páginas de periódicos ni pantallas de televisión. Por ejemplo, a finales de julio, en el Hospital de la Plana (Vila-real) murió un hombre que no se había vacunado y que rechazó ser intubado, según la prensa local, que también informó de la muerte de una mujer que, semanas atrás, se había negado a ser inmunizada.

¿Pero qué lleva a algunas personas a rechazar la existencia de la pandemia o las propias vacunas? Guillermo Fouce, profesor de Psicología de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, cree que los negacionistas entran en una espiral de aislamiento en la que solo aceptan la información que ratifica lo que defienden. Y que su postura esconde intereses económicos y políticos.

“Hay un negocio detrás, no son altruistas. Hablamos de un sistema construido para enriquecerse, de modo que los enfermos eviten el tratamiento médico convencional y recurran a uno alternativo, más caro”, explica el presidente de la Fundación Psicología Sin Fronteras, quien remite a la manifestación de la plaza de Colón. “Los antivacunas son una síntesis de los distintos grupúsculos negacionistas. Y allí se juntaron todos los históricos, desde quienes defienden tomar plantas para curar enfermedades hasta los detractores de la tecnología”.

Fouce detalla las claves que apuntalan el negacionismo: “Simplifican la realidad, dan un marco de seguridad que hoy no tenemos, te hacen sentir parte de un colectivo y apelan a la libertad”. Así, plantean un discurso alternativo simplificador, que vendría a decir: “Esto es una gran mentira y nos están engañando, por lo que te voy a contar lo que no te quieren decir. Yo tengo la curación”.

Jorge Lis pasó de estar atemorizado al principio de la pandemia a negarla tiempo después. El profesor del Departamento de Antropología Social y Psicología Social de la Complutense recuerda que, en el proceso de conversión, entran en juego la incertidumbre, la falta de información sobre la covid, la identidad —sentirse parte de un grupo— y las medias verdades, interpretadas a su manera. “Así se genera un discurso alternativo que los lleva a decir que el virus no existe”.

Negacionistas fallecidos

La lista de los negacionistas fallecidos, populares o que se dieron a conocer a través de las redes sociales, abarca todo el planeta. En el Reino Unido, David Parker murió a los 56 años tras negarse a que le inocularan en una “vacuna experimental” por temor a sus efectos. Tras su muerte, los familiares del gerente del Club Louis, situado en Catterick Garrison (North Yorkshire), animaron a la gente a que lo hiciese para evitar un sufrimiento como el suyo.

Caleb Wallace, un negacionista de Texas que emprendió una campaña contra el uso de mascarillas, falleció a los 30 años tras recurrir a la vitamina C, a las pastillas de zinc y a un medicamento antiparásitos cuando sintió los primeros síntomas. Tras la muerte a los 61 años de Phil Valentine, un locutor de Nashville, su hermano dejó claro que si siguiera vivo le pediría a su audiencia que se vacunase y que se olvidase de las teorías conspirativas.

Dick Farrel, presentador de radio y televisión en Florida que llamó “loco mentiroso” a Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los Institutos Nacionales de Salud, murió a los 65 años. Derechista como Phil Valentine, en sus últimas horas le envió un mensaje a una amiga en el que reconocía que el coronavirus “no es una broma” y deseaba haberse inoculado la vacuna que tanto había criticado.

Por citar otro caso, Stephen Harmon, miembro de una iglesia evangélica, documentó su estancia en un hospital de Los Ángeles y comentó en tono jocoso que confiaba más en la biblia que en Anthony Fauci, antes de fallecer a los 34 años.

Precisamente, el carácter del negacionismo puede ser de índole religiosa o naturista, explica José Antonio Forcada, presidente de la Asociación Nacional de Enfermería y Vacunas (Anenvac), aunque también suma a las personas que rechazan una situación que no acaban de entender, con creencias muy arraigadas y que rechazan la evidencia científica. “Afortunadamente, el negacionismo en España es bastante limitado”.

Reticentes

El vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín, se lamentaba en julio de que el 72% de los 122 pacientes entre 50 y 60 años ingresados en las ucis de la región había rechazado la vacuna. No obstante, los reticentes son una minoría, como reflejan las encuestas de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), que apuntan cómo han descendido del 33% en julio de 2020 al 4% en mayo de este año.

“Ahora bien, no todas las personas que evitan la vacuna son negacionistas”, matiza Celia Díaz Catalán, socióloga y profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, quien señala que hay reticencias porque no se conocen bien sus efectos ni los de la covid, así como por una falta de comunicación respecto a los procesos que han llevado a crear una vacuna en tiempo récord.

En ocasiones, añade, el rechazo responde a una cuestión de razonamiento motivado, como sucede con los efectos negativos de la inmunización, que no admiten comparación con los del propio coronavirus. “Y, sin duda, a los negacionistas también les ha favorecido que el discurso, científica y políticamente, haya sido cambiante”, subraya la socióloga, quien ha investigado cómo la polarización ideológica influye más que la educación en la reticencia hacia las vacunas infantiles.

Sin embargo, más allá de una conducta negacionista, Díaz Catalán cree que ahora el “problema fundamental” es la complacencia. Es decir, esa actitud que puede llevar a alguien a plantearse. “Si mis padres y el 70% de la población ya se han vacunado, ¿para qué voy a hacerlo yo?”. El descenso del número de fallecidos, según la socióloga, genera que la percepción de que el peligro sea menor. Aunque, al otro lado de la balanza, están los que confían en la sanidad y en la vacuna. “No obstante, hay un porcentaje que no tiene confianza en las instituciones, si bien afortunadamente es una minoría”.

José Antonio Forcada es consciente de que entre las personas que no se quieren vacunar hay quienes temen las reacciones adversas y quienes consideran que su desarrollo fue precipitado. “No son negacionistas, pero tenemos que trabajar para que se vacune el 100% de la población. Necesitamos muchísimos aliados y los mejores aliados son los que se vacunan”, concluye el también secretario de la Asociación Española de Vacunología (AEV).

Negacionismo con acento español

El negacionista es transversal: joven o anciano, rico o pobre, con formación o sin ella. Sin embargo, Guillermo Fouce cree que en España posee algunos rasgos característicos. Por ejemplo, algunos —presentes en Colón— son de extrema derecha. “Su ideología es contraria al Gobierno. Ellos financiaron los buses que acudieron a la manifestación negacionista de Madrid y, si vas a las webs de algunos convocantes, puedes encontrarte con mensajes racistas”, afirma el psicólogo.

Apelan a una libertad individual que pone en riesgo la salud del prójimo, además de la propia. “Para los negacionistas no hay libertades colectivas, sino individuales. Su postura es similar a la de las personas que rechazan transfusiones de sangre y que creen que están en su derecho de rechazar un tratamiento, aunque su hijo muera”, explica el presidente de la Fundación Psicología Sin Fronteras.

Celia Díaz Catalán considera que la ideología influye más que el nivel educativo, si bien apela a la prudencia en el análisis, porque también hay negacionistas con formación. “Los más reticentes a las vacunas están en posturas muy polarizadas, muy a la derecha pero también a la izquierda, porque los perfiles son variados”, detalla la socióloga. Entre los negacionistas famosos de nuestro país, por ejemplo, figura el cantante Miguel Bosé.

“El negacionista no solo niega la vacuna, sino también el virus y la pandemia, y piensa que es una confabulación para dominar a la humanidad”, apunta José Antonio Forcada, quien considera que en países como Estados Unidos, Francia e Italia están muy ligados a las ideologías radicales de derechas. “Ese sentimiento se retroalimenta en su propio grupo con nuevas pseudoevidencias que sacan a la luz, desmontando artículos científicos por trozos para usar lo que más les conviene”, añade el presidente de la Asociación Nacional de Enfermería y Vacunas (Anenvac).

Influenciados y radicalizados, además, por las redes sociales. “Estas y los buscadores sesgan la información y sugieren grupos afines, de modo que solo ven informaciones que confirman sus teorías. Además, también fomentan la creación de comunidades, de modo que toda su vida gira en torno al negacionismo”, apunta Guillermo Fouce.

“Son gente perdida. No vas a convencer a un negacionista, porque salvo honrosas excepciones se mantienen en sus trece”, concluye José Antonio Forcada. “Aunque no suele ser habitual, el motociclista Jorge Lis se dio cuenta de lo que era la realidad, pero llegó tarde”.

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