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Miniserie: Bir Baskadir, el tupido velo de la islamofobia

La serie aborda en ocho episodios todos los dilemas a los que se enfrenta la Turquía actual: una nación dividida entre el conservadurismo de las aldeas islamizadas y el cosmos materialista del Estambul de los rascacielos y la moda europea.

Estambul. Año 2020. La antigua capital del imperio Bizantino se transforma en un ágora, en un foro de debate cuyo principal motivo es una innovadora miniserie de Netflix. Creada por el prestigioso guionista Berkun Oya, Bir Baskadir (en español Nos conocimos en Estambul) es sin duda una de las obras más críticas, realistas y humanas que hayan cruzado el estrecho del Bósforo. Su profundo lirismo psicoanalítico y su afán divulgador de la auténtica situación de Oriente Medio han sido capaces de enmendar la imagen idealizada e inverosímil a la que nos tienen acostumbradas las populares telenovelas turcas que con tanto éxito se han importado en Europa y Latinoamérica.

En Bir Baskadir, el sufrimiento y las emociones extremas son un puente tendido que comunica a todas las clases sociales. La joven Meryem es la primera gota de sangre que bombea en el corazón de esta historia. Se trata de una veinteañera devota musulmana de rasgos hermosos cuyos pasos por la gran urbe destilan tanta humildad como fascinación por el ambiente que la rodea. En el paisaje del Estambul moderno que transita, los alminares de las mezquitas luchan por ser la nota más aguda de la ciudad. Pero el pleno pulmón de la llamada a la oración hace tiempo que no logra siquiera ser un susurro para la sociedad aburguesada de los grandes rascacielos de la ciudad del mar de Mármara. 

En uno de estos ostentosos edificios, Meryem trabaja como asistenta para el seductor señor Sinán, un hombre apuesto que por su aspecto físico podría ser el idealizado galán de las telenovelas. Sin embargo, en el mundo real que evoca esta producción, no es más que un mujeriego incapaz de implicarse emocionalmente. Salpicado de sexismo y repleto de estereotipos, emplea a menudo el velo que forma parte del uniforme de trabajo de Meryem como objeto de fetiche y desahogo sexual. La escena de su masturbación con un hiyab ha sido objeto de críticas por parte de los integristas islámicos turcos, ignorando que es solo el retrato de un personaje indeseable y clasista.

El hiyab como barrera emocional

Mientras tanto, las conversaciones de Sinán con su empleada no sobrepasan lo breve y necesario. Su único instante de implicación con ella es cuando esta sufre desmayos durante sus labores. Meryem, no obstante, se siente tan embelesada por su jefe como por el ambiente del Estambul europeo. Ambos amores platónicos que la muchacha solo es capaz de observar desde la distancia y la sensación de inferioridad. Meryem sabe que al final del día tendrá que cruzar el puente del Bósforo, tomar el autobús y volver a los suburbios de la ciudad, donde la vida tradicional y su familia disfuncional la esperan exigiendo de ella sumisión, silencio y sus humildes aportaciones monetarias.

La escena de su masturbación con un hiyab ha sido objeto de críticas por parte de los integristas islámicos turcos, ignorando que es el retrato de un personaje indeseable y clasista

Conocedora de esto es su nueva psiquiatra, la doctora Peri, quien a raíz de los recurrentes desfallecimientos de Meryem se ve obligada a tratarla en su consulta de un hospital público. A pesar de su profesionalidad, Peri se siente incómoda ante la presencia de una chica con hiyab. Sin embargo, la joven se va desgranando palabra a palabra en el transcurso de las sesiones, generando un vínculo de confianza con su terapeuta que termina por transformar una fría consulta médica en un vientre cálido, un lugar de reposo y paz casi maternal. Mientras tanto, esta adhesión sentimental es cada vez más difícil de asumir para una Peri que ahora debe afrontar sus temores.

El tupido velo de la islamofobia de la doctora Peri está en constante batalla ética durante su terapia con Meryem. Por una parte, como terapeuta de nivel y persona con alta empatía, no se siente orgullosa de los prejuicios que la absorben y que le hacen refugiarse de su implicación con su honrada, inteligente y amable paciente. Por otra, considera razonable el pavor que le produce ver cómo, en un país que creía europeizado y progresista, ahora son cada vez más las mujeres que se cubren el cabello y que reducen sus ambiciones a encontrar un marido y sus decisiones a seguir los consejos de los jeques e imanes locales

La marea islámica del país de la luna menguante

A través de la perspectiva individual de estas dos protagonistas tomaremos contacto con la realidad social que rige Turquía, un país que, a pesar de ser constitucionalmente laico, vive inmerso en una auténtica marea islamizadora provocada por el afán ultraconservador de los gobiernos de las últimas décadas. Sin embargo, Bir Baskadir se ubica temporalmente en el año 2018, época en la que el neoliberalismo y la cultura del consumo han calado en gran parte de la juventud aburguesada de Estambul. El motor de esta nueva sociedad ya no funciona a base de un combustible espiritual y tradicionalista, sino que se nutre de las ambiciones y los caprichos de una ciudadanía cada vez más laica y hedonista.

En este sentido, la doctora Peri encarna a la clásica feminista blanca de mediana edad y clase social privilegiada que durante su juventud, allá por los años 90, debió experimentar con holgada ilusión la apertura de Turquía hacia posturas más secularistas y cosmopolitas. Mientras tanto, Meryem es el reflejo más puro que existe en Medio Oriente de la joven modesta creada a imagen y semejanza del monopolio gubernamental islamista. Su carácter sumiso parece haber sido incubado al calor del  adoctrinamiento creciente de los medios de comunicación y, sobre todo, del férreo patriarcado que domina en su vecindario.

Cuando nos adentramos en la vida familiar y social de la joven, percibimos con gran pesar el escrutinio constante al que la someten los varones de la zona. La misoginia que inunda el sentir general de los hombres de este barrio a las afueras de Estambul es muy semejante al que existe en las aldeas más empobrecidas del país. Este ambiente subyugador en el que nos vamos adentrando a lo largo de los episodios recuerda ampliamente a tramas similares tratadas en películas como Mustang (2015) o La Segunda Mujer (2012), producciones turcas donde se describe la represión sexista desde la perspectiva de las mujeres que la padecen. 

Por su parte, el clima social que rodea a la doctora Peri no es mucho menos bochornoso ni opresor. Mientras la madura psiquiatra se enardece cuando una muchacha joven manifiesta su fe a través de su vestimenta, ella misma vive sometida a cánones de belleza muy estrictos y otras exigencias capitalistas que le impiden alcanzar la plenitud personal. También es notable en este sentido la presión que existe en muchas familias adineradas como la suya donde, aunque la religión musulmana es solo un cascarón vacío, la idea de que las chicas deben casarse jóvenes y tener descendencia acecha a muchas mujeres que prefieren darle prioridad a su carrera profesional.

Dos cabos atados por un océano

No obstante, Bir Baskadir no es solo un relato bifocal que enfrenta a dos mujeres que a pesar de haber nacido en la misma ciudad pertenecen a dos mundos, e incluso continentes, completamente distintos. Por el contrario, los personajes de Meryem y Peri son dos paréntesis simétricos que dentro de sí envuelven con afecto una historia coral, fascinante y evocadora. Una trama sutilmente hilada donde temáticas como la depresión, la homosexualidad, los abusos sexuales, la represión en el Kurdistán o la desigualdad social se manifiestan a través de diversos personajes con poderosas y creíbles interpretaciones.

Temáticas como la depresión, la homosexualidad, los abusos sexuales, la represión en el Kurdistán o la desigualdad social se manifiestan a través de diversos personajes

Destacan en este sentido diversos actores cuya naturalidad en pantalla nos muestra la crudeza de la vida turca: el maduro intérprete Settar Tanriögen, en el papel de un hodja (jeque y guía espiritual local) bienintencionado y paternalista, pero inepto consejero. Como contrapunto, la actriz Bige Önali interpreta a su amada hija, Hayrunissa, silenciosa estudiante de economía que suspira por un amor prohibido mientras sueña con rebelarse contra el sistema. También es reseñable la actuación de Funda Eryigit, quien se pone en la piel de Ruhiye, cuñada de Meryem que vive ahogada por un trauma del pasado. Su marido, Yasin, es ferozmente representado por Fatih Artman, quien se viste magistralmente de un cabeza de familia y exmilitar desesperado incapaz de devolverle el aliento y la alegría a su esposa.

Estos hombres y mujeres no son estereotipos enfrentados entre sí, sino que reflejan el alma del resto de los personajes con los que toman contacto en el devenir de los episodios. A través de los paisajes, los escenarios, la música y los diálogos viajamos con ellos hacia los dos polos de Estambul, donde el puente del Bósforo no es un ecuador ficticio, sino una arteria que conecta Asia con Europa, al rico con el pobre, al laico con el religioso. Este recorrido visual va desenlazando historias que forman parte de la realidad social de la Turquía actual. Historias que con un simbolismo humanista ponen de manifiesto que ni la vestimenta, ni la condición social, ni las creencias definen nuestro carácter, nuestras ambiciones ni nuestros apegos más profundos.

En un país como Turquía, que lucha por entenderse a sí mismo en su dualidad, reflexiones como las que deja Bir Baskadir nos ayudan a comprender a la ciudad de Estambul como una aleación transcontinental que lucha por fraguarse en una nación. También nos incitan a desenredar el universo que nos rodea, donde los prejuicios nos atan a menudo y nos impiden seguir la corriente del progreso y la cohesión entre pueblos.

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