Mexico: Las razones de Juárez

Artículo de Opinión sobre la influencia del Presidente mexicano Benito Juarez en el proceso de modernización de México, con especial hincapié en el papel del laicismo.

Para el siglo XIX, en el proyecto de secularizar a la sociedad y de puntualizar las exigencias de la nación soberana, se requería el canje de lealtades. Donde había santos, había héroes; a las peregrinaciones se les a?adieron los días de fiesta cívica y a los patriotas culminantes de primero, segundo y tercer niveles se les otorgó la titularidad de los nombres de ciudades, avenidas, calles, plazas, instituciones, medallas, premios, películas, alegorías, consignación en murales y retratos en grabados y portadas de libros.

Juárez, el impasible, con su rostro duro, sigue siendo uno de los individuos más vitales y generosos de la nación en este mundo globalizado. No obstante ser una legión de bustos y estatuas, Juárez sigue siendo un límpido ejemplo. Y el resultado de la ubicuidad de Juárez ha sido la implantación muy eficaz de un patriota excepcional y el olvido o el relegamiento de lo específico de una lucha y del sentido de su liberalismo radical, de su intransigencia y de su anticlericalismo paradójicamente tan cristiano.

A Juárez no lo humilla, ni lo ensombrece su origen. El racismo insiste en considerarlo inferior por el solo hecho de haber sido indio, zapoteca puro, pero él convierte en estímulos las cargas desprecio. Un indígena presidente de la República envía a todos los racistas a dar vueltas como presos en los círculos de la incomprensión y la rabia. Cuando Juárez tomó posesión del gobierno de Oaxaca criticó que los gobernadores tuvieran guardias armados en sus casas y la costumbre de llevar en las funciones públicas sombreros de una forma especial. Juárez abolió esas costumbres y usó traje y sombrero del común de los ciudadanos y vivió en su casa sin guardias, porque tenía la convicción de que la respetabilidad del gobernante se gana y le viene del respeto que él mismo imponga a la ley.

Se ha emprendido un proceso de modernización del país en el cual participaron, cada quien en su momento, Joaquín Fernández de Lizardi, Fray Servando Teresa de Mier, José María Luis Mora, Valentín y Benito Gómez Farías, Ignacio Ramírez, Mariano Otero, Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano, Juan Bautista Morales y otros que liquidaron los agravantes de un feudalismo y encaminaron al país hacia una etapa superior de desarrollo político y social.

El 12 de julio de 1859 se promulgan las Leyes de Reforma, se nacionalizan los bienes del clero, inició la separación de la Iglesia con el Estado gobierno, se exclaustró a monjas y frailes, se extinguieron las corporaciones eclesiásticas, se concedió el registro civil a las actas de nacimiento, matrimonio y defunción; se secularizaron los cementerios, y, lo esencial, se promulgó la inaplazable libertad de cultos. En suma, se declaró concluida la etapa feudal del país y quedaron sentadas las bases del pensamiento crítico.

Maximiliano aceptó la corona el 3 de octubre de 1863 y le envió una carta a Juárez invitándolo a reunirse con él en la ciudad de México para buscar un entendimiento. Juárez le contestó en forma tajante: “se trata de poner en peligro nuestra nacionalidad, y yo, que por mis principios y mis juramentos, soy el llamado a mantener la integridad nacional, la soberanía y la independencia. No puedo aceptar ninguna invitación a la traición”.

Desde esta óptica, el legado más importante de Juárez fue la certidumbre del laicismo, iniciado en las Leyes de Reforma y proseguido con la Constitución de 1917.

El laicismo garantiza la actualización permanente del conocimiento, la certidumbre de una ense?anza no afligida por los prejuicios y la exigencia de sometimiento a un solo credo, el respeto del Estado a las formas distintas de profesar una fe o abstenerse de hacerlo, la discusión libre de los avances científicos, las libertades artísticas. Juárez decía: “mi fe no vacila nunca. A veces, cuando me rodeaba la defección en consecuencia de aplastantes reveses, mi espíritu se sentía profundamente abatido, pero inmediatamente reaccionaba, recordando aquel verso inmortal del más grande de los poetas: ‘ninguno ha caído si uno solo permanece en pie’”.

Noé Guerra Pimentel, Presidente de la Asociación de Cronistas de Pueblos y Ciudades del Estado de Colima, A.C.

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