María no abortó

El paso atrás dado en materia de derechos y libertades que tantas décadas costó conseguir, otras tantas décadas costará recuperar

María tenía 21 años. Los mismos que tenía Miren cuando ambas quedaron embarazadas y una idea compartida por las dos. Lo suyo era un embarazo no deseado. Un embarazo que apenas tenía semanas y que las dos habían decidido interrumpir.

María, de familia humilde y trabajadora hasta hace unos meses, no tuvo el valor necesario de compartir en casa su decisión de abortar, ni tampoco recursos económicos para hacerlo en soledad. En la soledad que da la sanidad privada cuando el dinero va por delante de la ley.

Miren tuvo más suerte. Contó con el respaldo económico, que no moral, de familia de bien, educada en los valores de otro tiempo. Por lo que, aunque recatados ellos, la niña no tendría el niño, bueno el feto, o lo que sea, pero que no se entere nadie .

Nombres ficticios para situaciones reales. En breve, ni la ley les dará la posibilidad de decidir un derecho que siempre les correspondió, pero que tardó décadas, y antes siglos, en ser aceptado por la sociedad.

La Reforma de la Ley del Aborto fue metida con pinzas y de puntillas en el programa electoral del PP en 2012 para los comicios al Parlamento de Madrid. Un proyecto que no gustó ni al resto de sensibilidades políticas, ni a militantes y cargos públicos de la propia formación, pero que el ministro competente o incompetente de Justicia lo ha llevado como bandera de sus cuatro años en el cargo .

Básicamente viene a abolir el derecho a decidir de la mujer en la interrupción de su embarazo, salvo en casos muy excepcionales que representan una cifra residual sobre el porcentaje de abortos totales que se producen al año, y que debiera haber sido aprobada en unas semanas gracias a una holgada mayoría que le permite hacerlo. Pero las opiniones encontradas entre sus propios compañeros de filas, como la alarma pública que ha creado el rechazo a esta nueva ley, van a retrasar previsiblemente hasta el verano su puesta en marcha. No es que vaya a cambiar nada, no seamos ilusos. Este teatro, con respeto al teatro, que van a hacer en seis meses y que lo han titulado como la búsqueda del consenso no es más que maquillar la forma de hacer las cosas. La ley se aprobará, la mayoría servirá para que se apruebe, y la aprobación, con la búsqueda del consenso o como lo quieran llamar, servirá para que el ministro de turno se vanaglorie de haber fomentado el derecho a la vida, o eso dicen los antiabortistas.

Mientras tanto, el paso atrás dado en materia de derechos y libertades que tantas décadas costó conseguir, otras tantas costará recuperar. Y la vida seguirá, como abortos hubo, ha habido y habrá, con otra ley que no favorece a nadie pero si perjudica a las de siempre. O sea, a aquellas que se equivocaron o no se equivocaron, que fueron violadas, que fueron imprudentes, que se sentían inmaduras, que no se vieron capacitadas a afrontar lo que venía, que no tenían medios ni para subsistir, o sí… pero todas con denominador común; tener un derecho, libre y gratuito, a decidir en un momento de su vida ser madre o no . Miren no lo fue. A María en cambio no le quedo otra que, explícitamente, tirar para adelante.

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