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Los tropezones de Atheist Alliance International

Atheist Alliance International (AAI) fue fundada en 1991, con la idea de agrupar organizaciones ateas de todo el mundo y formar un frente común ante la comunidad internacional. Más o menos hasta 2016, la organización había tenido un crecimiento formidable, e incluso había conseguido el estatus de consultor especial en el Consejo de DDHH ante la ONU, pero la organización empezó a ir en declive, y, a juzgar por los tropezones que ha tenido recientemente, no está cerca de recuperarse.

El golpe

En 2017, AAI contaba con un total de 36 miembros, esto es organizaciones ateas de todo el mundo, y aproximadamente US $ 50.000 dólares en patrimonio. Ese año, la Junta Directiva había incumplido las obligaciones establecidas en los estatutos y algunos de esos 36 miembros (como la Freedom From Religion Foundation y Atheist Ireland) trataron de rescatar a la organización, proponiendo un plan para reorganizar la Junta Directiva, en la Asamblea General prevista para finales de ese año.

Los estatutos de AAI —que habían sido actualizados en 2013— establecían que cada año se llevaría a cabo una Asamblea General (AGM) de todos los grupos miembro, en donde la Junta Directiva debía rendir cuentas y ser evaluada por su función el año anterior, y debía buscar que los grupos miembro le dieran un mandato para el siguiente año, suponiendo que esos miembros (las 36 organizaciones ateas) aprobaran las propuestas que la Junta presentara.

Sin embargo, la Junta Directiva no convocó ninguna reunión para 2017, así que apenas empezó 2018, la Junta Directiva carecía de un mandato por parte de los miembros. En ese enero y febrero, Howard Burman y Gail Miller se presentaron como representantes de la fallida Junta Directiva de 2017, y le solicitaron a FFRF y Atheist Ireland que les ayudaran a adaptar sus propuestas para el año que empezaba, y reactivar la organización de una manera democrática.

Inexplicablemente, a finales de febrero de 2018 la Junta Directiva de AAI convocó a una AGM, de la cual excluyeron incomprensiblemente a por lo menos 25 (o sea, unas dos terceras partes) de las organizaciones miembro — una de las organizaciones excluidas de la reunión fue la propia Atheist Ireland que estaba trabajando en la reforma de AAI. Esta AGM ilegítima se llevó a cabo el 20 de mayo de ese mismo año, y en ella se votó a favor de los siguientes cambios:

1) La Junta ya no sería elegida por las organizaciones nacionales miembros de AAI. En su lugar, la Junta delincuente de 2017 (con Gail Miller como presidente y Howard Burman como vicepresidente) decidirían personalmente quiénes formarían parte de la Junta.

2) Ya no habría más asambleas generales en las que las organizaciones nacionales miembros de AAI pudieran presentar mociones y votarlas, con el fin de ejercer control sobre AAI y hacer que la Junta rinda cuentas.

3) Se eliminaría la obligación de la Junta de publicar las cuentas financieras a las organizaciones miembros nacionales. Las organizaciones miembros nacionales ya no tendrán derecho a ver las cuentas financieras de AAI.

Howard Burman, actual presidente de AAI, y Bill Flavel, actual vicepresidente, fueron invitados al podcast The Free Thought Prophet para que ofrecieran su versión de los hechos — allí, Burman y Flavel admitieron que excluir de la Asamblea a dos terceras partes de su membresía fue una decisión equivocada, así como lo fue cambiar los estatutos durante dicha Asamblea; y su única explicación al respecto es que lo hicieron “por error”, de manera accidental, porque no supieron interpretar adecuadamente los estatutos (de 2013) ni su propia base de datos, y porque creyeron que las otras organizaciones ya no eran miembros o no les interesaba seguirlo siendo. Aparentemente, que Atheist Ireland y Freedom From Religion Foundation estuvieran trabajando fuertemente en reformar radicalmente la organización para recuperarla no era suficiente muestra de compromiso e interés en AAI.

Burman también negó haber intercambiado comunicación con el presidente de Atheist IrelandMichael Nugent, en pos de la reforma de AAI. Sin embargo, John Hamill —uno de los anfitriones de The Free Thought Prophet, quien también hizo parte de Atheist Ireland y trabajó en AAI hasta 2016—, fue incluido en muchas de esas conversaciones. Hamill hizo públicos registros de esas comunicaciones que Burman y Miller tuvieron con Atheist Ireland, supuestamente para trabajar en la reforma de AAI, mientras por otro lado convocaban a la Asamblea ilegítima. La respuesta de AAI es que el registro de una conversación de Skype en la que sólo participaron él, Miller, Nugent y Hamill, no es evidencia de que él haya hablado con Nugent (!).

Según Hamill, la Junta Directiva ilegitima de 2018 (de la que Burman y Flavell hacen parte) tomó control del patrimonio de AAI, que le pertenecía a los 36 grupos miembros. Burman y Flavell responden que los fondos le pertenecen a AAI, y que en su esfuerzo por reestablecer la organización, los estatutos fueron cambiados una vez más, para que se asemejaran a los de 2013. En un episodio más reciente Hamill advierte que Burman y Flavell revirtieron algunos de los cambios a los estatutos y sugiere que esa decisión se debió a que, de no hacerlo, AAI habría perdido su estatus de consultor ante la Comisión de DDHH de la ONU.

Frente Popular de Judea vs Frente Judaico Popular

En 2019, AAI nombro como Co-Directoras Ejecutivas a Courtney Heard y Bridgette Gaudette. Ambas renunciaron al poco tiempo, y en ese momento no hicieron público el motivo.

Su sucesor, el australiano Michael Sherlock, luego arrojaría más luces sobre lo sucedido: en enero de 2018, AAI inició una campaña de Google Ads. La cuenta era manejada por Bill Flavell, al que se le encargó que dirigiera el tráfico al nuevo sitio web, que se había estrenado un mes antes. Google da a las organizaciones sin ánimo de lucro 10.000 dólares de publicidad gratuita en Google Ads cada mes. Durante los 14 meses de la campaña, cada anuncio se utilizó para enviar tráfico a la página web. Al parecer Heard y Gaudette habrían tenido problema con el hecho de que la mayoría del tráfico fuera redirigido al blog institucional que se le había asignado al propio Flavell. Según Sherlock, esto se explica porque ese blog era el más activo y el que generaba más visitas, así que la inversión estaba justificada. Aparentemente, Heard y Gaudette creyeron que la administración que Flavell estaba haciendo de la cuenta de Google Ads equivalía a la apropiación de 60.000 dólares y exigieron su renuncia inmediata, algo en lo que la Junta Directiva estuvo de acuerdo… hasta que Flavell explico la lógica de la inversión.

Ante ese cambio de opinón de la Junta, Heard, Gaudette y Miller renunciaron a AAI y fundaron la International Association of Atheists (IAA). Desde la creación se empezó a gestar un choque con Atheist Alliance International. Al parecer, IAA envió sus primeros correos de recaudación de fondos a una lista de 22000 contactos de AAI; algunos de esos contactos se quejaron con AAI, quienes exigieron que IAA borrara su lista de contactos. El intento de conciliación amistosa (en la que IAA ofreció US $5000) fracasó. Heard y Miller han sido acusadas, además, de acceder ilegalmente a los correos de AAI después de que dejaron la organización.

La versión de IAA es que ellos obtuvieron la lista de correo de manera accidental y enviaron los correos de recaudación de fondos a 22.000 contactos accidentalmente (?), que cuando se les llamó la atención al respecto, borraron la lista de contactos, y que accedieron a donar $ 5000 dólares a la otra organización, en parte porque AAI había solicitado una donación, y en parte como muestra de buena fe.

La versión de AAI, explicada a lo largo de un puñado de comunicados de prensa, es que Courtney Heard descargó deliberadamente la lista de correo y la usó para recaudar fondos para su nueva organización, IAA; y que los 5000 dólares fueron ofrecidos bajo la condición de no hacer público el asunto. AAI advierte que ellos son las principales victimas aquí — y no los contactos y suscriptores cuyos datos fueron obtenidos ilegítimamente por IAA. Howard Burman, presidente de AAI, anunció que el caso fue puesto en conocimiento de la fiscalía de California.

(Según John Hamill, la forma como estaban configurados los correos corporativos de AAI habría permitido que Heard y Miller accedieran a sus antiguas cuentas sin necesidad de hackear los correos.)

La versión de Michael Sherlock es que Miller instaló un acceso trasero en las cuentas de correo de AAI, con el cual se habrían enterado de que él estaba siendo considerado para dirigir la organización, razón por la cual Heard lo habría contactado y le habría ofrecido en cambio un puesto en IAA, y que en esa misma comunicación ella hizo la acusación de malversación contra Flavell. Sherlock declinó la oferta de Heard, y acudió a la entrevista de AAI (durante la cual confrontó a Flavell, y donde este le habría demostrado su inocencia).

Sherlock también menciona que con el acceso a los correos electrónicos, Heard y Miller supieron que AAI estaba pensando en llevar el caso ante el FBI, por lo que se des-registraron en EEUU y registraron IAA en Canadá; el acceso trasero —y la explicación de cómo IAA siempre parecía estar un paso adelante— fue descubierto tras una auditoria a los sistemas de AAI, encargada por el propio Flavell.

Por supuesto, el conflicto entre AAI e IAA ha servido para innumerables comparaciones con la genial película La vida de Brian, de Monty Python, en donde el Frente Popular de Judea tenía una rivalidad a muerte con el Frente Judaico Popular.

Pierden los ateos

Aunque pueda parecer más drama ateo de Internet, creo que este tema es importante por tres motivos: primero, porque últimamente varias organizaciones ateas de países de habla hispana se han incorporado a AAI, y la más elemental transparencia dicta que estén al tanto (o tengan la posibilidad de estarlo) de lo que ha ocurrido con la organización en los últimos años.

Segundo, porque AAI también ha renovado recientemente a buena parte de su personal, y no está claro que las personas elegidas y nombradas recientemente en la organización sepan lo que viene ocurriendo. También es justo que ellos estén enterados, y sigan aportando a la organización con conocimiento de causa, o bien decidan examinar su vinculación.

Tercero, y tal vez más importante, porque desde hace una década, las organizaciones ateas vienen cayendo como fichas de dominó ante la moda woke; y muchas organizaciones y activistas que supuestamente se preocupaban por hacer respetar los derechos de los ateos, ahora están obsesionados con que la gente tenga el color de piel correcto y que no usen palabras tabú, en vez de proteger y ayudar a rescatar a los no creyentes de pocilgas teocráticas, y facilitar que puedan ejercer y gozar efectivamente de sus derechos humanos.

Lo último que les preocupa a los ateos perseguidos en Irán, Irak o Arabia Saudita es que quien los rescata de esos lugares haya usado los pronombres correctos en Twitter, que no haya caído en el pecado mortal del manspreading en el avión de regreso a la civilización, que se haya atrevido a preguntar por qué las identidades transgénero y transrracial reciben tratamientos tan radicalmente diferentes, o que haya cometido ese protodelito de lesa humanidad y cuasicrimen de guerra que es invitar a una mujer a un café.

Hasta ahora, Atheist Alliance International había mantenido claras sus prioridades, y que yo sepa no han dado ningún paso en falso en nombre de la mal llamada Justicia Social, así que casi que estaba en los primeros lugares de esa lista cada vez más corta de organizaciones ateas que todavía son respetables y se preocupan por hacer un trabajo valioso. Pero que una ONG no sea pervertida por el posmodernismo es lo mínimo que cabría esperar de cualquier entidad que luche por los derechos humanos y las libertades individuales — eso no es patente de corso para actos de corrupción, negligencia o incompetencia. Y, lamentablemente, en los últimos tres años y medio, el comportamiento de la Junta Directiva de AAI se ha caracterizado por una combinación de esas tres, en grados variables (según que versiones de los acontecimientos narrados en este post sean más cercanas a la realidad).

Peor aún: resulta que AAI no es una organización atea más. Como dijimos, AAI tiene estatus de consultor especial en el Consejo de DDHH ante la ONU. Y en 2013 (para colmo de males, representados por Atheist Ireland) hicieron un trabajo fenomenal defendiendo los intereses de los no-creyentes. Por fin, una organización para defender los intereses de los ateos ante la comunidad internacional, en un organismo que ya cuenta con un nada despreciable número de organizaciones religiosas velando por mantener el tratamiento especial a sus supersticiones. (Valga aclarar que la unica otra organización con estatus de consultor ante el Consejo de DDHH preocupada por hacer valer los derechos de los no-creyentes y las minorías religiosas es el Center for Inquiry.)

Para rematar, resulta que AAI también tiene estatus participativoante el Consejo de Europa, así que sería ideal rescatar a la organización, y reestablecer su antigua gloria; lo que necesariamente pasa porque Flavell y Burman rindan cuentas de lo que han hecho con AAI en los últimos años, y que sean los grupos miembro quienes decidan sobre su eventual continuidad, o que den un paso al lado y permitan que otras personas con muchos menos conflictos de intereses los releven.

Infortunadamente, no parece que las cosas estén yendo en ese sentido.

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