Los peligros del bautismo

El limbo ha desaparecido, ya era hora, las pequeñas almitas que allí habían encontrado refugio han sido trasladadas al Paraíso, siguiendo las órdenes del infalible Mefisto XVI. Esperemos que se encuentren bien en compañía de Franco, Hitler, Mussolini, Pinochet, Torquemada y tantos otros que se ganaron el cielo con sus buenas obras, la Iglesia los apoyaba, así que tuvieron asegurado un puesto al lado del Padre Eterno, por papal decreto.

No deja de ser una buena noticia, ahora las familias no tendrán que precipitarse a la parroquia más próxima para acristianar a su vástago, tienen tiempo para pensarlo, y quizás debieran respetar la decisión, posiblemente en contra, de sus hijos ya adultos, por lo menos darles la posibilidad de escoger.

Si de lo que se trata es de presentar a los parientes y allegados el fruto de los esfuerzos de los cónyuges, nada más sencillo que organizar una bonita fiesta familiar, sin necesidad de inscribir al recién nacido en una secta, lo que puede representar un peligro para su porvenir.

Para explicar mi propósito quiero recordar aquí lo que fue la vida, y sobre todo la muerte, de Cayetano Ripoll.

Corría el año 1826 cuando se decidió su suerte. El trienio liberal hacía tres años que había terminado, la feroz represión que siguió a esta tímida tentativa de modernizar España, aun estaba vigente. En 1825 fue ahorcado en Madrid, el 24 de septiembre, el joven salmantino de 18 años, Gregorio Iglesias, acusado de ser masón. Por lo mismo fue ahorcado en Murcia el 6 de marzo Antoni Caro, que al parecer, murió dando vivas a la masonería y a la Constitución.

D. Cayetano Ripoll fue un soldado que luchó contra el invasor francés, un patriota. Fue hecho prisionero y llevado a Francia, fue allí, quizás, que donde interesó por el deísmo, (los deístas no afirman que dios exista o no, pero están convencidos de que si existe no interviene en los asuntos humanos) creencia que le llevó a la muerte. Cuando pudo volver a su país, ocupó un puesto de maestro en Ruzafa, pueblo de las inmediaciones de Valencia. No pudo ejercer su docencia mucho tiempo. Alguien le denunció como liberal. Las acusaciones eran graves, como veremos, se decía que cuando pasaba el Santo sacramento tomaba otra calle para no verlo, otros decían que no iba a misa y que no salía a la puerta de su escuela para saludar el paso del viático quitándose el sombrero, pero lo más grave de todo es que en vez de rezar el Ave María con sus alumnos se limitaba a saludar a Dios. La enseñanza que daba en su escuela no gustaba a la Santa Madre Iglesia, seguramente como antiguo liberal quería que los jóvenes pudieran tener acceso a unas ideas que hicieran de ellos hombres libres y no esclavos de monarcas y dogmas.

Aquello no podía tolerarse, era demasiado, su actitud ponía en peligro la Iglesia y al estado. El 8 de octubre de 1824 fue detenido bajo tan graves acusaciones. Para ser juzgado fue entregado al Tribunal de la Santa Fe, los tribunales llamados así eran completamente ilegales, la Inquisición había sido abolida durante el trienio liberal y a pesar de los ruegos encarecidos al rey Fernando VII por parte de la jerarquía eclesiástica para que la repusiese, no se hizo. Este hecho no fue aceptado y los Arzobispados utilizaron los tribunales antes citados para continuar la obra de la Inquisición que tanta gloria había proporcionado a Cristo y a su Iglesia. Hay que señalar también que dichos tribunales fueron declarados ilegales por los fiscales del Consejo de Castilla, pero sus sentencias no dejaban de cumplirse.

El Arzobispo de Valencia, Simón López García fue uno de los más dañinos, estaba dispuesto a que aquel peligroso sujeto acabase en la hoguera. Las acusaciones se hicieron más importantes. Se le acusaba de hereje contumaz. La Iglesia quería hacer un ejemplo de su condena, nadie debía escapar a su vigilancia y aun menos un maestro que podía corromper las tiernas conciencias de sus alumnos.

El juicio que se le hizo fue un modelo de iniquidad, no había pruebas y no se quiso oír al acusado, no se le dejó ni siquiera comparecer ante sus jueces, la Audiencia de Valencia se cubrió de vergüenza al decretar este asesinato. Una vez condenado, se le entregó al brazo secular, es decir al poder civil, que debía ejecutar la sentencia. La condena fue a muerte, como el Arzobispo había pedido.

Todos estos trámites habían durado casi dos años, y cuando la sentencia estaba a punto de ejecutarse apareció un grave problema que retrasó la ejecución y que podría haber salvado la vida del infortunado maestro. Entre los papeles de Ripoll no aparecía su certificado de bautismo. La ejecución se retrasó, el reo había sido condenado como hereje y si no estaba bautizado la sentencia no tenía sentido, no podía condenarse a alguien por abandonar la Iglesia cuando nunca había formado parte de ella. Los escrupulosos jueces de tan delicada conciencia no lo hubieran tolerado.

Esta situación causó gran revuelo, se tomo el tiempo necesario y por fin en Solsona, lugar de nacimiento de Cayetano, apareció el certificado de bautismo, que en este caso fue un certificado de muerte.

El reo ya podía ser ajusticiado con todas las de la ley, así se hizo el 26 de julio de 1826. Antes hubo aun que solucionar otro problema, el señor Ripoll había sido condenado como hereje y la sentencia era la hoguera, pero los jueces con gran misericordia, decidieron que sería mejor ahorcarle, y ahorrarle así una muerte atroz, además era una muerte más presentable para la época, las hogueras ya no estaban de moda.

Aun así la hoguera debía estar presente, así que se instaló un tonel al lado del cadalso, decorado artísticamente con llamas. Una vez ejecutada la sentencia, el cuerpo del ajusticiado fue metido en el tonel y llevado al antiguo Cremador de la Inquisición, junto al puente de San José, en el río Turia, allí fue quemado y sus cenizas seguramente aventadas en el río que las arrastró mar adentro, donde van los hombres libres. No le olvidemos.

El proceso y la ejecución de Ripoll ocasionaron un escándalo enorme en toda Europa, en España tuvo menos repercusión, como en tiempos más cercanos a nosotros, en este país la gente tenía miedo y callaba. Este horrible suceso contribuyó en gran parte a la idea de la España negra, en este caso el país merecía ser llamado así, lo de negra debía hacer alusión al color de las sotanas. Mientras los hombres negros sigan arrogándose derechos sobre nuestra vida, nuestra muerte y nuestra eternidad, esta imagen seguirá siendo cierta.

Esta historia pasó hace mucho tiempo, pensarán los lectores, sin embargo su vigencia continúa, los hombres de negro, los hombres de rojo, nunca han dejado de vigilar nuestras vidas.

1826, 1936, de una a otra fecha no va más que 100 años y entonces todo lo que significó la historia de Ripoll se extendió a toda España. El miedo a perder el poder hizo que la Iglesia conspirara con los fascistas para acabar con el régimen legal del país, el Vaticano reconoció el 4 de mayo de l938 al régimen de los rebeldes como el legal de España, la guerra aun duraría un año.

Al finalizar la guerra, los maestros fueron particularmente perseguidos. La II Republica creó un cuerpo de jóvenes maestros dedicados a encarnar el espíritu de sus ideales. Los que tuvieron la suerte de aprender en sus escuelas no les han olvidado, con ellos, decían, teníamos ganas de ir a clase, eran jóvenes, entusiastas y decididos a llevar la instrucción hasta los pueblos perdidos de la geografía Ibérica, muchas veces en esos rincones tuvieron que enfrentarse con los poderes que siempre han dominado al país, los caciques y la Iglesia.

Eran jóvenes, eran laicos y querían obrar para que los niños tuvieran acceso a una instrucción que les hiciera libres, demócratas y republicanos. Aquello no podía ser tolerado por parte de los fascistas y de la Iglesia, debían desaparecer y así se hizo, la represión cayó sobre ellos, pocos quedaron para contarlo, y los que sobrevivieron no contaron nada, no podían hablar, cárceles y humillaciones acabaron por silenciarlos. Lo que pasó con Ripoll se extendió a cientos de maestros como él, muchos de ellos esperan en las cunetas que recuperemos sus cuerpos, no los olvidemos.

El 15 de julio de 1834 se publicó un decreto por el que se suprimía, oficialmente, el Tribunal de la Santa Inquisición. De hecho sus tribunales volvieron a funcionar en la España franquista. Uno de mis parientes me contaba la historia que oyó de la boca de un oficial del ejército mientras estaba haciendo el servicio militar después de la contienda. Seguramente llevado por el remordimientote contó su participación en los tribunales que se formaban para condenar a los republicanos cuando las tropas tomaban pueblos y ciudades. Según él, quienes comparecían no tenían ningún cargo grave y podían haberles puesto en la calle o condenarles a penas leves, pero no era posible, antes de dictar sentencia los militares miraban al eclesiástico que presidía el tribunal con ellos, no necesitaba hablar, con el pulgar vuelto hacia abajo hacía el antiguo signo de muerte. No se salvaba ni uno, acabó diciendo, seguramente este recuerdo era una pesadilla para él, también debe serlo para nosotros.

Hoy día gozamos de democracia, no olvidemos que es una democracia regida por un rey heredero del fascismo, tampoco sabemos si será siempre así, los poderes fácticos siempre acechan. La Iglesia pide a gritos más dinero, más poder y tener la enseñanza en sus manos, empieza por pedir desde el púlpito la desobediencia cívica, es inútil que Zapatero le entregue dinero, clases de religión, un concordato obsoleto, nunca estará contenta y no dejará de apoyar y pasear bajo palio a cualquier dictador que acceda a todos sus deseos de poder.

Quizás en un futuro incierto sea mejor para los recién nacidos no estar bautizados y así librarse de que les persigan como herejes. Los hombres vestidos de negro, vestidos de rojo, cubiertos de sangre, siempre estarán dispuestos a señalar con su pulgar hacía el suelo.

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